Stuart, del campo a la FMS: "En el rap, el respeto es moneda corriente"

El rapero oriundo de Santa Fe, que se convirtió en referente argentino, abrió su corazón en C5N. Fue pintor hasta que dio el salto como uno de los representantes más importantes del género en el país.

Ramiro José Verdoljak es un artista y poeta argentino que nació en Coronda, Santa Fe. Luego de vivir durante años en medio del campo junto a sus padres y sus seis hermanos, se enamoró perdidamente de la música. En la actualidad, es uno de los MCs más reconocidos del país, con una comunidad fiel que supera el millón de seguidores en redes sociales.

"Fue un privilegio vivir en un pueblo. Empiezo a recordar cuando me fui a vivir al campo, fue una etapa hermosa por la tranquilidad. Con mi familia solo teníamos la radio para informarnos", cuenta.

Stuart: "Lo que tiene la cultura del rap es que cuando vos llegás a la plaza siempre sos bienvenido"

C5N tuvo la oportunidad de visitar Ciri Records, el sello discográfico que fundó él junto a otros raperos en Adrogué, provincia de Buenos Aires, para conocer su historia de vida. "Queríamos tener algo nuestro, invertimos y se dio. Conseguimos un lugar de ensueño muy cerca de mi casa y la del resto de los chicos. Ya la locación venía equipada con un par de cosas porque antes era una sala de ensayo. Este lugar es hermoso", asegura.

- ¿Cuál fue tu primer acercamiento a la cultura urbana?

- Lo urbano siempre llamó la atención. Empecé escuchando temas de reggaetón muy antiguos y en algunos había partes donde el beat pasaba de la melodía tradicional a algo más parecido al rap. En el campo escuchaba una canción de Sin Bandera con Franco De Vita, imaginate que en la radio en el medio del campo no pasaban nada de rap sino pop. Tenía 9 años y escuché este tema que hablaba de desamor y pensé ´¡Wow! Mirá lo que siente esta persona que llevó a escribir esto´. Ahí empecé a escribir poesías que luego empezaron a rimar. Cuando pasé del campo a Gálvez me junté con mi primo. Él tenía a sus hermanos que bailaban breakdance y empecé a juntarme, tenían las habitaciones grafitteadas, estaban en la onda.

- ¿Recordás qué sentiste la primera vez que participaste en una batalla de freestyle?

- A mis primeros freestyle yo los llamaba improvisaciones, era lo más folclórico posible, una payada para mí. Mi hermano siempre tocó la guitarra, tenía cancioneros, cantábamos el Chaqueño Palavecino y Horacio Guarany. Pero mi actual pareja, que en ese momento era sólo una amiga, viajaba y competía y me enseño ese mundo. Empezamos a viajar juntos, yo la acompañaba. La primera competencia en la que participé fue en Coronda y la organizó ella, de hecho. Perdí en primera, pero di un buen papel porque la gente gritó mis rimas. Además, perdí con el que ese día salió campeón, cosa que me reconfortó. Ya la segunda batalla la gané y me dijeron ´Loco, tatuate esta fecha que le ganaste a dos MCs que son muy buenos´. Algo estaba pasando...

- ¿Qué fue lo que te "enamoró" del movimiento?

- Lo que tiene la cultura del rap es que cuando vos llegás a la plaza siempre sos bienvenido. El respeto es la moneda corriente con la que se paga. Las experiencias de viajar y sentirme bien recibido, esa amistad que se genera y la complicidad me hizo enamorar del movimiento. Capaz conocía a unas personas en la plaza y para no dejarme solo esperando el colectivo de vuelta a casa se quedaban conmigo sentadidos en la parada, han corrido colectivos por mí. Me han alojado en sus casas. Era como una competencia por ver quién te trataba mejor, por eso es tan linda. Es un estigma eso de que el rap va de la mano con la violencia. Entendí que hay gente a la que no hay que darle explicaciones".

- ¿Cómo impactó en tu familia tu interés por este mundo underground que en su momento no era tan popular?

- Mi mamá siempre me bancó bastante, me tiraba para adelante mientras que fuera a la escuela y no la hiciera renegar demasiado porque era madre soltera y éramos siete hermanos. Mi viejo, por otro lado, me daba libertad pero era incrédulo. Imaginate que en 2018 competí en la FMS y paralelamente pintaba paredes con él los fines de semana. Viví casi toda la vida siendo pintor, ha habido situaciones en las que fanáticos me pidieron fotos y yo estaba vestido con ropa de trabajo. Recién ahí mi viejo empezó a entender la movida porque hasta ese momento yo no vivía del rap, tenía que trabajar. Una vez que explotó mi música, él fue el más orgulloso del mundo, no dejaba de hablar de mí con los amigos.

- ¿Qué consejo le das a jóvenes que, como vos, tienen el sueño de batallar en competencias de free?

- Para todos aquellos que quieran improvisar o acercarse a una plaza, el momento clave es la primera batalla, no por el resultado, sino por el hecho de animarte. Incluso con solo 30 espectadores se genera un ambiente intimidante, el hecho de pararte en el centro con todos en silencio genera nervios. Por eso admiro a todos mis colegas del freestyle, es una disciplina que requiere agallas.

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