El mejor antídoto para una helada noche de julio como la de este sábado son las cálidas comedias románticas lésbicas de María Felicitas Jaime. Por unas horas, la Lesbianópolis que la difunta autora describió en Pasiones envolvió Casa Brandon y su viuda, Bea Albertini, repasó su obra, su vida, su militancia y su amor junto a más de 50 mujeres.
"Su sentido del humor me daba un respiro", describió Bea en conversación con los editores de De Parado, Mariano Blatt y Fram Visconti, y confirmó que su esposa escribió sus novelas y cuentos por un sentimiento compartido con la audiencia: "Hay que escribir en positivo porque sino las chicas que están o las que vienen no tienen en qué mirarse".
Tanto Bea como María Felicitas se habían "amargado" con la novela británica El pozo de la soledad de Marguerite Radclyffe Hall, cuyas protagonistas viven su lesbiandad aisladas y rechazadas. Lo opuesto al destino de las lesbianas de Cris & Cris, Pasiones, Mujeres que aman a mujeres y Una mirada, otra que escribió su esposa y publicó De Parado en Argentina.
Minutos antes, la escritora Gabriela Borrelli consideró en su introducción que la autora celebrada "rinde tributo a su propio nombre y crea una Buenos Aires feliz" y concluyó, haciéndose eco de la obra de la poeta griega Safo: "Crea, de alguna manera, Buenos Aires-Lesbos". Entre gritos y aplausos, Borrelli y Bea fundaron la ciudad de los sueños de María Felicitas cortando la cinta roja que dividía a las expositoras del resto de las mujeres.
Gabriela Borrelli y Bea Albertini cortando la cinta inaugural de Buenos Aires-Lesbos en Casa Brandon.
Foto: Maira Haunau.
Mientras la charla continuaba entre los sillones dispuestos para tal fin, todas las espectadoras firmaron un documento para otorgarse "el rango de Buenos Aires-Lesbos porque en esta ciudad María Felicitas Jaime ha escrito los libros más geniales, graciosos y cándidos sobre lesbianas, descendientes directas de Safo".
Bea también recordó el paso de su esposa por la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), como parte del grupo Oscar Wilde, y cómo participaron bajo la bandera de la CHA en la marcha por los 100 días de democracia en Plaza de Mayo durante el gobierno de Raúl Alfonsín. "Era muy difícil el Buenos Aires de los 80", lamentó la mujer y remarcó: "Había que atreverse en esa época".
Cómo se conocieron Bea Albertini y María Felicitas Jaime
Como no podía ser de otra forma, el primer encuentro de Bea y Felicitas fue digno de una comedia romántica. Viviendo en la Ciudad de Buenos Aires en 1987 por su trabajo en el sector gráfico del Conicet, Bea leía la revista Diferentes, donde Felicitas escribía bajo el seudónimo María No, y le molestaba que no se publicaran más artículos sobre lesbianas.
Un día, Bea le reclamó a Ignacio, editor de la revista, esa ausencia y en la redacción le aseguraron que María No la llamaría, así que ella le dejó el número de su trabajo y media hora antes de que termine su turno, el teléfono sonó. "Por suerte Ignacio le insistió que me llamara porque le dijo que era simpática y lo mejor era que me conociera, sabía que Felicitas no tenía pareja y yo le había dicho que yo tampoco", deslizó la mujer haciendo reír a todas las presentes.
Su primera cita se extendió durante todo un día: de un café en avenida Callao a una pizzería en Palermo al departamento de Felicitas, porque Bea vivía en Hurlingham y ya era de madrugada como para volverse. En ese último destino, la vida de ambas cambió para siempre. "Pasó algo en el edificio, hubo una explosión y nos dimos un abrazo... y el abrazo llevó a los besos", detalló Bea con una sonrisa y concluyó: "Y 30 años después seguimos juntas".
El reclamo literario de Bea Albertini a María Felicitas Jaime
Bea trabajaba de correctora literaria y era de las primeras lectoras de Felicitas y "siempre" le reclamaba por sus finales. "Todos sus relatos son con finales cortados", se quejó Bea y criticó la conclusión de la novela que le dedicó Felicitas, Cris & Cris porque consideraba que "le faltaba un poco más de explicación". Sin embargo, reconoció que "era su estilo" y que después de un par de insistencias dejó de pedirle "finales más largos".
Las portadas de los libros de María Felicitas Jaime.
Gentileza de la editorial De Parado.
La correctora también contó que Felicitas "lloró y se sintió muy mal" cuando "perdió" el manuscrito de su última novela, situada en Madrid y en la Ciudad de Buenos Aires. "La encontré en 2018 en un pendrive, cuando ella ya había partido", se lamentó Bea y señaló que Felicitas hubiera sido "muy feliz" con la celebración que organizó De Parado.