Iba a la cama solar casi de forma diaria y pensó que un detalle en su cuerpo era por eso: el diagnóstico reveló lo peor
Mientras crece la conciencia sobre la importancia de los controles y la prevención del cáncer de piel, esta historia vuelve a abrir el debate sobre los hábitos estéticos.
El caso que terminó en una situación gravísima por usar la cama solar
Jak Howell comenzó a usar camas solares en la adolescencia y mantuvo una exposición intensa y frecuente a rayos UV artificiales durante varios años.
En 2021 detectó una lesión en la espalda que parecía menor, pero en poco tiempo derivó en un diagnóstico urgente debido a la rápida expansión del cáncer hacia otras zonas del cuerpo.
Pese a someterse a dos intervenciones quirúrgicas para retirar tumores, el tratamiento no resultó suficiente y los médicos advirtieron que su supervivencia dependía de la efectividad de la inmunoterapia.
Tras un año completo de tratamiento, recibió el alta médica, aunque debió enfrentar consecuencias emocionales importantes como ansiedad y depresión tras el duro proceso vivido.
La exposición prolongada a camas solares y métodos de bronceado artificial vuelve a quedar en el centro del debate luego de conocerse la historia de un jóven que, tras años de utilizar este sistema casi a diario, comenzó a notar un cambio en su cuerpo que inicialmente atribuyó a esa rutina estética. Sin embargo, el cuadro clínico escondía un problema mucho más serio que terminó encendiendo alertas sobre los riesgos del uso frecuente de rayos UV artificiales.
El caso despertó interés y preocupación en redes sociales y medios internacionales, ya que pone el foco en síntomas que suelen ser minimizados o confundidos con efectos normales del bronceado. Especialistas advierten que ciertos signos pueden pasar desapercibidos durante meses o incluso años, retrasando diagnósticos que requieren tratamiento urgente para evitar complicaciones mayores.
Cuál fue el diagnóstico del hombre que tenía un lunar y creía que era por la cama solar
-Jak Howell
Jak Howell, oriundo de Swansea, en Gales, comenzó a utilizar camas solares cuando tenía apenas 16 años y llegó a exponerse hasta cinco veces por semana, con sesiones de casi 20 minutos cada una. Sin embargo, a los 21 recibió un diagnóstico que transformó su vida por completo: padecía cáncer, y los especialistas le advirtieron que existía una probabilidad prácticamente total de que la enfermedad estuviera vinculada al uso intensivo de rayos ultravioleta artificiales.
Durante el confinamiento de 2021, Jak detectó una zona irritada en la espalda que incluso llegó a sangrar. Tras enviar imágenes a su médico, fue derivado de urgencia a un hospital. En cuestión de semanas, la enfermedad avanzó con rapidez y pasó de la espalda hacia la ingle y el pecho, encendiendo las alarmas sobre la agresividad del cuadro.
Aunque fue operado en dos oportunidades para extirpar tumores, los resultados iniciales no fueron favorables y el pronóstico era preocupante: si la inmunoterapia fallaba, su expectativa de vida se reducía a un año.
A pesar de ello, Jak decidió continuar con el tratamiento y, tras un año de lucha, obtuvo el alta médica en diciembre de 2022. No obstante, debió enfrentar luego ansiedad y depresión, motivo por el cual hoy promueve hablar abiertamente sobre salud mental y acompaña a jóvenes que atraviesan situaciones similares, convencido de que compartir los problemas ayuda a sobrellevarlos.