El sitio web oficial del Vaticano publicó hoy, jueves 26 de septiembre, la lectura del Evangelio correspondiente. La liturgia católica diaria ofrece una oportunidad valiosa para la reflexión espiritual, y la publicación de hoy destaca tanto la lectura recomendada como el santo del día, invitando a los fieles a profundizar en su fe.
El Vaticano proporciona diariamente el Evangelio para guiar la meditación de los creyentes, con el objetivo de acompañarlos en su camino espiritual y ofrecerles enseñanzas para la reflexión personal. Además, el Papa Francisco contribuye con palabras de reflexión, animando a los fieles a vivir de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio.
En su mensaje de hoy, el Papa Francisco destacó: "El Señor no sabe dar menos de todo. Cuando Él dona algo, se dona a sí mismo, que es todo". En este sentido, "el don de Dios es la plenitud aniquilada" y también "el estilo del cristiano es buscar la plenitud, recibir la plenitud aniquilada y seguir por ese camino". El Papa enfatizó que este compromiso "no es fácil", pero el signo de avanzar en este camino de dar todo y recibir todo es la alegría.
Evangelio
La lectura católica recomendada y el santo del día brindan valiosas oportunidades para la reflexión y el desarrollo espiritual.
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Primera lectura para hoy, 26 de septiembre de 2024
La página web del Vaticano publicó publicó la lectura recomendada para hoy, que es Eclesiastés (Cohélet) 1, 2-11.
Todas las cosas, absolutamente todas,
son vana ilusión.
¿Qué provecho saca el hombre
de todos sus trabajos en la tierra?
Pasa una generación y viene otra,
pero la tierra permanece siempre.
El sol sale y se pone;
corre y llega a su lugar,
de dónde vuelve a salir.
Sopla el viento hacia el sur y gira luego hacia el norte,
y dando vueltas y más vueltas, vuelve siempre a girar.
Todos los ríos van al mar, pero el mar nunca se llena;
regresan al punto de donde vinieron
y de nuevo vuelven a correr.
Todo es difícil de entender: no deja el hombre de cavilar,
no se cansan los ojos de ver ni los oídos de oír.
Lo que antes existió, eso volverá a existir.
Lo que antes se hizo, eso se volverá a hacer.
No hay nada nuevo bajo el sol.
Si de alguna cosa dicen: “Mira, esto sí es nuevo”,
aun esa cosa existió ya en los siglos anteriores a nosotros.
Nadie se acuerda de los antiguos
y lo mismo pasará con los que vengan:
no se acordarán de ellos sus sucesores.
Evangelio de hoy, jueves 26 de septiembre de 2024
También publicaron la lectura del santo evangelio según san Lucas Lc 9, 7-9.
En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.
Santo del día: Cosme y Damián
Los santos Cosme y Damián, médicos de profesión, nacieron en Arabia en el siglo III d.C. Se cree que eran hermanos gemelos y tanto ellos como sus otros tres hermanos perdieron a su padre cuando eran pequeños. Su madre, una mujer de grandes virtudes cristianas, los educó en la fe cristiana.
Ambos aprendieron medicina en Siria, y que ejercieron esta noble profesión en Egea (hoy Ayás), Cilicia. Allí aplicaron sus conocimientos médicos tanto a personas como a animales y con gran pericia curaban las enfermedades. Muchas veces cuando todo les fallaba, su fe en Dios y sus virtudes cristianas demostradas en su actuar médico, les ayudaba a continuar con su deber médico.
Esta forma de actuar atrajo a muchas personas deseosas de curarse, fuesen estas cristianas o no. De hecho, muchos de sus pacientes no creyentes se convirtieron a la fe cristiana después de su curación.
Los hermanos vivieron en tiempos del emperador Diocleciano (284-305), uno de los mayores perseguidores que ha conocido la historia del cristianismo. En esta época, Lisias, el gobernador de Egea, estaba bajo órdenes estrictas de Diocleciano de neutralizar a los cristianos.
Por ello, siguiendo el edicto en contra de los cristianos decretado por Diocleciano, Lisias les dio la opción de negar su fe o morir. Los hermanos fueron sometidos a toda clase de torturas, físicas y morales, y fallecieron por decapitación.
Posteriormente, a lo largo de los siglos, se les han dedicado numerosas iglesias en el mundo y se crearon cofradías para recordar sus buenas obras y pedirles su intercesión.