El fin de semana largo tuvo un movimiento turístico de "baja intensidad"

Un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa advirtió que el fin de semana largo tuvo una actividad “de baja intensidad”, marcada por escapadas cercanas, consumo moderado y el impacto del deterioro del poder adquisitivo.

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) trazó un balance con sabor a poco para el último fin de semana largo: si bien se movió más gente que el año pasado, el pulso turístico se mantuvo contenido, con decisiones de viaje atravesadas por el bolsillo.

De acuerdo con la entidad, unas 1.012.000 personas se desplazaron por distintos puntos del país, generando un movimiento económico estimado en $231.084 millones. Sin embargo, el diagnóstico fue claro: se trató de un período “muy tranquilo”, con un perfil de turista que eligió distancias cortas, estadías reducidas y un control estricto del gasto.

“El segundo fin de semana largo del año fue muy tranquilo, con un turista que priorizó escapadas cortas, de cercanía y que cuidó el nivel de gastos”, señalaron desde la organización empresaria.

El consumo se concentró en los rubros básicos del turismo con poco margen para gastos adicionales. En ese marco, el desembolso promedio diario alcanzó los $103.793, lo que implicó una caída del 7% frente al feriado de Carnaval y una baja del 1,6% en comparación con la misma fecha del año pasado, medido a precios reales.

A contramano de ese ajuste, la cantidad de viajeros mostró un crecimiento interanual del 48,8%. Desde CAME explicaron que ese salto se vincula con la mayor extensión del fin de semana y una mejor predisposición a viajar, aunque con salidas más breves.

La estadía promedio se ubicó en apenas 2,2 noches, un número bajo para un feriado de cuatro días. El encarecimiento de los combustibles y la particularidad de que el lunes fuera jornada no laborable influyeron en esa dinámica, que terminó asemejándose más a un fin de semana de tres días.

El informe también subraya un cambio de hábitos: se consolida un turismo más austero, inclinado hacia actividades culturales gratuitas y con menor participación en propuestas comerciales. En paralelo, se registró la presencia de visitantes internacionales en grandes ciudades y destinos tradicionales, un factor que aportó algo de movimiento en un escenario donde el turismo interno sigue ajustándose a las restricciones económicas.

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