Pensaron que era epilepsia y depresión, pero luego de muchos años un diagnóstico cambió su vida: la increíble historia de Deborah Menzies

Su caso se convirtió en un ejemplo de perseverancia y de cómo la ciencia médica continúa enfrentando desafíos al momento de identificar enfermedades poco frecuentes.

  • Deborah Menzies, secretaria legal de 55 años, atravesó una crisis emocional en 2018 tras un conflicto laboral y fue rescatada cuando intentó quitarse la vida en el puente Golden Gate.
  • Durante su internación, los médicos descubrieron que desde niña sufría convulsiones mal diagnosticadas como epilepsia, caracterizadas por episodios de risa involuntaria y confusión.
  • Décadas de tratamientos fallidos y estigmas emocionales marcaron su vida hasta que los especialistas identificaron la verdadera causa: un hamartoma hipotalámico, una rara malformación cerebral.
  • Gracias al diagnóstico correcto y al tratamiento adecuado, Menzies logró estabilizar su salud y recuperar la calidad de vida que buscó durante más de cuarenta años.

Durante años, Deborah Menzies atravesó un camino lleno de dudas, diagnósticos erróneos y tratamientos que no lograban explicar lo que realmente le ocurría. Lo que comenzó como una serie de síntomas aparentemente comunes fue interpretado como distintos trastornos, hasta que finalmente un hallazgo médico cambió por completo su historia.

Más allá del impacto individual, historias como esta abren el debate sobre la necesidad de mejorar los diagnósticos tempranos y la investigación médica. La experiencia de Menzies pone en relieve la importancia del acompañamiento emocional y de la búsqueda de segundas opiniones cuando los tratamientos no ofrecen respuestas claras.

Qué le sucedía a Deborah Menzies y cómo un diagnóstico cambió su vida

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Deborah Menzies, de 55 años en aquel entonces, llevaba una larga trayectoria como secretaria legal, marcada por episodios ocasionales de depresión severa.

En agosto de 2018, un conflicto laboral en el estudio jurídico donde trabajaba en el norte de California desencadenó una crisis emocional. Aunque le dijo a su familia que iría a trabajar, condujo una hora hacia el sur hasta el puente Golden Gate con la intención de quitarse la vida. Sin embargo, un oficial de patrulla intervino justo a tiempo y frustró su intento. Fue trasladada al Hospital General Zuckerberg de San Francisco, donde los psiquiatras revisaron su historia clínica, notando que desde la infancia sufría convulsiones. Durante su estadía en el hospital, los médicos lograron identificar la verdadera causa de sus síntomas, un hallazgo que cambiaría su vida y permitiría un tratamiento exitoso.

Los episodios, que su familia llamaba “ataques” o “crisis”, comenzaron cuando tenía unos ocho años. “Solo recuerdo sentirme extraña y no poder hablar, como si estuviera en una niebla”, relató Menzies. Siempre precedía a los episodios una sensación particular en la cabeza, seguida de una sonrisa o risa breve sin motivo. Ante la frecuencia creciente de estos episodios, un médico la diagnosticó erróneamente con epilepsia y le recetó medicación, sin éxito.

Debora Menzies

Las convulsiones persistieron, y con ellas, una profunda vergüenza que la acompañó durante su adolescencia. Incluso intentó suicidarse a los 19 años, lo que la llevó a una internación y a distanciarse de su familia. Aun así, logró reconstruir su vida, encontrar empleo en un bufete y comenzar una terapia que la ayudó a sobrellevar sus síntomas.

Décadas después, en medio de nuevas recaídas y depresiones, los médicos descubrieron la causa real: un hamartoma hipotalámico (HH), un crecimiento benigno en el hipotálamo, una región cerebral que regula el estado de ánimo, la memoria y las hormonas. Este tipo de malformación, extremadamente rara, puede provocar convulsiones gelásticas (ataques de risa involuntaria), problemas cognitivos y trastornos emocionales.

“No vas a creer esto”, recordó Menzies haberle dicho a su esposo tras conocer el diagnóstico. Según los especialistas, el tumor podría haberse detectado años antes mediante una resonancia magnética, pero su ubicación atípica hizo que pasara desapercibido. Gracias a la identificación del HH, finalmente recibió el tratamiento que necesitaba y logró recuperar la estabilidad que buscó durante más de cuatro décadas.