La exESMA en peligro: de centro del horror a símbolo de memoria acechado por el ajuste de Milei

La ex Escuela Mecánica de la Armada fue uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio del país. Décadas después, su recuperación en 2004 bajo el gobierno de Néstor Kirchner la transformó en un espacio de memoria, justicia y educación, aunque hoy enfrenta una realidad distinta atravesada por recortes presupuestarios y vaciamiento institucional.

La Escuela Mecánica de la Armada, que durante la última dictadura cívico-militar funcionó como uno de los mayores centros clandestinos de detención, tortura y exterminio del país, es hoy un símbolo de memoria, verdad y justicia. Su transformación comenzó a tomar forma en 2004, cuando el entonces presidente Néstor Kirchner impulsó la recuperación del predio y ordenó la salida de las Fuerzas Armadas, marcando un punto de inflexión en la política de derechos humanos y resignificando un espacio atravesado por el horror en un sitio dedicado a la memoria colectiva.

Durante los años del terrorismo de Estado, la ESMA se convirtió en un lugar central del aparato represivo: por ese lugar pasaron miles de personas detenidas de manera ilegal, sometidas a torturas sistemáticas y, en su gran mayoría, desaparecidas. El predio operó con una lógica clandestina que buscó borrar toda huella, mientras sobrevivientes y organismos de derechos humanos reconstruyeron, con el tiempo, lo ocurrido, transformando ese testimonio en una pieza clave para la memoria histórica argentina.

Ahora bien, el lugar tuvo un origen muy distinto. Fue cedido por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires al Ministerio de Marina para que fuera utilizado como centro de instrucción militar en 1924. Ya para 1928, se convirtió en una escuela de minería para la formación de suboficiales y los estudiantes ingresaban como aprendices a carreras como Electrónica, Aeronáutica, Mecánica Naval, Operación Técnica de Radio, Meteorología, Oceanografía, y demás, para luego recibirse con cuatro años de técnicos con rango de cabo segundo con opción a continuar la carrera, según explican en la página oficial del espacio y agrega que en 1936 ya se instaló la Escuela de Guerra Naval que estaba dedicada a la formación de alta oficialidad del arma.

ESMA
Formación de estudiantes en el edificio Pabellón Central o Cuatro Columnas.

Formación de estudiantes en el edificio Pabellón Central o Cuatro Columnas.

Durante las décadas previas, funcionó formalmente como una institución de formación de la Armada, adaptándose con el paso del tiempo a los avances tecnológicos y a las necesidades de la fuerza. Sin embargo, ese funcionamiento cambió de manera radical tras el golpe de Estado de 1976, cuando el predio comenzó a ser utilizado como uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio del país.

Pero, a pesar de eso, la escuela continuó operando como pantalla institucional, lo que permitió encubrir durante años el circuito represivo que se desarrollaba en su interior, en el marco del plan sistemático de desaparición de personas impulsado por la dictadura.

La ESMA durante la dictadura: secuestros, torturas y maternidad clandestina

El Grupo de Tareas 3.3.2, organizado bajo la órbita del almirante Emilio Massera, tuvo un rol central en la represión ilegal al encargarse de desarticular organizaciones políticas y sociales, en un accionar que derivó en la desaparición forzada de miles de personas. Dentro de la ESMA, uno de los espacios clave fue el denominado Casino de Oficiales, que se consolidó como núcleo operativo del sistema represivo. Su funcionamiento, junto con el del Campo de Mayo, simbolizó uno de los niveles más extremos de violencia desplegados por el terrorismo de Estado.

Desde ese lugar, muchas personas jóvenes terminaron en los Vuelos de la Muerte sobre el Río de la Plata. Los mismos consistían en subir secuestrados en contra de su voluntad a los aviones una o do veces por semana, mayoritariamente entre 1976 y 1977, y un grupo de secuestrados de entre 25 y 30 personas, los cuales eran estratégicamente seleccionados, los llevaban a una sala específica, se les inyectaba una sustancia que podía ser pentotal o ketalar que los adormecía y les sacaban la ropa. Luego los apilaban en un camión para llevarlos al Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires para subirlos en un avión del ejército y se arrojados al Río de la Plata y, en vuelos posteriores, al mar.

“Los secuestrados no teníamos la certeza de que se arrojaba vivos al mar a los detenidos cada miércoles. Uno de nosotros fue llevado por error y regresó. Pero ni aun así creímos lo que ocurría. No se podía vivir con la incertidumbre de que todas las semanas podíamos ser eliminados por ese método tan perverso. Como los judíos cuando los deportaban y no pensaban en las cámaras de gas sino en campos de trabajo forzado, algunos elegíamos creer la mentira de que los trasladados eran llevados a fincas en la Patagonia”, relató Miriam Lewin, secuestrada por la dictadura, a C5N.

Museo Sitio de Memoria ESMA

En esos años, se desarrolló el Mundial de fútbol de 1978 y una de las sedes más importantes era el estadio Monumental. El lugar quedaba a a pocas cuadras del centro clandestino. “En el ‘78, cuando estuve secuestrada en la ESMA, los militares estaban exultantes por la oportunidad de propaganda pro dictadura que significaba el Mundial. La pasión del fútbol les resultaba funcional para blanquearse e instrumento para neutralizar la que consideraban campaña antiargentina en el exterior. Ni los represores ni los prisioneros anticipábamos el final de la dictadura y menos aún los juicios”, rememoró.

A fines de 1979, la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina, motivada por las crecientes denuncias sobre violaciones a los derechos humanos, obligó a las autoridades de la ESMA a desplegar maniobras de encubrimiento. Ante la inspección del Casino de Oficiales, numerosos detenidos y desaparecidos fueron trasladados de manera clandestina a la quinta El Silencio, en Tigre. Con el mismo objetivo de ocultar evidencias, se tapiaron sectores internos del edificio, como un ascensor y una escalera, que permanecieron ocultos hasta su hallazgo décadas más tarde, en 2011.

Otro de los aspectos más aberrantes del funcionamiento de este centro clandestino fue la existencia de una maternidad ilegal. Allí nacieron alrededor de 34 bebés de personas detenidas ilegalmente, en el marco de un sistema organizado desde 1977 por el Grupo de Tareas para mantener con vida a mujeres embarazadas en condiciones precarias y sin atención médica adecuada, con el único fin de garantizar los nacimientos.

Durante ese período, el director de la ESMA, Rubén Jacinto Chamorro, denominaba a ese espacio la pequeña Sardá, en alusión a la Maternidad Sardá. Tras los partos, los recién nacidos eran apropiados y entregados a miembros de las fuerzas represivas o a personas de su entorno, en una práctica sistemática que formó parte del plan de apropiación de menores impulsado por la dictadura.

El regreso de la democracia y la falta de intervención al predio

En 1983 volvió la democracia al país, la ESMA continuó funcionando formalmente como una institución de formación de la Armada, sin que se modificara su estructura ni su uso. Durante esos años, el predio siguió bajo control militar, a pesar de las denuncias y testimonios que lo señalaban como uno de los principales centros clandestinos de detención durante la dictadura. Esta continuidad reflejó, en parte, las limitaciones políticas y judiciales del período para avanzar plenamente sobre los crímenes del terrorismo de Estado.

En paralelo, comenzaron a desarrollarse los primeros procesos de investigación y juzgamiento, como el histórico Juicio a las Juntas, que permitió visibilizar lo ocurrido en lugares como la ESMA a partir de los testimonios de sobrevivientes. Sin embargo, las posteriores leyes de Punto Final y Obediencia Debida, junto con los indultos de la década de 1990, frenaron en gran medida el avance de la justicia, consolidando un escenario de impunidad que también impactó en la falta de intervención estatal sobre el predio.

A lo largo de los años noventa, la ESMA se mantuvo como un espacio en disputa simbólica. Organismos de derechos humanos, sobrevivientes y familiares de desaparecidos impulsaron acciones para denunciar lo ocurrido allí y reclamar su recuperación como sitio de memoria. Estas demandas se expresaron en actos, señalizaciones y propuestas para transformar el lugar, aunque sin lograr en ese momento un cambio concreto en su administración.

Recién a comienzos de los años 2000, en un contexto de reactivación de las políticas de derechos humanos, se generaron las condiciones para avanzar en la recuperación del predio. La recuperación de la ESMA como espacio de memoria marcó un antes y un después en la política de derechos humanos en la Argentina. En 2004, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, el Estado nacional avanzó en la decisión de quitar el predio del control de la Armada para transformarlo.

La recuperación de la ESMA de 2004 para pasar a ser un Espacio de Memoria, Verdad y Justicia

El 24 de marzo de ese año, en el marco de un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, se llevó a cabo un acto histórico dentro del predio. Kirchner anunció la creación de un espacio para la memoria y ordenó la retirada de las Fuerzas Armadas, en una decisión que buscó marcar una ruptura con décadas de silencio e impunidad. El evento contó con la presencia de organismos de derechos humanos y sobrevivientes, quienes habían sostenido durante años el reclamo por la recuperación del lugar.

En paralelo, el gobierno impulsó una serie de medidas simbólicas y políticas que acompañaron este proceso, como la renovación del rol de las Fuerzas Armadas en democracia y la anulación de las leyes de impunidad.

A partir de entonces, el predio comenzó a transformarse en el Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos. Diversas organizaciones sociales, culturales y de derechos humanos se instalaron en sus edificios, desarrollando actividades educativas, artísticas y de investigación.

ESMA
El día de la recuperación de la ESMA.

El día de la recuperación de la ESMA.

Durante los años siguientes, distintos edificios dentro del predio fueron recuperados y destinados a instituciones vinculadas a los derechos humanos. Se instalaron espacios como el Archivo Nacional de la Memoria, el Centro Cultural Haroldo Conti y la Casa por la Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo, entre otros. También se creó un edificio en el sector H.I.J.O.S donde se brindaron carreras secundarias de la Universidad de La Plata como lo es periodismo deportivo, que recibe a decenas de estudiantes por año.

Un hito necesario en este proceso fue la apertura del Museo Sitio de Memoria ESMA, ubicado en el histórico Casino de Oficiales. Este espacio fue concebido como un lugar de testimonio y reflexión, basado en los relatos de sobrevivientes y en la documentación judicial, con el objetivo de dar cuenta del funcionamiento del centro clandestino y de honrar a sus víctimas. La musealización se realizó respetando la estructura original del edificio, preservando su valor como prueba judicial en los juicios por delitos de lesa humanidad.

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La exESMA, golpeada por recortes presupuestarios en el gobierno de Javier Milei

En la actualidad, la exESMA atraviesa una etapa de fuerte ajuste y reconfiguración desde la llegada al poder de Javier Milei. Si bien el predio continúa abierto y siguen funcionando instituciones como el Museo Sitio de Memoria, el Archivo Nacional de la Memoria y otros organismos, su funcionamiento se ha visto afectado por recortes presupuestarios, cambios en la estructura estatal y despidos de trabajadores.

En 2024, las partidas destinadas al museo y a los espacios de memoria sufrieron caídas cercanas al 90% en términos reales, y para 2025 directamente no se asignaron fondos específicos en el presupuesto nacional. Esto fue aú peor en 2026, donde nuevamente no se prevén partidas para el funcionamiento del Museo Sitio de Memoria ESMA ni para otras políticas vinculadas, como los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad o la preservación del Archivo Nacional de la Memoria.

A esto se suman cambios institucionales más amplios: el área de Derechos Humanos fue degradada dentro del organigrama estatal, organismos clave perdieron autonomía. También hubo decisiones administrativas, como la cesión de edificios dentro del predio para usos estatales y la reubicación de dependencias, lo que generó tensiones con organismos de derechos humanos y trabajadores del espacio.

Estas medidas generaron un fuerte rechazo por parte de organismos de derechos humanos, sobrevivientes y sectores políticos, que denuncian un “vaciamiento” de las políticas de memoria, verdad y justicia. Incluso la Justicia intervino en algunos casos para garantizar que el predio se mantenga abierto, con personal suficiente para su conservación y funcionamiento. En paralelo, el debate también se trasladó al plano simbólico, con cuestionamientos oficiales a aspectos centrales de la memoria histórica de la dictadura.

ESMA

“La ESMA está desfinanciada materialmente y simbólicamente amenazada. El relato, los videos y los textos que acompañan el recorrido en el Casino de Oficiales fueron intervenidos, empezando por las notaciones que daban cuenta del sufrimiento diferencial de las mujeres”, contó Lewin. Y agregó que “este 24 van a aparecer acusaciones de violencia contra los prisioneros secuestrados, como si eso justificara las torturas, robos de bebés y de inmuebles, violaciones”.

La transformación del predio en un Espacio para la Memoria permitió resignificar su horroroso pasado, preservando testimonios, promoviendo la reflexión y garantizando que las nuevas generaciones conozcan la historia real de la dictadura. Sin embargo, su presente todavía está en un proceso en constante construcción y defensa. Los recortes presupuestarios y la desarticulación de políticas estatales durante los últimos años ponen en riesgo la conservación de los edificios, la continuidad de las actividades educativas y culturales, y la plena vigencia del testimonio de los sobrevivientes. Esto evidencia que la memoria requiere vigilancia, compromiso ciudadano y respaldo institucional permanente.

A pesar de las dificultades actuales, el Espacio Memoria sigue siendo un lugar de resistencia simbólica y política. Su existencia y funcionamiento recuerdan que la defensa de los derechos humanos no es solo un acto de justicia con las víctimas, sino también un compromiso con la sociedad, que debe mantener viva la memoria para prevenir que hechos como los ocurridos durante la dictadura se repitan.

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