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Fue acusado por 4 crímenes pero el número de asesinatos sería mayor: la historia de Joseph Naso

El caso despertó atención por el perfil del acusado y por la forma en que las investigaciones avanzaron de manera fragmentada, con pistas que aparecieron mucho tiempo después.

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  • Durante décadas, el nombre de Joseph Naso quedó ligado a uno de los expedientes criminales más inquietantes de los Estados Unidos. Aunque la Justicia logró atribuirle formalmente una cantidad concreta de asesinatos, su figura sigue rodeada de interrogantes que alimentan debates, reaperturas simbólicas y nuevas miradas sobre viejos casos sin resolver.

    A lo largo de los años, fiscales, investigadores y especialistas comenzaron a preguntarse si los crímenes por los que fue juzgado representaban solo una parte de una historia mucho más extensa. El caso expone las limitaciones del sistema judicial frente a delitos seriales y plantea una pregunta inquietante: qué sucede cuando las condenas llegan tarde y dejan abierta la sospecha de que no todas las víctimas hayan sido identificadas.

    Cuál es la historia de Joseph Naso y cómo descubrieron que tendría más crímenes

    -joseph naso

    En 1974, la desaparición de una joven madre de apenas diecinueve años quedó marcada como un caso sin respuestas durante décadas. Con el paso del tiempo, la investigación volvió a cobrar relevancia a partir de una relación insólita forjada dentro del corredor de la muerte en California, donde coincidieron un condenado dedicado a la pintura y la escritura y un reconocido asesino en serie.

    El 3 de enero de ese año, Charlotte Cook salió de su casa en Oakland vestida con botas altas, una blusa azul sin mangas y un abrigo de pelo de camello. Era estudiante universitaria y tenía un hijo pequeño. Nunca regresó. Al día siguiente, su cuerpo fue encontrado en la base de un risco en Thornton Beach, con un cinturón ajustado al cuello. No hubo detenidos ni hipótesis firmes, y el expediente quedó archivado como el homicidio activo más antiguo de Daly City, abierto solo en los registros.

    La clave para reactivarlo surgió desde un ámbito inesperado: San Quentin. Allí, William A. Noguera, condenado desde 1983, llevaba más de tres décadas encarcelado. En ese tiempo había desarrollado una rutina enfocada en el arte y la escritura, y también una extraordinaria capacidad para observar, escuchar y registrar minuciosamente a quienes lo rodeaban.

    En ese contexto, Noguera comenzó a establecer un vínculo calculado con Joseph Naso, exentrenador infantil y supuesto fotógrafo, arrestado en 2010. La detención de Naso reveló un escenario perturbador: cuadernos con registros de ataques, lazos improvisados con medias, recortes periodísticos sobre mujeres asesinadas y una enigmática “Lista de 10” escrita a mano con referencias cifradas. En 2013 fue condenado por cuatro homicidios, aunque para los investigadores esos crímenes podían ser solo una parte de un historial mucho más amplio.

    Según relató Noguera en una entrevista, Naso solía jactarse de sus recuerdos y lo hacía señalándose la cabeza frente a collages de mujeres famosas, asegurando que todas “vivían ahí dentro”. Con el tiempo, frases sueltas comenzaron a adquirir coherencia: recuerdos aparentemente abstractos se transformaron en patrones, los patrones en ubicaciones concretas y, finalmente, en pistas escritas. Entre 2019 y 2020, Naso le envió cartas a Noguera con descripciones detalladas de posibles víctimas, incluida una joven que había respondido a un aviso de modelaje en Berkeley y cuyo destino coincidía con referencias de la Lista de 10.

    Una mención aparentemente vaga (“chica de Miami cerca del Down Peninsula”) abrió otra línea de análisis. Miami Court era una calle sin salida cercana a una dirección ligada a Naso, y Peninsula News era el medio que había cubierto el asesinato de Charlotte Cook. A esto se sumó un detalle físico del que Naso se había vanagloriado: una chaqueta llamativa de una víctima. En el expediente original figuraba un costoso abrigo de camello, la prenda que permitió al padre de Charlotte reconocer el cuerpo. Esa coincidencia impulsó a la policía de Daly City a retomar el caso y a considerar seriamente que Cook formaba parte de la Lista de 10.

    Las pruebas secuestradas en la vivienda de Naso en Reno (desde maniquíes hasta diarios personales y objetos de valor) ampliaron el alcance de la investigación. Aunque el propio Naso insistía en que la lista solo reflejaba sus “mayores logros”, se jactaba de haber tenido muchas más víctimas, mencionando un número muy superior.

    Su comportamiento errático, entre la provocación al jurado, los insultos a la fiscal y los pedidos de protección en prisión, terminó de configurar el retrato de un acusado cuyo pasado podría esconder un número de crímenes aún no completamente esclarecido.

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