En Libertador y Callao, donde hoy se encuentra el Parque Thays, surcado por caminos y esculturas, existió entre 1960 y 1990 uno de los parques de diversiones más emblemáticos de la historia argentina: el Italpark. Y, como corresponde a un lugar tan célebre, no está exento de los mitos y leyendas. El más importante: el terreno está maldito.
El Italpark fue inaugurado en 1960 por los hermanos italianos Zanon, de ahí su nombre. En pocas décadas se convirtió en el parque de atracciones mecánicas más importante de América del Sur, pero tuvo un trágico final en 1990 cuando una adolescente de 15 años, Roxana Alaimo, perdió la vida en uno de los juegos, el Matter Horn.
Se culpó de la debacle en el estado de las atracciones a las crisis económicas, a tramas de corrupción y a un mantenimiento deficiente. Sin embargo, otras voces responsabilizaron a un curioso detalle: una maldición.
En el lugar ya había funcionado entre 1911 y 1930 el Parque Japonés, otro parque de diversiones que convocaba a grandes y chicos a sus novedosos juegos mecánicos. Pero todo terminó cuando un incendio destruyó el Monte Fuji, su atracción más característica.
Según algunas versiones, un cementerio de pobladores originarios ubicado en el lugar sería el origen de la maldición que pesa sobre todo emprendimiento que se realiza allí, al igual que sucede en las películas de Hollywood.
Otras voces apuntan a un hombre apellidado Ordóñez, quien, enojado por un pedido de comida rápida que llegó en mal estado, maldijo al parque en un embrujo que afectó al pasado, el presente y el futuro.
Por otra parte, una leyenda urbana asegura que si alguien va al hoy Parque Thays con una vieja moneda del Italpark, se le presenta el parque de diversiones en una versión fantasmagórica. Si la persona se para frente al juego que corresponde a la moneda (cada atracción tenía un cospel específico), puede utilizarlo y salir. Si intenta entrar a otro, quedará atrapada para siempre.