Cuál es la extraña tradición que se realiza en Japón con luchadores de sumo y bebés llorando

Se trata de un ritual que tiene una antigüedad de 400 años y con un gran arraigo a la cultura japonesa que tiene como objetivo alejar a los demonios que pueden causar daño.

La cultura japonesa se ha destacado, entre otras cosas, por una serie de tradiciones que para muchos otros países puede resultar un tanto llamativo. Sin embargo, se trata de costumbres milenarias y que, a pesar del paso del tiempo, siguen más vigentes que nunca entre las nuevas generaciones. En este sentido, en dicho país del continente asiático cumplen con un ritual que se realiza con bebés y luchadores de sumo.

El sumo es un deporte con un gran arraigo a la cultura japonesa y es considerado de gran exigencia. Además, los historiadores cuentan que incluso fue practicado por los dioses. Esta disciplina fue promovida por emperadores y grandes señores feudales.

De qué se trata la tradición del Naki Sumo, la costumbre que es muy conocida en Japón

Todos los años, durante el cuarto domingo del mes de abril, en Japón se realiza una especia de ritual que -como se menciona con anterioridad- tiene como protagonistas a bebés recién nacidos y luchadores de sumo. El llanto de los bebés se suele escuchar en santuarios y templos de todo el país, cumpliendo así con un día especial: el Nazikum o Naki Sumo. Este es el nombre que recibe dicho festival en donde los luchadores hacen llorar a los pequeños sobre el dohy.

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Este ritual que tiene una antigüedad de 400 años tiene como objetivo traerles buena suerte a los bebés. Estos y los luchadores quedan frente a frente e intentan aterrorizarlos para que lloren o griten los más fuerte posible. Como no todos suelen llorar, los peleadores hacen muecas y cantan "naki, naki" (llora, llora, en japonés), y sacuden a los niños.

A pesar de que cada templo tiene sus reglas, lo normal es que el primer bebé que llora o el que hace más ruido, es declarado ganador. El vencedor es anunciado por un árbitro con un abanico de madera.

Para conoce el origen de esta tradición, debemos remontarnos a cientos de años atrás a un proverbio que dice: "Naku ko wa sodatsu", el niño que llora, crece. Además, la creencia de este ritual es que los lamentos desgarradores alejan a los demonios cercanos que pueden causar daño.