Dias atrás, se conmemoró en el país el Día del Camino y la Educación Vial. Como cada 5 de octubre se recordó el primer Congreso Panamericano de Carreteras que se realizó en 1925 y que marcó el inicio de la expansión de las rutas en el país y fue símbolo de la integración entre los pueblos y el desarrollo. Asimismo, la fecha coincide con la creación de la Dirección Nacional de Vialidad en 1932.
A la vez, este fin de semana, muchas familias salieron a las rutas para aprovechar el feriado XL por el Día de la Diversidad, para tomar un descanso. Una buena oportunidad para reflexionar, además, sobre la importancia de la seguridad
Los accidentes de tránsito son una de las principales causas de muerte y lesiones en el mundo, y cada día, las cifras parecen más alarmantes. No obstante, es lamentable que estemos acostumbrados a ver estos hechos como cotidianos, por lo que resulta imprescindible salir del letargo ya que este fenómeno no solo afecta a quienes están involucrados directamente, sino que impacta profundamente a familias, comunidades y a la economía en general. Es imperativo que, tanto ciudadanos como gobiernos, adoptemos una actitud proactiva hacia la conciencia vial y la prevención de accidentes.
Al respecto y de forma local, el Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME) informó que durante agosto se registró un total de 1.590 accidentes de tránsito en la Ciudad de Buenos Aires. Estos hechos obligaron al servicio médico a intervenir en un promedio de un incidente cada 28 minutos. Además, debieron asistir a más de 2.700 pacientes, lo que promedia 87 víctimas atendidas por día.
En muchas ocasiones, la responsabilidad de los accidentes se atribuye únicamente a factores como el exceso de velocidad o el consumo de alcohol. Sin embargo, es fundamental reconocer que la educación vial juega un papel crucial en la reducción de incidentes. Por eso, las políticas públicas deben enfocarse en crear una cultura de responsabilidad y cuidado en distintos planos:
- Educación Vial en las escuelas: incorporar la educación vial en la currícula desde una edad temprana es esencial. Programas interactivos y prácticos pueden enseñar a los niños sobre la importancia de las normas de tránsito y la seguridad peatonal. Esto no solo educará a la próxima generación de conductores, sino que también sensibilizará a los peatones más jóvenes sobre su papel en la seguridad vial.
- Campañas de concientización: estas no pueden diseñarse en forma precipitada. Por el contrario, deben ser continuas y creativas, utilizando diversos medios como redes sociales, televisión y eventos comunitarios. Es crucial que se enfoquen en realidades locales, mostrando historias verdaderas y testimonios de víctimas de accidentes. La empatía puede ser un poderoso motor de cambio.
- Inversión en infraestructura vial segura: las autoridades deben invertir en estas mejoras, incluyendo la creación de pasos peatonales seguros, señalización adecuada y la instalación de semáforos. La implementación de sistemas de cámaras para el control de velocidad y la supervisión de cruces peligrosos puede ser efectiva para disuadir conductas de riesgo.
- Promoción del uso de transporte público y de movilidad sustentable: fomentar el uso de estos medios, no solamente reduce el número de vehículos en las calles, sino que también promueve estilos de vida más saludables. Políticas que apoyen la creación de ciclovías y la mejora de la red de transporte público son esenciales.
- Capacitación para conductores: es esencial fomentar el dictamen de cursos que aborden desde la gestión del estrés al volante hasta el manejo defensivo, todo el contenido posible que pueda contribuir a una conducción más responsable. Incentivar a los conductores a participar en estos programas mediante distintos tipos de beneficios, podría ser una estrategia efectiva.
- Legislación más estricta: es fundamental contar con un marco legal robusto que penalice las infracciones de tránsito de manera justa y eficaz. Aumentar las sanciones por conducir bajo la influencia de alcohol o drogas, así como por exceso de velocidad, puede servir como un poderoso disuasivo.
- Fomento a la responsabilidad compartida: la conciencia vial no es exclusivamente tarea de los gobiernos; es un esfuerzo colectivo. Las empresas pueden desempeñar un papel activo en la promoción de la seguridad vial, implementando políticas que fomenten la conducción segura entre sus empleados y apoyando campañas de concienciación. La prevención de accidentes de tránsito es una responsabilidad compartida.
Choque av. Illia
Casi 1.600 choques en la Ciudad durante el mes de agosto.
En resumidas cuentas, no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras las cifras de siniestralidad continúan en aumento. Adoptar una postura activa en la promoción de la conciencia vial y la implementación de políticas públicas efectivas es esencial. La vida de cada persona en nuestras rutas depende de ello.
En un mundo donde la movilidad es un derecho y una necesidad, debemos trabajar juntos para garantizar que la calle sea un lugar seguro para todos. La transformación cultural hacia una conducción responsable no sucederá de la noche a la mañana, pero con esfuerzo conjunto, es un objetivo no solo deseable, sino alcanzable.
*Por Fernando Rodríguez, especialista en Derecho del Seguro