Daniel Barrientos, el chofe de la línea 620 asesinado este lunes de un tiro en el pecho por delincuentes que subieron a su colectivo robarle a los pasajero, tenía 65 años, más de 30 en la profesión y le faltaba tan solo un mes para jubilarse.
Daniel Barrientos, el chofe de la línea 620 asesinado este lunes de un tiro en el pecho por delincuentes que subieron a su colectivo robarle a los pasajero, tenía 65 años, más de 30 en la profesión y le faltaba tan solo un mes para jubilarse.
"Le quedaba un mes para poder realizar la jubilación. Estuvo más de 30 años arriba de los colectivos. En mayo iba a recibir el retiro para comenzar a percibir la remuneración", contó uno de sus compañeros a los medios de comunicación que cubrieron la protesta de choferes de colectivos realizada en la localidad bonaerense de Lomas de Mirador, partido de La Matanza.
Según narraron sus compañeros, Daniel era "un hombre ejemplar" y "buen compañero". “Daniel era bueno de verdad. Siempre tenía algo para decirte o hacía algún chiste que te hacía bien, era un excelente colectivero. Lo veía todos los días y lo saludaba ‘hola capitán’”, contó Héctor, quién trabajó con Daniel por más de 20 más.
El hecho ocurrió pasadas las 4.30 del lunes, cuando dos delincuentes abordaron el colectivo conducido por Barrientos en la parada ubicada en el cruce de las calles Bernardino Escribano y Cullen, del barrio Vernazza.
Bajo amenazas con armas, los asaltantes intentaron robarles a los pocos pasajeros que se viajaban a esa hora en el transporte, entre ellos a Yamila, una joven que se encontraba junto a su hija de 8 años con discapacidad sentada en el primer asiento.
"Estaba en el primer asiento con su hija. Sube uno de los delincuentes que le apunta a ella y el otro, al chofer. A ella le sacan la mochila y el celular y al chofer le tiran un tiro y se escapan", relató Virginia, madre de la testigo presencial del crimen, a Télam.
En base a lo que le contó su hija, que esta mañana declaró como testigo ante los investigadores, Virginia dijo que los delincuentes "estaban sacados" y que su hija o su nieta podrían haber sido víctimas al igual que el chofer, quien "no se resistió".
Entre los pasajeros viajaba un oficial del Departamento Operaciones Urbanas de Contención (DUOC), sede Barracas, de la Policía de la Ciudad, que retornaba a su domicilio luego de prestar servicios.
Tras el disparo a quemarropa al chofer, el oficial dio la voz de alto y se tiroteó con los asaltantes cuando bajaron del colectivo para escapar en un auto de apoyo en el que iba un tercer cómplice.
Según lo que le alcanzó a decir la testigo a su madre, los delincuentes "tenían entre 20 y 25 años, estaban bien vestidos, prolijos, y no eran del barrio".
A raíz del disparo, el colectivero murió en el lugar, por lo que tanto el fiscal de Homicidios de turno en La Matanza, Gastón Duplaa, como los peritos policiales convocados, acudieron a la escena para llevar adelante las primeras diligencias y esclarecer las circunstancias del hecho.
El fiscal se aprestaba a indagar al sospechoso apresado, quien fue localizado cuando se trasladaba en un auto rojo y fue aparentemente reconocido por testigos.