Tras la polémica que se generó en torno al fenómeno de los therians, una nueva tendencia denominada "hobby dogging" comenzó a captar la atención en redes sociales tras ser detectada inicialmente en Alemania. La práctica se caracteriza por personas que caminan por plazas y parques portando una correa de perro completamente vacía.
El objetivo de los participantes es recrear la rutina habitual de cualquier dueño de mascota, pero sin la presencia física de un animal al otro extremo del accesorio.
El fenómeno trasciende el simple paseo solitario, ya que algunos practicantes optan por un acompañamiento profesional para dotar de realismo a la actividad. En ciertos casos, los usuarios contratan a un entrenador pago que guía la experiencia como si se tratara de una sesión de adiestramiento real. Durante estos encuentros, los "dueños" se detienen, dan órdenes al aire y ejecutan movimientos coordinados con el profesional.
La dinámica busca emular la interacción completa: caminar, marcar tiempos de descanso y generar la sensación de vínculo social que otorga un perro. Quienes se suman a esta tendencia manifiestan que no desean asumir la responsabilidad económica ni el cuidado permanente que requiere un ser vivo; sin embargo, buscan experimentar de forma artificial la estructura diaria y los hábitos que impone la tenencia de una mascota.
Entre los motivos principales para realizar el "hobby dogging" aparecen la necesidad de establecer rutinas de salida al aire libre y la búsqueda de interacción social en espacios públicos. La correa vacía funciona como un catalizador para romper el sedentarismo y fomentar el ejercicio físico, eliminando el compromiso a largo plazo.
A diferencia del fenómeno de los therians, donde existe una identificación de identidad con animales, esta tendencia se limita a lo estrictamente procedimental y lúdico. Los especialistas observan que el "hobby dogging" prioriza el bienestar personal derivado del hábito sobre la conexión biológica.