Este verano, las playas de la Costa Atlántica cuentan con un visitante incómodo que amenaza con complicar las vacaciones de los turistas y la tranquilidad de los locales: las tapiocas.
Aunque generalmente no representan una amenaza mortal, sus picaduras pueden generar reacciones cutáneas molestas que pueden interrumpir el disfrute de las vacaciones.
Este verano, las playas de la Costa Atlántica cuentan con un visitante incómodo que amenaza con complicar las vacaciones de los turistas y la tranquilidad de los locales: las tapiocas.
Se trata de pequeñas medusas, similares a las aguavivas. Aunque generalmente no representan una amenaza mortal, sus picaduras pueden generar reacciones cutáneas molestas que pueden interrumpir el disfrute de las vacaciones.
Las tapiocas, cuyo nombre científico es Liriope tetraphylla, son medusas que miden aproximadamente 1 centímetro de diámetro. Su cuerpo suele ser translúcido y, a pesar de su pequeño tamaño, pueden generar importantes reacciones al entrar en contacto con la piel.
Durante la temporada de verano, el número de tapiocas aumenta debido a factores climáticos como los vientos de tierra y las altas temperaturas del agua, lo que las acerca a las costas donde las personas suelen refrescarse.
Aunque no son venenosas, sus picaduras pueden provocar reacciones como enrojecimiento, picazón, irritación e incluso pequeñas lesiones cutáneas.
Las zonas más afectadas son las partes sensibles del cuerpo, como los párpados, axilas y genitales, debido a la presión que los trajes de baño ejercen sobre la piel, intensificando el contacto con los tentáculos de la medusa.
Si bien las picaduras de tapiocas no suelen ser graves, la incomodidad que provocan es suficiente para evitar el contacto con ellas. Por ello, es importante saber cómo actuar para minimizar las molestias: