Estaba prófugo por un crimen, pero ella nunca lo supo y terminó siendo su víctima

Edgardo Sanoner se cansó de no saber nada de su hija Laura. Preocupado, buscó un cerrajero y decidió ir a buscarla a su casa. Lo que halló resultó terrorífico.

Estaba prófugo por un homicidio pero ella nunca lo supo. Creyó, en cambio, que era el amor de su vida, aunque su vida era aquello con lo que ese hombre terminaría. Corrían los últimos días del caluroso septiembre de 2022 cuando Edgardo Sanoner se cansó de no saber nada de su hija Laura. Preocupado, con sus 84 años a cuestas, buscó un cerrajero y decidió ir a buscarla a su casa. Hacia semanas que no sabía nada de ella, algo tenía que haberle sucedido.

El 19 de septiembre llegó hasta este edificio del barrio de Belgrano, subió hasta el cuarto piso y antes de forzar la puerta tomó la precaución de llamar a la policía. Sospechaba lo peor, pero no quería creer que fuera cierto. Al abrir la puerta un fuerte olor nauseabundo empezó a confirmar el peor de sus temores. La escena resultaba terrorífica: el cadáver de Laura estaba en la bañera de su baño en suite. Tenía manos y pies atados con un cordón rosa y una sábana blanca en la cabeza, que al ser removida permitió ver tres cortes en sus mejillas y una media atada alrededor del cuello.

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La habían asfixiado hasta matarla. El departamento estaba revuelto y la caja fuerte vacía. Faltaban todos los elementos de valor, hasta los 8 mil dólares que su padre le había regalado a fines de agosto. La habían matado para robarle. La conmoción devino en la urgencia de buscar a los culpables. Pero el tiempo entre su muerte y su hallazgo resultaba una verdadera dificultad, ya que habían pasado más de 30 días. Los investigadores comenzaron a indagar en su círculo íntimo, es que al no haber hallado aberturas violentadas o forzadas creyeron que la víctima conocía su asesino.

Así llegaron a Diego Arener. Diez años menor que la víctima, mantuvo una relación sentimental con ella hasta que en 2016 lo denunció por el robo de 40 mil dólares, 50 mil pesos y algunas joyas. Recién con la denuncia, Laura supo que su novio estaba prófugo de la justicia desde 2013.

Había escapado de la cárcel tras una salida transitoria mientras cumplía una condena a 20 años de prisión por haber asesinado a un remisero en Santa Fe.

Gracias a la denuncia de Laura, Arener sería capturado para volver a la cárcel. Pero sólo hasta 2021. Aunque parezca increíble, aprovecho otra salida transitoria para volver a fugarse. Laura nunca lo supo, pero esta vez, buscaría venganza.

Todos esos meses le permitieron planificar como despojar a Laura de todos sus ahorros. Ya lo había hecho una vez, pero esta vez iría más allá. El día del crimen logró entrar a la casa de su ex sin violencia. Rápidamente la redujo y comenzó a torturarla para que le entregara la clave de su caja fuerte. Hacerlo, no la salvaría. La tortura a la que la sometió resultó incompatible con su vida.

El femicida revisó meticulosamente cada rincón de la casa, pero sin saberlo dejó sus huellas dactilares en un perfume y un vaso. Luego, ya con el millonario botín en su poder, tapó a Laura con una sábana y huyó.

Sin tiempo que perder pocas horas después del crimen, comenzó a gastar el botín: compró una moto por casi un millón de pesos y un auto por el que abonó 16 mil dólares. Mientras los investigadores confirmaban que las huellas halladas correspondían a Arener, el asesino gastaba el dinero robado como si supiera que le quedaba poco tiempo en libertad. Así seria: el 29 de septiembre, 10 días después del hallazgo del cadáver de Laura, fue detenido en el barrio ejército de Los Andes, en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires.

Hoy Diego Arener cumple la condena por el homicidio de Santa Fe y suma una cadena perpetua por el crimen de Laura Sanoner, su ex pareja a la que le sacó todo, también la vida.

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