La exploración lunar ha estado en la mente del ser humano desde que pisamos por primera vez su superficie. La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) se encuentra al frente de los esfuerzos por establecer una presencia más permanente en la Luna. Pero, más allá de los desafíos obvios de la vida en un entorno tan hostil, existe un obstáculo inesperado: el polvo lunar.
Este polvo, producto de rocas volcánicas y millones de años de erosión por impactos cósmicos, no solo es distintivo por su color gris oscuro, sino por los bordes afilados de sus partículas. Estos bordes presentan un riesgo significativo para la maquinaria y los trajes espaciales, lo que ha llevado a los científicos a buscar soluciones innovadoras.
Cómo es la planificación de la NASA para tener casas en la Luna
Tras más de medio siglo, el ser humano está planteándose regresar a la Luna, con la misión Artemis III prevista para 2025. A medida que se avanzan las pruebas para este retorno, se visualiza a la Luna no solo como un destino temporal, sino como el sitio de una futura base permanente. Esta visión de colonización implica enfrentar desafíos significativos, como la ausencia de oxígeno y agua líquida y las temperaturas extremas.
Entre los desafíos se encuentra un escenario en donde no se tiene ni oxígeno ni agua líquida, además de contar con temperaturas extremas de 250 grados. El polvo también es otro componente a tener en cuenta, ya que erosiona los trajes espaciales, obstruye la maquinaria, interfiere con los instrumentos científicos y dificulta los desplazamientos.
Cómo se harían las calles en la Luna
El polvo lunar, con sus partículas de bordes afilados, representa un peligro para la exploración. Sin embargo, científicos han propuesto una solución ingeniosa: usar una lente gigante para derretir este polvo y formar caminos sólidos y zonas de aterrizaje. La investigación, publicada en Scientific Reports, sugiere que concentrar la luz solar sobre el polvo podría fundirlo y transformarlo en roca sólida.
El proceso implica usar un rayo láser para derretir el polvo y formar bloques que puedan servir como carreteras y plataformas de aterrizaje. Aunque llevar a cabo esto en la Luna requeriría una lente de 2,37 metros cuadrados, el resultado sería un método viable y económico de pavimentar la superficie lunar.
El profesor Jens Günster, del Instituto Federal de Investigación y Ensayo de Materiales de Berlín y coautor de un informe sobre la posible solución, comentó al respecto: “Es un material muy suelto, no hay atmósfera, la gravedad es débil, por lo que el polvo llega a todas partes. Contamina no sólo sus equipos sino también los de otras naciones. A nadie le gustaría verse cubierto de polvo por otro cohete".
De acuerdo a las pruebas, se cree que se necesitarían unos 100 días para crear un lugar de aterrizaje de 10 x 10 m. “Parece una eternidad, pero pensemos en las construcciones en la Tierra”, afirma Günster. “A veces se necesita una eternidad para construir un nuevo cruce”.
Cuáles son los impedimentos de la NASA para las instalaciones en la Luna
El polvo lunar provocó graves daños a distintos proyectos que llevó adelante esta agencia espacial, como se evidenció con la nave espacial Surveyor 3, que sufrió daños debido al polvo levantado durante el aterrizaje del Apolo 12. Este polvo, que erosiona trajes y bloquea maquinaria, presenta un desafío que la NASA está decidida a superar si quiere establecer una base lunar permanente.
Transportar materiales de construcción desde la Tierra sería un método costoso y poco eficiente, lo que impulsa a los investigadores a depender de los recursos disponibles en la Luna. La investigación actual sobre el uso del polvo lunar para crear caminos representa un paso significativo hacia el logro de este objetivo, aunque todavía hay desafíos por superar, como la acumulación de polvo en las lentes utilizadas en el proceso. Al respecto, Günster comentó: “Cuando se acumula polvo en la lente, tarde o temprano dejará de funcionar”.