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La nostalgia como salvavidas del cine: ¿El diablo viste a la moda 2 viene a rescatar la taquilla?

La película de Disney fue uno de los estrenos más esperados del año y ahora que ya está en la pantalla grande confirma una tendencia cada vez más evidente: las secuelas tardías llegan para asegurar resultados.

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  • Con el regreso de El diablo viste a la moda, Hollywood vuelve a recaer en uno de sus recursos más confiables: hacer segundas partes de clásicos. Todo esto, bajo un escenario donde el público elige cada vez más qué ver y dónde. Porque sí, ir al cine es todo un evento. Ya no es tanto un plan casual. Es por es que las grandes productoras apuestan por fórmulas ya probadas que reduzcan la incertidumbre y mantengan el interés por ir a las salas. Esto se traduce en remakes, live-actions, expansión de franquicias, explosión de biopics y por supuesto, secuelas tardías.

    La película estrenada en 2006 fue un ícono en su género. Hablaba sobre el mundo laboral, la industria de la moda y el éxito profesional, desde un punto de vista bastante tóxico. Todo esto, con un guion afilado –adaptado de la novela de Lauren Weisberger–, un vestuario icónico –a cargo de Patricia Field–, cameos estelares –con íconos de la moda como Gisele Bündchen y Valentino– y una música –con hitazos de Madonna– que, a día de hoy, cada vez que la escuchamos, se nos viene a la cabeza este filme.

    Meryl Streep inmortalizó a Miranda Priestly –inspirada en Anna Wintour–, mientras que Anne Hathaway se volvió un ícono también por su trabajo como la ambiciosa Andy Sachs. Stanley Tucci no se quedó atrás con su papel del leal Nigel –uno de los más queridos–, y Emily Blunt, con el ácido personaje de Emily, fue su catapulta para explotar globalmente y ser un nombre conocido en la industria del cine.

    el diablo viste a la moda 1

    El diablo viste a la moda dejó una huella en el cine de los 2000, con personajes, looks y escenas icónicas.

    Pero 20 años después apareció una secuela: una tardía. Nada nuevo en la industria del cine; ya lo vimos con Beetlejuice (36 años después), Un viernes de locos (22 años después), Top Gun (36 años después), y la lista puede seguir... Aunque, ese no es el problema, si no, qué hay de nuevo para contar luego de dos décadas. ¿Hay algo innovador o solamente sirve para recaudar ganancias?

    El cine ha enfrentado un declive significativo en asistencia y recaudación en estos últimos años, claramente, agravado por la pandemia –que “aceleró los tiempos”–, el auge del streaming –mucha gente espera a que llegue a plataformas, en lugar de ir a verlas– y crisis económicas locales.

    Martin Scorsese no lo pudo haber dicho mejor en un artículo de opinión para el New York Times, donde si bien hablaba sobre el género de superhéroes, su crítica no iba hacia esta categoría, sino hacia la lógica industrial detrás.

    “En los últimos 20 años la industria del cine ha cambiado en todos los aspectos, pero el cambio más inquietante se ha producido sigilosamente: la eliminación gradual, pero constante del riesgo. Muchas películas actuales son productos perfectos, fabricados para el consumo inmediato. […] Lamentablemente ahora tenemos dos ámbitos distintos: el entretenimiento audiovisual mundial y el cine”. “En los últimos 20 años la industria del cine ha cambiado en todos los aspectos, pero el cambio más inquietante se ha producido sigilosamente: la eliminación gradual, pero constante del riesgo. Muchas películas actuales son productos perfectos, fabricados para el consumo inmediato. […] Lamentablemente ahora tenemos dos ámbitos distintos: el entretenimiento audiovisual mundial y el cine”.

    Su lógica se replica en gran parte de Hollywood, porque cada vez hay menos apuestas originales y más dependencia de marcas ya instaladas. Y bajo este esquema se puede hablar de esta segunda parte de El diablo viste a la moda, una película que no vino para generar más que nostalgia. Con un punto de vista mucho más maduro pero sobrio –en todos sus aspectos–, esta historia se centra nuevamente en la búsqueda del éxito en un momento duro para la industria, marcado por la caída de las revistas impresas y la incrementación de los contenidos digitales, en un momento donde las redes sociales y los influencers son el motor de todo: el consumo, la visibilidad y por ende… las ganancias, claro está.

    Aunque, conforme va avanzando el filme, vemos que no va tanto hacia ese lado, y se enrosca en una historia que no tiene mucho nuevo para aportar. Pero funciona, por supuesto, para los más fanáticos. ¿Por qué? Porque recae en lo mismo de su primera entrega: la vuelta del icónico elenco, buenos outfits, cameos interesantes y una madurez en sus personajes que genera confort.

    En este contexto, El diablo viste a la moda 2 vuelve no tanto por lo que tiene para decir, sino para revivir buenos momentos. Y claramente ahí está la clave: este tipo de secuelas no buscan innovar sino asegurar. Son producciones que cada vez se arriesgan menos, que se apoyan en fórmulas ya probadas y que garantizan un piso de audiencia.

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