La gestión Milei, entre el cinismo y la hipocresía

El ajuste golpea a la mayoría de la sociedad, pero no a los funcionarios que lo deciden. Entre los viajes y propiedades de Manuel Adorni y los créditos del Banco Nación para funcionarios libertarios, surgen cada vez más sospechas de que la corrupción estructura buena parte de las decisiones de gobierno.

Más allá de la impostada celebración por el polémico dato de baja de la pobreza, el Gobierno no tiene mucho más para festejar. La pérdida del poder adquisitivo es imposible de disimular, la caída del consumo se acentúa, los cierres de empresas y la consecuente pérdida de empleos también.

Como ejemplo al azar, de los muchos que hay, los administradores de la cooperativa de huevos de Pascua Arrufat estiman que la caída de ventas para estas Pascuas es del 40%. Hasta las tradiciones culturales argentinas son rápidamente alcanzadas por un ajuste que golpea a la mayoría de la sociedad, pero no a los funcionarios que lo deciden. Mientras las ramificaciones del escándalo de viajes y propiedades de Manuel Adorni continúan sorprendiendo, se conoce otro, relacionado con el otorgamiento de créditos blandos millonarios del Banco Nación a funcionarios y legisladores libertarios.

En el mismo año en el que el presidente Javier Milei tituló a su discurso de apertura de sesiones ordinarias "La moral como política de Estado", surgen cada vez más sospechas de que la corrupción no es una situación excepcional y repudiable de la administración de La Libertad Avanza, sino una constante que estructura buena parte de las decisiones de gobierno.

Quienes crecimos en los '90 recordamos al término "cleptocracia" como algo habitual. En un contexto similar al de hoy, la expoliación de las mayorías venía acompañada de pingües ganancias para los sectores concentrados que, a su vez, hacían la vista gorda a un sistema que estaba diseñado para que los funcionarios de turno recibieran su cuarto de libra a costas del Estado. Éste ya solo servía para ser el socio bobo de los grandes intereses económicos y financieros. La referencia shakespereana parece caer como anillo al dedo por el nombre del principal escándalo que involucra al actual presidente, el de la estafa con la criptomoneda $LIBRA.

Quizás la enorme diferencia entre aquellos aciagos tiempos y estos sea muy sutil, pero vuelve más enervante la actualidad. Mientras el menemismo se movía con el cinismo de quien entiende a la política como "en un mismo lodo, todos manoseados", el libertarismo incurre en la hipocresía de señalar a todos los demás literalmente como delincuentes. Esa pretendida superioridad moral, insistimos, no los hace peores que sus predecesores, pero sí más ofensivos.

Con todo esto, más allá del carácter constitutivo de la corrupción, el mal central de la gestión continúa siendo su falta de custodia de los intereses argentinos y su excesiva preocupación por cuidar los de otros. Esta semana, cuando se cumplieron 44 años del comienzo de la Guerra de Malvinas, el Gobierno decidió la expulsión del encargado de negocios de la República de Irán, una decisión que es una escala más en la ruptura de relaciones con ese país, en conflicto con los Estados Unidos e Israel.

Más allá de que las sospechas acerca de la participación iraní en el atentado de 1994 contra la AMIA son un antecedente válido para tomar cualquier decisión, está claro que ésta se encuentra motivada mucho más por el alineamiento automático y personal de Milei con Trump y Netanyahu que por la defensa de los intereses nacionales.

En paralelo, y poco antes de que se conmemore el aniversario, la empresa británica Rockhopper Exploration anunció los resultados de un nuevo informe técnico sobre el proyecto offshore Sea Lion, ubicado a unos 200 kilómetros al norte de las islas. Según el estudio, el yacimiento cuenta con un volumen estimado de 313,8 millones de barriles de petróleo considerados económicamente extraíbles.

El desarrollo del proyecto es impulsado junto a la firma israelí Navitas Petroleum y contempla iniciar la producción hacia 2028. La Cancillería argentina ha denunciado que la iniciativa representa una grave violación de la soberanía nacional, ya que se lleva adelante bajo licencias otorgadas por la administración colonial británica e ignora de manera sistemática la legislación y las advertencias de nuestro país. El propio Milei hizo referencia al hecho en su discurso. Pero la firmeza que se ve en el caso de Irán no aparece en el caso del Reino Unido, país al que los libertarios consideran un aliado del hemisferio y a cuya ex primera ministra, Margaret Thatcher, el presidente argentino dice admirar.

El entreguismo tampoco es una novedad de esta administración; basta recordar las "relaciones carnales" menemistas para comprobarlo. Pero, nuevamente, son el Presidente y sus adláteres los que hablan de una moral occidental con la que alinearse mientras defienden de modo deficiente nuestros intereses. Lo decimos otra vez: un hipócrita no es peor que un cínico, pero sí es más irritante.