Macarena acababa de volver a la casa de sus padres en Montevideo cuando su madre le dijo que necesitaban hablar. En medio de un clima sombrío, le pidió que no se moviera.
Macarena Gelman tenía 23 años cuando se enteró cómo la dictadura argentina había devastado a su familia. Sus padres biológicos fueron secuestrados y desaparecidos.
Macarena acababa de volver a la casa de sus padres en Montevideo cuando su madre le dijo que necesitaban hablar. En medio de un clima sombrío, le pidió que no se moviera.
Que se quedara quieta y escuchara.
Lo primero que pensó Macarena, que en ese momento tenía 23 años, es que debía ser algo relacionado con su padre. Había muerto unos meses antes y en sus últimas semanas estaba actuando de forma extraña. Le controlaba sus movimientos mucho más de lo habitual. En un momento dado incluso le había pedido perdón, sin explicar por qué.
Pero antes de que pudiera articular palabra, su madre rompió en llanto.
De la nada, Macarena le preguntó si era realmente hija biológica de ellos. Desconcertada, su madre le preguntó quién se lo había dicho. Nadie, respondió Macarena. Era algo que se le había cruzado por la cabeza y lo había dicho sin pensar.
"Nunca lo había pensado antes, pero, mirando para atrás, creo que en algún nivel siempre lo supe. Sueños que uno tiene — todo empieza a tener sentido", recuerda Macarena, más de 25 años después de aquella conversación que le cambió la vida.
Ese día, su madre le contó que un amigo de la familia, un obispo católico, le había dicho que el abuelo biológico de Macarena la estaba buscando. Era febrero de 2000 y Macarena estaba a punto de adentrarse en un entramado de revelaciones que trastocarían su vida por completo.
Macarena descubriría que los padres con quienes había crecido no eran sus padres biológicos; que sus padres biológicos habían sido secuestrados y desaparecidos casi 25 años antes; que su abuelo, un poeta de renombre mundial, había llevado adelante una campaña global para encontrarla; y que su tragedia había sido puesta en marcha por una operación macabra: el Plan Cóndor.
Las Fuerzas Armadas tomaron el poder en Argentina mediante un golpe de Estado en marzo de 1976, instaurando un reino de violencia atroz que llevaría al secuestro y asesinato de miles de personas: activistas políticos, dirigentes sindicales, periodistas e individuos sin vida pública.
Aunque la junta militar afirmaría luego que las muertes fueron el lamentable daño colateral en la lucha contra grupos guerrilleros armados, la evidencia presentada en múltiples juicios demostraría que los crímenes formaban parte de un plan sistemático ejecutado desde el primer día. Entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983, los militares desaparecieron, torturaron y asesinaron a 30.000 personas.
La represión de la dictadura estaba en su punto más álgido en agosto de 1976, cuando María Claudia García Iruretagoyena y Marcelo Gelman, casados apenas dos meses antes, fueron secuestrados por seis hombres armados en su casa de la Ciudad de Buenos Aires.
La pareja, de 19 y 20 años, se había conocido como militantes políticos en la escuela secundaria. María Claudia estaba embarazada de siete meses al momento del secuestro.
Ambos fueron llevados a Automotores Orletti, un centro clandestino de detención de la dictadura ubicado en un taller mecánico del barrio porteño de Floresta. Investigaciones posteriores determinaron que allí fueron llevadas cerca de 300 personas, la gran mayoría de las cuales permanece desaparecida. Desde 2010 se realizaron seis juicios distintos en nuestro país por crímenes de lesa humanidad cometidos allí.
Orletti también fue el centro operativo en el país para el esquema conjunto del Plan Cóndor: un plan sistemático, gestado desde principios de los años setenta por los servicios de inteligencia de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, para coordinar la persecución de disidentes políticos exiliados en la región.
El plan, al que se sumarían luego Brasil, Ecuador y Perú, entraría formalmente en vigencia en noviembre de 1975 y desataría toda su ferocidad en los años siguientes. Su consecuencia inmediata fue que los refugiados políticos y quienes habían huido al exilio ya no estaban seguros el esquema interconectado permitía que el aparato de seguridad de los países a los que habían escapado los persiguiera o delatara su paradero.
El Plan Cóndor desempeñó un papel clave en el destino de María Claudia. No está claro por qué fue separada de su marido y trasladada a Uruguay. Si bien las fuerzas de seguridad solían enviar prisioneros a través de las fronteras, se trataba generalmente de ciudadanos extranjeros devueltos a su país de origen. Como María Claudia era argentina y no tenía vínculos con Uruguay, no había razón aparente para llevarla allí.
En algún momento de principios de octubre de 1976, María Claudia fue trasladada a un centro clandestino de detención en Montevideo conocido como el Servicio de Información de Defensa (SID). Se cree que dio a luz en el Hospital Militar el 1 de noviembre. La fecha no puede confirmarse, ya que no existe ningún registro de que María Claudia haya estado en ese hospital. Sin embargo, documentos oficiales acreditan que ese día se produjo un nacimiento y que el bebé tiene el mismo grupo sanguíneo que Macarena.
María Claudia fue vista por última vez a fines de diciembre de 1976, saliendo del centro de detención con Macarena en una canasta. Su paradero sigue siendo desconocido hasta hoy.
Marcelo Gelman fue asesinado en octubre de 1976. Su cuerpo fue luego introducido en un tambor de aceite vacío y arrojado al Canal de San Fernando, el método que los torturadores de Automotores Orletti utilizaban habitualmente para deshacerse de sus víctimas.
El tambor fue sacado del agua poco después, pero los restos no pudieron identificarse y fueron enterrados como NN. Su identidad no se confirmó hasta 1989, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), una ONG creada tras la dictadura para buscar e identificar los restos de desaparecidos, realizó una exhumación en el cementerio donde había sido inhumado y cotejó el ADN con el de sus familiares.
Macarena creció como hija única. Aunque no era una militante política, sí asistió a un par de Marchas del Silencio, la marcha anual del 20 de mayo que se realiza en Uruguay desde 1996 para exigir que se esclarezcan las desapariciones y crímenes cometidos durante la dictadura uruguaya, que tuvo lugar entre junio de 1973 y marzo de 1985.
A los 15 años encontró un libro sobre los desaparecidos y le preguntó a su padre qué significaba esa palabra.
"No podía imaginarme cómo alguien podía simplemente desvanecerse y que nadie volviera a saber de esa persona", dice.
En esencia, tuvo una infancia normal, con las mismas angustias y deseos que cualquier chica de su edad. Sin que ella lo supiera, sin embargo, un movimiento global para encontrarla estaba tomando forma.
La figura más reconocida de la búsqueda fue su abuelo paterno, Juan Gelman. En los años setenta, Gelman había sido miembro de los Montoneros, una organización guerrillera de izquierda que se convertiría en uno de los principales blancos de la junta militar.
Logró escapar de la persecución porque estaba fuera de Argentina cuando los militares tomaron el poder en marzo de 1976. Permaneció en el exilio durante toda la dictadura y se radicó finalmente en México, donde falleció en 2014.
Además de periodista y traductor, Gelman fue uno de los poetas más celebrados de la lengua española. En 2007 recibió el Premio Miguel de Cervantes, el galardón anual que reconoce la trayectoria de un escritor en español, y es considerado la distinción más prestigiosa de esta lengua.
En febrero de 1978, un alto funcionario del Vaticano le comunicó a Gelman que su nieto había nacido, pero sin precisar cuándo ni dónde ni si era varón o mujer. A fines de los años noventa, recibió confirmación de que el niño había nacido efectivamente en Uruguay.
Se cree que Gelman se enteró por primera vez de que su nieto podría estar en Uruguay a través de sobrevivientes de Automotores Orletti, quienes sabían que una mujer embarazada detenida allí había sido trasladada a Uruguay en octubre de 1976.
Lamentablemente, nadie conocía su nombre.
En 1995, Gelman publicó una carta abierta a su nieto en Página 12. El texto, en el que Gelman repasa la historia de los padres de Macarena y las múltiples reflexiones que le despertaba la incógnita de su nieto, se ha convertido en un documento emblemático de la experiencia desgarradora que atraviesan los familiares de víctimas de la dictadura en su búsqueda.
"Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él", dice un fragmento del texto.
Gelman viajó a Uruguay en 1999 y comenzó a tocar todas las puertas que se le ocurrían para obtener información. Llegó incluso a contactar al presidente José María Sanguinetti, quien no se mostró abierto a sus pedidos: el mandatario hizo declaraciones públicas en las que negó rotundamente que hubiera habido apropiación de menores en Uruguay durante la dictadura.
El punto de inflexión fue una carta abierta firmada por 20.000 personas — entre ellas figuras de renombre como los premios Nobel Günter Grass, José Saramago, Dario Fo y Adolfo Pérez Esquivel — que fue enviada a Sanguinetti pidiéndole que ayudara a Gelman. Fue la acción más visible de la campaña global para recuperar a Macarena.
“Ayude a Juan Gelman, ayude a la Justicia, ayude a los muertos, ayude a los torturados y a los secuestrados. Ayudando a los vivos que los lloran y los buscan, ayúdese a sí mismo, ayude al nieto desaparecido que no tiene, pero que podría tener”, rezaba el fragmento inicial.
La dimensión pública de la campaña desbloqueó la situación. Vecinos de la familia de Macarena, que vieron las notas y la búsqueda en los medios locales, le dijeron al obispo del lugar que Macarena encajaba con la cronología y la descripción. Agregaron que nunca habían visto a su madre embarazada.
Gelman fue finalmente recibido por el sucesor de Sanguinetti, Jorge Luis Batlle. Para ese entonces, sin embargo, Macarena ya había sido localizada gracias a los esfuerzos de su abuelo y de un grupo de periodistas.
Macarena y Juan Gelman se conocieron por primera vez el 31 de marzo de 2000. Ella realizaría luego un análisis de ADN que confirmaría su identidad y la convertiría en la nieta recuperada número 67 localizada e identificada por las Abuelas de Plaza de Mayo. Las dos abuelas biológicas de Macarena, María Eugenia Casinelli y Berta Schubaroff, eran integrantes de la organización.
La revelación sobre sus orígenes sacudió a Macarena hasta los cimientos.
"Me sentí muy sola. No tenía mucha familia más allá de mis padres, y mi padre ya había muerto. Solo estaba mi madre, y recuerdo haberme sentido muy sola y confundida", explicó.
El hecho de que sus padres adoptivos, las personas en quienes confiaba para sentirse protegida y segura, le hubieran mentido no hizo más que empeorar la situación.
"Mi sensación de confianza se había roto."
Según su madre adoptiva, a Macarena la dejaron en una canasta en la puerta de la casa el 14 de enero de 1977. Adentro había una nota que supuestamente decía que la bebé había nacido el 1 de noviembre de 1976 y que sus padres no podían hacerse cargo de ella.
No está claro por qué sus padres adoptivos fueron elegidos. Macarena ha investigado algunas teorías que intentan explicar la conexión, pero no ha encontrado evidencia definitiva para respaldarlas.
"Las autoridades uruguayas nunca investigaron nada relacionado con esto", dice.
A pesar de las revelaciones que sacudieron su mundo, Macarena mantuvo una relación con su madre adoptiva.
"Algunas cosas, claro, cambiaron, pero pudimos preservar nuestro vínculo."
Construir una relación con la familia biológica, en cambio, resultó ser un asunto global. Mientras Juan Gelman vivía en México, su abuela paterna había huido a España con su hija, Nora, tras la desaparición de Marcelo. La familia de su madre seguía viviendo en Argentina.
“Puse límites con mi familia biológica y mi familia adoptiva. Les dije que no quería estar sometida a un tironeo", explicó. “Algunos lo entendieron, y otros no tanto.”
La doble identidad de Macarena, sin embargo, comenzó a pesarle. Una vez, conversando con un hombre en el colectivo, dijo que su padre tenía ascendencia ucraniana. El hombre la miró extrañado y le dijo que su apellido no sonaba ucraniano.
Finalmente decidió adoptar los apellidos de sus padres biológicos. Hoy es María Macarena Gelman García Iruretagoyena.
El caso Gelman fue objeto de múltiples procesos judiciales en Argentina y Uruguay. La desaparición de los padres biológicos de Macarena fue juzgada en el juicio Automotores Orletti II, que investigó crímenes cometidos en el marco del Plan Cóndor. El proceso, que se desarrolló entre 2013 y 2016, condenó a 15 personas por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 106 víctimas.
El caso de Macarena también fue uno de los 34 casos que la justicia argentina presentó como prueba en un juicio realizado en 2012 contra nueve militares por su participación en el robo sistemático de bebés, cometido por la dictadura. Uno de los condenados fue el dictador Jorge Rafael Videla, quien recibió una pena de 50 años de prisión.
En Uruguay la situación fue más compleja. Juan Gelman presentó en 2002 una denuncia penal para investigar el secuestro y la desaparición de su nuera. El caso, sin embargo, fue archivado porque el país había aprobado leyes de amnistía tras el fin de la dictadura en 1985.
En 2006, Juan y Macarena presentaron una denuncia contra el Estado uruguayo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por la desaparición de su madre.
La CIDH emitió un fallo que condenó al Estado uruguayo por el crimen e instó a investigar y determinar quiénes eran los responsables.
Tras el fallo de la CIDH en 2011, Uruguay aprobó una modificación a la ley de amnistía del país — la denominada Ley de Caducidad — estableciendo que no incluiría los crímenes de lesa humanidad. En 2017, cuatro exmilitares y un expolicía fueron condenados por el asesinato de María Claudia García Iruretagoyena.
Organizaciones de derechos humanos protestaron contra el fallo —confirmado por la Corte Suprema de Uruguay en 2020— argumentando que María Claudia también había sido desaparecida, no solo asesinada.
Macarena asumió un rol muy público en los años posteriores a que se conociera su origen. Contó su historia en múltiples espacios y declaró en los juicios que investigaban la desaparición de sus padres. También se postuló para un cargo electivo por la coalición de centroizquierda Frente Amplio en 2014, ganando una banca en el parlamento que ejerció hasta 2019.
En la actualidad, sin embargo, está alejada de la política y mantiene un perfil más bajo. La decisión se debe en parte a cuestiones personales, pero es innegable que las dificultades que encontró al intentar llegar al fondo del caso de su madre le pasaron factura.
"Tuve unas cuantas desilusiones", admite, y añade que tiene preocupaciones sobre el rumbo de la lucha por la memoria.
"Me pregunto por qué no pudimos avanzar más".
*El Buenos Aires Herald está publicando una serie de notas por los 50 años de la firma del Plan Cóndor. Las notas fueron co-producidas junto con el proyecto Plancondor.org, el cual es liderado por la Dra. Francesca Lessa en colaboración junto al Proyecto Sitios de Memoria Uruguay, el Observatorio Luz Ibarburu de Uruguay y Londres 38 de Chile, con el apoyo del University College London.