Rock chabón: el género que emergió de los barrios y retrató como ningún otro la Argentina de los años '90

Mientras el desempleo, la desigualdad y la marginalidad crecían en el país de Menem y Cavallo, una nueva camada de bandas surgidas en el Oeste y el Sur del Gran Buenos Aires y en las márgenes de la Capital Federal irrumpía en la escena porteña con una impronta más testimonial, plebeya y nacionalista. Guitarras distorsionadas, letras cargadas de crítica social y recitales con liturgia futbolera para una juventud que no tenía casi nada que perder.

A mediados de la década del ’90, la Argentina de Carlos Menem y Domingo Cavallo comenzaba a resquebrajarse. Aquella profunda transformación neoliberal que se había puesto en marcha en 1989 siguiendo al pie de la letra los dictados del Consenso de Washington -privatizaciones de empresas públicas, desregulación económica y una fuerte apertura a los mercados internacionales- venía generando un creciente desempleo y precarización laboral en todo el país al calor de la desindustrialización.

El aumento de la desigualdad social, la marginalidad y la delincuencia en los principales conglomerados urbanos también fueron consecuencias directas del experimento menemista. Las condiciones de vida de la mayoría de las familias se iban deteriorando a medida que las fábricas bajaban sus persianas para nunca más volver a levantarlas. De manera lenta y silenciosa, la falta de oportunidades y la ruptura del tejido social iban sembrando un clima de frustración, desesperanza y descontento.

cavallo convertibilidad

Aquel espejismo “1 peso=1 dólar” le había abierto la puerta de par en par a las importaciones. El modelo de apertura económica y estabilidad del tipo de cambio permitió el ingreso a gran escala de automóviles, electrodomésticos, computadoras, instrumentos musicales, indumentaria, calzado, golosinas, alimentos, bebidas y un montón de chucherías.

El plan de convertibilidad también fomentó entre 1992 y 1996 un aluvión de visitas de artistas internacionales como Iron Maiden, Metallica, Guns N’ Roses, Michael Jackson, Madonna, Paul McCartney, Aerosmith, los Rolling Stones o AC/DC. Mientras la clase media acomodada reventaba los shoppings y veraneaba en Miami, otros millones de argentinos miraban aquel festival de consumo con la ñata contra el vidrio.

menem rolling stones

En mayo de 1995, con una desocupación del 18,6% de la población económicamente activa, Menem fue reelecto con el 49,94% de los votos. En ese caldo, algunas bandas de rock surgidas a finales de los ’80 y principios de los ’90 en el Oeste y el Sur del Gran Buenos Aires y en las márgenes de la Capital Federal venían cocinando algo grande.

Un poco alimentados por la cada vez más ascendente popularidad de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y otro poco siguiendo la huella de Divididos y Las Pelotas –los dos principales desprendimientos de Sumo tras la muerte de Luca Prodan-, grupos como La Renga, Los Piojos, Los Caballeros de la Quema, Viejas Locas y Bersuit Vergarabat comenzaban a ganar terreno en diferentes antros de la noche porteña como Arpegios, Die Schule, Cemento, Stadium, New Order, Arlequines o El Viejo Correo. Por ahí también pululaban Flema, 2 Minutos, Attaque 77, Hermética, Todos Tus Muertos, Resistencia Suburbana y Las Manos de Filippi, diferentes expresiones de un mismo fenómeno.

A través de las letras de las canciones, las tapas y los títulos de los discos, la imagen despojada de todo glamour y una actitud contestataria frente a “lo establecido”, cada una forjó una estética que logró interpelar a los jóvenes de los barrios populares, que veían cómo sus padres se quedaban sin trabajo, o a sus abuelos hundirse en la miseria. Una nueva escena de bandas que, si bien podían diferir en el estilo musical, compartían una impronta más testimonial, plebeya y nacionalista en comparación al rock “porteño y de clase media” que se conocía hasta entonces.

Piojos Renga Caballeros

Para 1995, La Renga ya era una banda de culto con una base de seguidores fieles. El disco A dónde me lleva la vida... (1994) le había permitido al trío de Mataderos tocar por primera vez en el estadio Obras Sanitarias. Con el siguiente, Despedazado por mil partes (1996), llegaría la consagración y la definición de su sonido hard rock.

Los Piojos se encontraban en una situación similar. Ay Ay Ay (1994) les dio el empuje necesario para comenzar a atraer más público. La mixtura de rock con ritmos latinos, murgas y tango, junto a las letras de Andrés Ciro Martínez, empezaban a convertir a la banda de El Palomar en la revelación del momento. Con Tercer Arco (1996) llegaría el éxito.

Con un sonido cercano al grunge y al rock alternativo, Los Caballeros de la Quema -banda formada en plena hiperinflación alfonsinista- también se afianzaban en la escena tras el lanzamiento de Sangrando (1994). Las letras de Iván Noble, cargadas de poesía y crítica social made in Morón, fueron quizás las que mejor narraron la Argentina menemista.

Viejas Locas lanzaba su disco debut y se posicionaba como uno de los máximos exponentes del "rock rolinga" desde el barrio de Piedrabuena. Su sonido crudo, blusero y con influencias de los Rolling Stones, sumado a la carismática figura de "Pity" Álvarez, rápidamente los convirtió en un fenómeno de la escena under porteña.

Por su parte, Bersuit Vergarabat se encontraba al borde de la disolución, pero al mismo tiempo estaba gestando su sonido irreverente y festivo que explotaría sobre el final de la década. En 1995, la banda surgida en Barracas comenzaba a grabar lo que sería su tercer disco, Don Leopardo, un trabajo que mostraría su versatilidad y su conexión con la murga, el candombe, el tango y la cumbia.

Viejas Locas Bersuit

Si algo distinguió al rock argentino de los ’90 fue su capacidad para retratar una realidad social plagada de injusticias, inequidades, miseria y violencia policial a través de un mensaje directo y visceral, en el que también se colaban la amistad, el barrio, el amor, los códigos de la calle y otras cuestiones de la vida cotidiana. Una actitud honesta y alejada del estrellato, que ya de por si marcaba un fuerte contraste con la frivolidad, la estupidización y el consumismo berreta que proponía la cultura menemista desde la pantalla de Telefe o las páginas de la revista Caras, y que encontraba una agenda común en las luchas que llevaban adelante agrupaciones como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S, la Carpa Blanca docente, los jubilados o la CORREPI en los casos de violencia policial y gatillo fácil.

Esa declaración de principios fue tal vez lo que impulsó a esas huestes marginadas, que no tenían casi nada que perder y casi nadie en quien creer, a treparse a los trenes y los colectivos los fines de semana, y desembarcar en la gran capital para “hacerle el aguante” a su banda favorita, envueltos en un ritual que estaba más cerca de la liturgia futbolera que de un concierto de música: cánticos de cancha a favor de la banda, o en contra la policía y los militares, banderas con los nombres de los barrios, remeras rockeras y guiños reivindicatorios hacia la figura del Che Guevara o la despenalización de marihuana.

Así como el punk estalló en Londres en 1977 producto del descontento social de los hijos de una clase trabajadora que se hundía en la recesión económica, Buenos Aires fue testigo de la explosión de lo que la prensa especializada dio en llamar “rock chabón”, o “rock barrial”, un género netamente contracultural que retrató como ningún otro la Argentina de los años ’90, a medida que el país se iba desangrando.

Las 20 canciones de rock nacional que mejor retrataron la Argentina de los años ‘90

Con el agua en los pies (Los Caballeros de la Quema, Manos Vacías - 1991)

La letra describe una escena en el andén de la estación de Liniers, a la hora en la que obreros y changarines esperan el tren para volver a sus casas, reventados después de una dura jornada de trabajo. Chicos aspirando poxiran, pungas, borrachos acodados en el copetín al paso, mugre en las vías... Una fiel postal de la periferia urbana, donde "vivir rascando la olla" parecía haberse vuelto costumbre.

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Buseca y vino tinto (La Renga, Esquivando Charcos - 1991)

Una crítica mordaz a la alta sociedad argentina y sus figuras emblemáticas, como Mirtha Legrand. El contraste entre la "buseca y vino tinto", un plato humilde, y los banquetes de la clase alta, marca la distancia entre la cultura popular y la élite. La canción utiliza a la legendaria conductora de los almuerzos como símbolo de un poder conservador. A través de ese enfrentamiento, la banda expone la hipocresía y la desconexión de una sociedad que juzga desde la comodidad de sus privilegios.

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Los mocosos (Los Piojos, Chactuchac - 1992)

Una crónica de la marginalidad urbana y la vida en los barrios bajos. La canción retrata a los jóvenes que crecen en un entorno de pobreza y violencia, sin oportunidades ni futuro claro. La banda no emite un juicio moral, sino que los presenta como el resultado de un sistema social que los ha abandonado. Un reflejo de la cruda realidad de una parte de la juventud argentina, donde la delincuencia se convierte en la única forma de subsistencia y el consumo de drogas en una válvula de escape.

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Justicia (Attaque 77, Ángeles Caídos - 1992)

Es un lamento y una denuncia feroz contra la impunidad en Argentina. La canción narra la frustración por un sistema judicial ineficiente y corrupto que "castiga sin piedad al que robó por mantener a su familia, pero indulta a aquellos que robaron la ilusión". El tema expone la dolorosa realidad de una sociedad donde el crimen queda sin castigo y la confianza en las instituciones se ha perdido. Al mismo tiempo, remarca que, por más riqueza que se logre acumular, la muerte llega para todos.

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Zapping (Los Caballeros de la Quema, Sangrando - 1994)

La televisión por cable irrumpió en Argentina a comienzos de los '90 y modificó la relación de la sociedad con los medios de comunicación. Iván Noble canta sobre la desconexión social y la alienación marcada por la sobreabundancia de imágenes televisivas. Las guerras de los Balcanes, la violencia policial, Maradona, la muerte de Ayrton Senna y la represión a los jubilados se cuelan en una crítica sutil a una sociedad que se adormece en el consumo de ocio.

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Pistolas (Los Piojos, Ay Ay Ay - 1994)

Es un relato crudo y desolador de la represión policial y el gatillo fácil en la Argentina de los '90. "Pistolas, que se disparan solas. Caídos, todos desconocidos. Bastones, que pegan sin razones. La muerte es una cuestión de suerte", dice el estribillo. Todo un reflejo de la realidad social.

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Blues cardíaco (La Renga, A dónde me lleva la vida... - 1994)

Mucho antes de El revelde, Chizzo Nápoli ensayaba una crítica al sistema en la letra de esta canción, en la que cuestiona la formación escolar, el servicio militar (que en aquellos años era obligatorio) y el trabajo físico como única forma de progreso en la vida. "Este sistema no me supo enamorar, pero el tiempo no pasa en vano y la vida sólo me sirvió para encontrar un lugar y pudrirme en mi rock and roll", grita el cantante sobre el final del tema.

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Capitán América (Las Pelotas, Máscaras de Sal - 1994)

Una parodia a la influencia cultural de Estados Unidos en la sociedad argentina en plenos '90. Utilizando la figura del superhéroe extranjero como símbolo, la canción expone la fascinación por el american way of life que imponían los shoppings y los hipermercados, toda una novedad en aquellos años.

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Novedades (2 Minutos, Valentín Alsina - 1994)

"Jubilados peleando sus derechos", "fábricas cerradas", "obreros sin empleo" y "políticos de mierda cagando al pueblo entero" es todo lo que ve el Mosca Velázquez cuando prende la tele o lee los diarios. El disco Valentín Alsina es un auténtico fresco de época, en el que el obrero, la cerveza en la esquina y el amigo que se hizo policía aparecen en otras canciones como Demasiado tarde, Ya no sos igual y la que le da nombre al disco.

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Hawaii (Las Pelotas, Amor Seco - 1995)

Es una crítica sutil pero profunda al menemismo y la sociedad de consumo de los años '90. A través de la figura de un personaje que sueña con una vida de paraíso en Hawaii, la canción satiriza la obsesión por el lujo y la evasión, un reflejo de la cultura del "todo vale" que caracterizó esa década. El tema expone la superficialidad y el vacío tan característico de aquellos años. El retrato agridulce de una Argentina que se sumergía en un espejismo de prosperidad.

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Perreras (Caballeros de la Quema, Perros perros y perros - 1996)

La letra se vincula directamente con el "toque de queda" encubierto implementado en 1993 por el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, quien a través de un decreto prohibió la actividad de locales nocturnos después de las 3 de la mañana. La violencia policial y la desconfianza en las fuerzas de seguridad resumida en versos como: "Baba en la nuca de trullas sin ley. No, no, gracias, no me cuiden el culo. Nuevas sirenas para un viejo arrorró. Canción de cuna con gusto a picana".

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Maradó (Los Piojos, Tercer Arco - 1996)

Es un homenaje a la figura de Diego Armando Maradona, pero va mucho más allá de la simple admiración deportiva. La canción lo retrata como un un héroe que, a pesar de sus imperfecciones y caídas, representa la pasión, el talento y la rebeldía del pueblo. Un ídolo popular "que a los poderosos reta y ataca a los más villanos sin más armas en la mano que un 10 en la camiseta".

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Chico de la Oculta (Viejas Locas, Hermanos de Sangre - 1997)

La letra narra la historia de un chico de la calle, hijo de un padre alcohólico y una madre que no pudo evitar que su hijo terminara en las drogas. Un retrato íntimo de la supervivencia y la marginalidad.

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Rajá rata (Caballeros de la Quema, La paciencia de la araña - 1998)

Una crítica ácida y cruda al menemismo y la corrupción de aquellos años. Con un lenguaje directo y visceral, la canción interpela directamente al Presidente y sus ministros, que se enriquecían a costa de las penurias de un pueblo que ya comenzaba a hartarse de todo. "No sé si le llega el tufo a goma quemada, yo que usted me cuido la ñata", es una referencia directa a los piquetes que comenzaban a verse cada vez más cerca de la Casa Rosada.

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Se viene (Bersuit, Libertinaje - 1998)

Un crudo retrato de la situación social y política argentina durante los últimos años del menemismo. La canción, con un tono urgente y premonitorio, describe el creciente malestar popular frente a la corrupción, la desigualdad, el empobrecimiento generalizado y la desconexión de la clase política con la realidad del país. El estribillo "se viene el estallido, de mi garganta, de tu gobierno también" se convirtió en un grito de protesta que anticipó, en la voz del pueblo, la crisis social que desembocaría años después en el estallido de 2001. En ese mismo disco también figura Sr. Cobranza, una canción que en realidad es de Las Manos de Filippi, en la que se interpela a distintas figuras de poder, en especial a Menem y Cavallo, y reivindica la figura de referentes de la protesta social, como la jubilada Norma Plá o el Perro Santillán.

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Cutral-Co (Las Manos de Filippi, Arriba las manos esto es el Estado - 1998)

Un himno de protesta social que narra de forma explícita el levantamiento popular durante las protestas de 1996 y 1997 en esa localidad neuquina, motivadas por la desocupación y el cierre de la planta de YPF. La canción denuncia la represión estatal y la brutalidad policial que sufrieron los manifestantes. Además de rendir homenaje a la resistencia de un pueblo marginado, la letra dice, sin vueltas: "Hay que matar al Presidente".

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Solito vas (Las Pelotas, Todo por un polvo - 1999)

"Que caras más sonrientes hay en el cartel. Ríen de todas las cosas que nos van a hacer. Volvete globo que nunca se irán. Esto es así, siempre fue igual", dice la letra. Una crítica implacable a la clase política, con un tono sarcástico y de desprecio.

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Homero (Viejas Locas, Especial - 1999)

Es una canción que Pity le compuso a su padre. La letra describe la vida de un hombre trabajador de barrio, que se levanta temprano, toma el colectivo, tiene un trabajo difícil y un día a día sacrificado para sacar a su familia adelante. A través de la letra, se evocan imágenes cotidianas y se valora el esfuerzo silencioso de un obrero. Es un retrato que captura la dignidad y la perseverancia de la clase trabajadora argentina, una figura común en los barrios de la época.

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María y José (Los Piojos, Verde paisaje del infierno - 2000)

Un crudo relato de las consecuencias sociales de la crisis económica y el desempleo a fines de la década del '90. La canción narra la historia de una pareja que emigra del interior del país a Buenos Aires en busca de una vida mejor, mientras esperan la llegada de otro hijo.

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Basta para mí (Caballeros de la Quema, Fulanos de Nadie - 2000)

La canción describe un sentimiento de hartazgo y cansancio en un país que, a pesar del paso de los años, parece condenado a los mismos males de siempre. El protagonista dice "basta para mí" y pide "la hora, referí" frente a un entorno que lo decepciona. Una forma de rebelión que no es colectiva, sino individual, y que refleja el agotamiento de una generación que vio frustradas muchas de sus expectativas. "Hola Susanas, adiós Yabranes. El pueblo unido chorreando Telefe", emerge como una crítica a una sociedad que dejó adormecer por el circo mediático.

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