El juicio oral por el brutal ataque de Barracas en el que murieron Pamela Cobbas, Roxana Figueroa y Andrea Amarante, y Sofía Castro Riglos sufrió graves heridas, sumó testimonios fundamentales de los primeros policías en arribar a la escena del crimen, quienes ratificaron que el presunto asesino, Justo Fernando Barrientos, "estaba en sus cabales" al momento de arrojar la bomba molotov.
La abogada querellante Luciana Sánchez detalló a la agencia Noticias Argentinas que el oficial Alascore acudió tras un llamado al 911, mientras que su colega Retamar "era un policía que estaba en la esquina y uno de los vecinos del hotel se acercó a buscarlo". La mujer explicó que ambos "recordaron que algunos vecinos les habían manifestado que había conflictos entre el imputado y las víctimas".
Marcha lesbicidio Barracas
Imágenes de la marcha que se realizó en pedido de justicia por la muerte de Pamela , Roxana y Andrea.
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Con respecto al agresor, la letrada reconstruyó las declaraciones policiales sobre el estado del imputado luego de la agresión: "El hombre no estaba alcoholizado ni deliraba. Para la percepción de la Policía, era una persona que estaba en sus cabales", cerró Sánchez sobre la trágica jornada.
La defensa intentó instalar dudas sobre la salud mental del acusado, pero las pericias iniciales y las actas de las fuerzas de seguridad contradicen esa postura. El tribunal evalúa los agravantes por odio a la orientación sexual de las víctimas, una figura penal clave para esta histórica causa.
Cómo fue el crimen de Pamela, Roxana y Andrea
La madrugada del lunes 6 de mayo de 2024, Barrientos arrojó una bomba molotov dentro de la pieza donde descansaban dos parejas de lesbianas. El agresor bloqueó la salida del cuarto para impedir el escape de las mujeres y se resguardó dentro de su propiedad.
Pamela Cobbas y Roxana Figueroa murieron a las pocas horas debido a la gravedad del cuadro general en el Hospital del Quemado. Por su parte, Andrea Amarante falleció seis días después del atentado, mientras que Sofía Castro Riglos logró sobrevivir tras permanecer varias semanas bajo asistencia médica intensiva.
El atacante se cruzaba de manera cotidiana con las víctimas y las insultaba constantemente debido a la orientación sexual de las jóvenes. Vecinos recordaron agresiones previas y amenazas de muerte explícitas que anticiparon el trágico desenlace, las cuales constaban en denuncias policiales no tramitadas.
Actualmente, diversas agrupaciones de la comunidad LGBTIQ+ acompañan a la única sobreviviente en su reclamo de justicia y sostienen la visibilización del caso. Las marchas frente a los tribunales porteños exigen una condena ejemplar que califique el episodio formalmente como un triple lesbicidio.