Familias de tránsito: el rol de quienes acompañan a niños mientras esperan una familia definitiva

Besando Ángeles trabaja con niños de 0 a 4 años que se encuentran sin cuidados parentales y necesitan un entorno familiar mientras se define su situación. La organización busca sumar familias de tránsito y visibilizar una alternativa que no implica adopción.

Hace más de 15 años, Pablo y Sandra comenzaron con este proyecto de familia de tránsito. Ocho niños pasaron por su casa hasta que decidieron ampliar esa tarea y crear Besando Ángeles, una asociación civil que hoy acompaña a niños que atraviesan situaciones de vulnerabilidad y necesitan un entorno familiar durante los procesos de restitución de derechos. La historia de Besando Ángeles fue abordada en el ciclo de conversaciones de iWELL, conducido por Natalia Paratore, un espacio que busca conocer historias de vida, experiencias y proyectos que permiten acercarse a distintas realidades y poner en agenda problemáticas que atraviesan a la sociedad.

El trabajo de la organización se concentra especialmente en niños de 0 a 4 años, una etapa considerada fundamental para su desarrollo. “La primera etapa de vida es donde su desarrollo mental, su alimentación y su cuidado médico son fundamentales para todo el desarrollo de su vida”, explica Pablo Tombolini, director de la organización.

Ser familia de tránsito implica asumir el cuidado de un niño durante un período que puede ser variable, pero con una premisa central: no se trata de una adopción. Durante ese tiempo, el Estado trabaja para determinar si es posible la restitución con la familia de origen o, cuando corresponde, avanzar hacia una adopción. Según explican desde Besando Ángeles, ese proceso puede extenderse durante meses o incluso años.

La preparación de las familias incluye evaluaciones y acompañamiento profesional. Además, desde la organización destacan que todos los integrantes del hogar deben estar de acuerdo con recibir a un niño, ya que implica cambios en la dinámica familiar, cuidados médicos y una importante implicación emocional.

Uno de los principales desafíos es el momento de la separación. El vínculo que se genera durante el tiempo compartido puede ser muy profundo, por lo que las familias reciben acompañamiento para transitar ese proceso. Para quienes forman parte de Besando Ángeles, sin embargo, la partida también significa haber cumplido con la tarea: acompañar al niño hasta que pueda continuar su vida junto a una familia definitiva o, cuando corresponde, su familia de origen.

La organización también trabaja con una “casita puente” en San Martín, un espacio adaptado dentro de una vivienda para recibir hasta cinco bebés que se encuentran judicializados y permanecen allí mientras se define su situación. Actualmente cuentan con alrededor de 40 voluntarias que colaboran con el cuidado cotidiano. Entre las necesidades más urgentes se encuentran la leche maternizada y los pañales.

La problemática alcanza a miles de niños. Según los datos mencionados durante la entrevista, más de 10.000 chicos están registrados sin cuidados parentales, es decir, sin un adulto que pueda hacerse cargo de ellos. La organización advierte además sobre la dificultad de encontrar familias dispuestas a recibir a niños mayores de tres o cuatro años.

En ese contexto, desde Besando Ángeles buscan ampliar la mirada sobre la adopción y el acogimiento. “Necesitamos familias que abran el corazón, que abran la casa y que cuiden estos chicos”, señala Tombolini.

Las posibilidades de colaborar no se limitan a convertirse en familia de tránsito. También existe la posibilidad de inscribirse en el RUAGA (Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos) para quienes desean adoptar, o colaborar con hogares mediante donaciones de tiempo, pañales, leche y otros recursos.

El mensaje que atraviesa el trabajo de la organización es que el objetivo no debería ser llenar un vacío personal, sino ofrecer una familia y un entorno de cuidado a un niño que lo necesita. “La vida va a transcurrir igual, pero no te olvides que uno cosecha lo que siembra. Si tu vida transcurre dándole amor a alguien, el amor que recibís a cambio es impagable”, concluye Tombolini.