"En Malvinas entendí que nadie se salva solo": Aldo Leiva, el soldado que sobrevivió a la guerra y hoy es diputado

Formó parte de los 23.683 argentinos que combatieron contra las fuerzas británicas para recuperar la soberanía del archipiélago y advirtió que todos los sobrevivientes quedaron con secuelas. Pese a que ya pasaron 44 años, con él conviven recuerdos que lo dejaron marcado. Juró en 2019 por los "camaradas muertos" y reconoció que es "un esclavo del juramento".

El soldado sufría un frío crudo y hambre en las Islas Malvinas. Las Fuerzas Armadas argentinas, tras la orden de la dictadura cívico-militar encabezada por Leopoldo Galtieri, llegaron en la madrugada del 2 de abril de 1982 para recuperar la soberanía del archipiélago, ocupado ilegalmente por Gran Bretaña. Aquel combatiente se llamaba Aldo Leiva y tenía 19 años.

La gran mayoría de los soldados argentinos eran jóvenes de menos de 25 años y muchos no estaban preparados para la guerra, ya que tenían un entrenamiento insuficiente, los alimentos escaseaban y el armamento era exiguo, frente a una potencia como Gran Bretaña que tenía una capacidad militar ampliamente superior. Un total de 23.683 combatientes viajaron a las Islas, sin saber si iban a volver a sus casas.

Bombardeos, lanzamiento de misiles y destrucción de aviones y de barcos. Los 74 días estuvieron marcados por intensos combates. Murieron 649 argentinos y entre los sobrevivientes muchos sufrieron consecuencias físicas y mentales, algunas muy graves.

Guerra de Malvinas
La Guerra de Malvinas fue en abril de 1982.

La Guerra de Malvinas fue en abril de 1982.

Pasaron 44 años de la Guerra de Malvinas y hay distintos reclamos de los sobrevivientes, que piden principalmente justicia por todas las torturas que sufrieron y ser reconocidos como veteranos, denuncian una falta de acompañamiento del Estado, exigen compromiso por la soberanía de las islas y un aumento en las pensiones.

Leiva ahora es diputado nacional por Chaco de Unión por la Patria y en diálogo con C5N se refirió a los episodios del enfrentamiento que lo estremecieron, cómo vive en la actualidad y la situación de los excombatientes.

Periodista: ¿Cuáles son los momentos de la Guerra de Malvinas que te quedaron marcados?

Aldo Leiva: Cuando íbamos a salir de Monte Caseros, en Corrientes, fue un momento muy emotivo. El pueblo nos despidió masivamente. Luego, cuando pisamos Puerto Argentino, ahí uno empezó a tomar dimensión de que estábamos yendo a un callejón que no se veía que podía haber alguna salida favorable. Recuerdo específicamente un ataque de los ingleses que se produjo el 1° de mayo, cuando bombardearon el aeropuerto. Ahí sentí una sensación de mezcla entre asombro, intriga, miedo y el despertar de una situación donde se iba tornando mucho más complejo. También me acuerdo del día en el que había decidido terminar con todo.

Además, recuerdo la noche del combate final, cuando los ingleses avanzaron sobre nuestras posiciones. Nosotros estábamos en el cerro Dos Hermanas, donde hubo un combate a una distancia muy cercana. Era tiro a tiro. El epílogo fue replegarnos hacia Puerto Argentino y al día siguiente fue la rendición, que fue un momento muy duro, triste y difícil. En la guerra, la muerte estuvo muy cerca por bombardeos y tiroteos. También había oficiales y suboficiales jóvenes. Los generales, en general, brillaron por su ausencia.

P: ¿Cómo fue que habías decidido terminar con todo?

AL: Significaba quitarme la vida. Habíamos ido a un lugar con un grupo de soldados en búsqueda de alimentos y no había nada. Habían sido varios días de frío, hambre, desesperación y dolor porque cada día que pasaba se acentuaban los bombardeos y eso implicaba bajas de nuestras fuerzas. Uno se iba sintiendo con un estado de depresión muy fuerte. Ya era de noche. En un momento me aparté del grupo y me quedé solo, me senté en una piedra, cargué un fusil y al momento de apretar al gatillo, algo hizo que no lo hiciera. Yo digo que hablé con Dios porque en ese contexto de soledad, le pedí perdón por lo que estaba por hacer, que me diera fuerza para seguir adelante y que si tuviera que volver, que fuera entero.

Aldo Leiva
Aldo Leiva combatió en la Guerra de Malvinas.

Aldo Leiva combatió en la Guerra de Malvinas.

P: ¿Qué pensaste cuando te avisaron que ibas a formar parte de la guerra? ¿Ustedes querían ir?

AL: Me incorporé al servicio militar en febrero de 1982. El 31 de marzo de ese año estábamos por visitar a nuestros familiares y yo tenía que tomar un tren y después un colectivo hasta mi pueblo. A la tarde nos dijeron que volvamos al regimiento porque no había lugares suficientes. Regresamos y el 1° de abril nos dijeron que al otro día íbamos a salir. Después, nos encontramos con la noticia de que se había recuperado Puerto Argentino. A partir de ahí, nos alistamos para eventualmente trasladarnos al sur. Nos decían que íbamos a ir a Comodoro Rivadavia, Río Gallegos o alguna ciudad del sur para ser como un apoyo, pero que no íbamos a ir a la isla. A mediados de abril empezó el traslado y primero fuimos a Entre Ríos, después a Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y a fines de abril estuvimos en Puerto Argentino.

Previo al viaje, había una sensación de triunfalismo y algarabía. Prácticamente no conozco a ningún soldado que no haya querido ir. Todos estábamos con la sensación de que había que ir para defender el territorio. Yo tenía un enorme deseo y sentía una adrenalina de patriotismo. Sí se veían a padres que iban al regimiento y hacían gestiones tratando de que sus hijos no fueran. Algunos lo lograron y otros no.

P: ¿Cuál fue tu rol en la guerra?

AL: Era un soldado raso. Tenía fusiles. Las secciones en el Ejército se dividen por grupos. Yo pertenecía al grupo de apoyo y dentro de eso teníamos diferentes roles. A su vez, los soldados estábamos divididos en subgrupos y en mi caso éramos dos. Yo estaba con el cabo, que era el que comandaba al grupo. Teníamos la misión de repeler con el fusil cuando nos atacaban. Ese era todo el armamento que tenía.

P: Después de un conflicto bélico de tal magnitud, ¿cómo fue la vuelta?

AL: Tuvo inconvenientes y los primeros días fueron de muchísima ansiedad. Volví a Puerto Madryn el 19 de junio y recién pude volver a la casa de mis padres el 8 de julio porque primero estuvimos en Campo de Mayo, aunque en Puerto Madryn me comuniqué con mi familia a través de un vecino con teléfono. Le dije que avise que había vuelto. Somos nueve hermanos, así que hay que imaginarse el impacto para una familia numerosa que un hijo esté en una guerra. Mi familia estaba desesperada y no sabía nada de mí. Luego, la vida continuó y no teníamos cobertura médica ni trabajo.

Aldo Leiva
Aldo Leiva es diputado nacional por Chaco.

Aldo Leiva es diputado nacional por Chaco.

P: Al referirte a los generales, dijiste que brillaron por su ausencia, ¿cuál era la postura de las autoridades?

AL: Cuando volvimos, se hizo una especie de recuperación para que nos pudiéramos reinsertar pero en realidad, cuando uno después se fue dando cuenta, ahí hubo un trabajo de lavado de cerebro. Fundamentalmente se hablaba de que los combates fueron memorables. Se hablaba mucho de valentía y se insistía con que no habláramos de situaciones dolorosas porque eso implicaba generar algún tipo de suspicacia respecto a las fuerzas.

Se trataba de ocultar que hubo una enorme improvisación, que no hubo nada de previsibilidad, que no dijéramos que no había alimentos y que el armamento era desastroso. Lo organizativo y operacional fue calamitoso. Después, cuando fuimos al regimiento, nos hicieron firmar una especie de declaración jurada donde nos comprometíamos a no hablar. También nos hicieron sentir que éramos los culpables de la derrota. Era como que si se hubiese ganado, los que se llevaban los laureles eran los altos mandos y al perder, la culpa era de los soldados.

P: ¿Te quedaron secuelas hasta hoy?

AL: No hay dudas de que a todos los que estuvimos en la Isla nos quedó secuelas. Más allá de que el término 'loquitos de la guerra' fue utilizado despectivamente, a todos nos quedó algún cable pelado y me incluyo. Para usar ese cable pelado tuvimos que someternos a distintos tipos de tratamiento. Hay que aferrarse a algo y yo lo hice con la fe. Los que no la tienen, deben hacerlo con un pariente o un amigo.

P: ¿Cómo vivís hoy en día, después de haber sido combatiente?

AL: Yo hice y sigo haciendo terapia y nunca le esquivé al bulto. Me di cuenta de que era necesario ir al psiquiatra ayudado por mi mujer, quien me impulsó y veía que había situaciones muy complicadas. Eso me ayudó muchísimo a entender muchas cosas y muy bien. Trato de encontrarle el lado positivo a la tragedia. Regresé de Malvinas, en mi pueblo hubo una inundación y me sumé a colaborar con mi comunidad. Eso me dio mucha visibilidad. En octubre de 1983 fui electo concejal de mi ciudad y fijate las cosas de la vida: no pude asumir porque me faltaba un mes para cumplir 21, cuando a los 19 había ido a una guerra.

Mi rutina siempre fue militar y estar. Abrazo la política con una enorme pasión y me considero como insobornable en mis principios. Si algo me dejó esa guerra, es el concepto de la solidaridad, el sentido común y entender que nadie se salva solo. Creo en la amistad, el trabajo en conjunto y lo colectivo. También siento que encomendándome a Dios y dejando que se haga su voluntad, la vida se me hizo llevadera o al menos diferente.

Aldo Leiva
Aldo Leiva repasó su historia sobre la guerra de Malvinas.

Aldo Leiva repasó su historia sobre la guerra de Malvinas.

P: En tu jura como diputado, lo hiciste por los argentinos que murieron en la guerra...

AL: Lo hice para que ningún argentino bien nacido admire a Thatcher. Eso, en el fondo, implica un mensaje muy claro a los vendepatria y a los que le da lo mismo entre blanco y negro. Trato de ser muy coherente con esa forma de entender, ver la política y sentir la responsabilidad y representación. A esta altura de mi vida, no pienso claudicar en las luchas y en la mirada. Yo no me metí en la política para hacerme rico ni vivir como un rey y que la gente se cague de hambre, sino para tratar de cambiar la realidad y ser esclavo del juramento.

P: A nivel social y sobre el Gobierno, ¿cómo están hoy en día los excombatientes?

AL: La sociedad siempre fue muy respetuosa y nos acogió con los brazos abiertos. Yo siento un enorme respeto en todos los lugares donde voy cuando menciono que soy combatiente de Malvinas. El Gobierno tiene personajes que cuentan historias que ni ellos se creen. En el Senado, hay una oficina referida a Malvinas y Villarruel lo tiene como encargado a Nicolás Kasanzew, quien fue el vocero de la dictadura en las Islas. Él era el que desde las Islas, le decía a la sociedad que estábamos ganando y que había alimentos y municiones por tiempo indeterminado. Los excombatientes no podemos creer eso. También hay que recordar que Milei no dejó ingresar a excombatientes a desfilar el 2 de abril de 2025. Él admira a Thatcher y lo dijo públicamente.