¿Por qué las comedias románticas ya no son lo que eran?

De la era dorada al presente: cómo cambió la industria de Hollywood… y también, la manera en que nos vinculamos como sociedad.

Películas como Pretty Woman (1990), Notting Hill (1999) y Love Actually (2003) han enamorado a toda una generación. Crecimos con este tipo de historias que vendían la imagen del amor a primera vista y de las grandes demostraciones de afecto: desde el beso debajo de la lluvia hasta las declaraciones de amor a lo grande en público.

Este género tuvo su época dorada en los años 30, pero cobró mucha más fuerza en los 90 y 2000. Fue en esa época donde muchos actores se posicionaron como estrellas de Hollywood. Dentro de los rostros más conocidos reinan Hugh Grant y Julia Roberts, acompañados de Meg Ryan, Richard Gere, Cameron Diaz, Colin Firth, Billy Crystal, Ashton Kutcher, Jennifer Aniston, Adam Sandler, Ryan Gosling, Kate Hudson, Matthew McConaughey, Sandra Bullock, Ben Stiller… y la lista puede seguir.

Embed - C5N on Instagram: "LAS COMEDIAS ROMÁNTICAS YA NO SON LO QUE ERAN La industria cambió y esas historias perfectas que antes nos conquistaban ya no nos representan, y hoy la mayoría termina directo en plataformas de streaming porque ya no generan el mismo impacto en la pantalla grande. Pero… ¿El verdadero problema es que no nos representan o será que no se están haciendo buenas películas como antes? @oliveracamila_"
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Estas películas eran furor y se estrenaban una detrás de la otra, con grandes elencos, historias originales, mucha química y un humor inigualable. Pero de un momento para el otro, estas producciones empezaron a desaparecer hasta el punto de casi extinguirse por completo. Lo que genera una gran incógnita: ¿por qué sucedió esto?

El primer punto, y el más importante, es que cambió la industria. En los 90 y en los 2000, las romcoms eran rentables. En esa época, las películas de este género eran baratas de producir y generaban grandes ganancias, por lo que claramente Hollywood decidió explotarlo al máximo. Además, como anteriormente se mencionó, sus protagonistas se volvían estrellas… era redituable por donde se mirara.

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Las clásicas películas del género lograban hacer grandes ganancias, con presupuestos bajísimos.

Las clásicas películas del género lograban hacer grandes ganancias, con presupuestos bajísimos.

En el caso de Cuatro bodas y un funeral (1994), con tan sólo 4,4 millones de dólares, terminó ganando 247,5 millones. Por su parte, Tienes un e-mail (1998) inició con 65 millones de dólares y en taquilla recaudó más de 250 millones. Mientras que en Loco por Mary (1998), el presupuesto fue de 23 millones de dólares y ganó más de 369 millones. En tanto, Pretty Woman (1990), una de las más recordadas del género, contó con un presupuesto de 14 millones de dólares y logró una recaudación de más de 460 millones.

En la actualidad, ya no son tan redituables como antes: ahora llegan sólo a las plataformas de streaming, con guiones flojos y rostros no tan conocidos. Los estudios se vuelcan a lo seguro para perder lo menos posible: apuestan a las franquicias, al mundo de los superhéroes, el género de acción y una cantidad infinita de remakes y live actions que agobian… pero que terminan funcionando.

Ahora bien, eso desde el lado de la industria. Pero para que el público en general no quiera seguir consumiendo ese tipo de historias, tiene que haber sucedido otra cosa. Y una de las grandes hipótesis es que cambió la forma en que la sociedad se vincula. En un mundo donde estamos rodeados de términos como el “ghosteo”, las apps de citas y el amor propio, las personas ya no creen tanto en el amor romántico. Esas demostraciones de amor que veíamos en la pantalla ya no los representan. Ahora las relaciones son más realistas: idealizan menos y los vínculos tienen más consentimiento, comunicación y acuerdos. En otras palabras, ya no vende como antes el “cuento de hadas” perfecto.

Un dato a sumar es que los jóvenes en la actualidad tienen cada vez menos relaciones sexuales. Este fenómeno no sólo ocurre en Argentina, sino en diferentes partes del mundo, y se viene acentuando desde 2010. En Estados Unidos, un estudio realizado por el Institute for Family Studies (IFS) advirtió que en 1990 el 55% de los adultos de entre 18 y 64 años reportaba tener sexo semanalmente y para 2024, sólo el 37% declaró mantener relaciones sexuales con esa frecuencia. Además, en Argentina, según datos de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), se observó que un 25% “prefiere no tener una cita porque conlleva demasiado esfuerzo”. Es por esto que, simplemente, muchas de estas narrativas no los interpela como antes.

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Anyone But You, la película que se estrenó en 2023 y revivió al género.

Anyone But You, la película que se estrenó en 2023 y revivió al género.

Pero a pesar de todo esto, el género intentó continuar en estos últimos años. Así es como nacieron películas como Palm Springs (2020), Hazme el favor (2023) y la trilogía A todos los chicos de los que me enamoré, entre muchas otras. Pero ninguna logró el mismo impacto que las anteriores.

Hasta que se estrenó una que llegó para quedarse y revivir todo lo que generaban las exitosas del pasado: Anyone But You (2023), película protagonizada por Sydney Sweeney y Glen Powell que fue un éxito en taquilla. Con tan sólo un presupuesto de 25 millones de dólares, recaudó más de 220 millones y fue un éxito total no sólo en el cine, sino también en las redes sociales. El marketing fue clave: se construyó un rumor alrededor de la química entre los protagonistas, que se alimentó en Internet, y se aprovechó el soundtrack de la película para crear un audio tendencia en TikTok. Esto hizo sentir que las romcoms podían volver a lo que alguna vez fueron… con algunos cambios que responden a la lógica con la que nos manejamos en la actualidad.

Entonces, la gran pregunta es: ¿ya no representan a toda una sociedad o, simplemente, no se están haciendo buenas películas dentro del género? Porque sí, cambio la industria y nosotros también, pero todavía, para escapar un rato de la realidad, uno aún busca seguir viendo estas historias de amor imposibles.

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