El furor en el verano que causó el perfume peronista Lealtad no terminó y continúa agostando stock. Uno de sus creadores, Laura Correa, se jactó de las reacciones que generó y del acting del periodista Eduardo Feinmann y aseveró: "La verdad es que no nos impactó tanto la viralización del perfume. Lo que si nos llamó poderosamente la atención es el nivel de odio de un sector sobre un producto que, en un principio, pensábamos que no afectaría a nadie. Claramente, nos equivocamos".
"Luego de muchos análisis descubrimos que las mismas zonceras que la derecha se encargó de instalar desde sus oficinas mediáticas y que el sentido común colonizado ha repetido hasta el hartazgo acerca de que los cabecitas hacían asado con el parquet las negras se embarazan para cobrar la AUH, hoy vuelven en forma de 'el perfume olor a grasa", enfatizó
"Los que les molesta no es que se embaracen para cobrar la AUH o que hayan utilizado el parquet para hacer asados" - porque además ambas afirmaciones son falsas - "lo que les molestaba realmente es que la clase trabajadora acceda a esos bienes y servicios que eran exclusivos de la elite dominante. Les molestaba que vacacionen en sus playas, que vayan a sus bares y que sus hijos estudien en las mismas universidades".
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En esa misma línea, afirman que "ahora les molesta que huelan bien", y que justamente no huelan ni a grasa, ni a chivo ni a patas, como ellos realmente quisieran. Les molesta que huelan como ellos, porque estos perfumes tienen notas de fragancias de primera línea a nivel internacional, tanto la versión femenina (independencia económica) como la masculina (soberanía política).
La matriz ideológica que estigmatiza a los de abajo es la misma que la de siempre. Ayer como hoy, la terminología «cabecitas negras» y «planeras» utilizada por los representantes del mal para descalificar a los beneficiarios de las políticas peronistas, encuentran su correlato en el “perfume olor a grasa”.