Javier Milei se desgasta y el peronismo no sale de su laberinto

El Presidente ató su suerte a la de Manuel Adorni, su jefe de Gabinete: invirtió capital simbólico sin precedentes y todas las encuestas reflejan una caída en la imagen. Mientras tanto, en la oposición, el peronismo no logra articular una respuesta acorde a la catástrofe económica y social.

El apoyo al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en su exposición en la Cámara de Diputados tuvo al Presidente y a todo su Gabinete en un tour de force político inédito para la historia argentina. En efecto, no se tienen recuerdos de que para un simple informe de gestión de un funcionario se haya invertido tanto capital simbólico. El gabinete en pleno asistió, el propio presidente posó junto a la cabeza con la música de Rocky de fondo, insultando a diputados y periodistas, la secretaria General supervisó cada detalle como si en todo el episodio se jugara algo más que la supervivencia política de Adorni. Y, probablemente, tengan razón.

Milei ató su suerte a la de su jefe de ministros porque éste es su construcción más acabada pero también porque el libertarismo ve como una debilidad cualquier retroceso o autocrítica. Al menos, en público. Una cosa y otra se conjugan en este escándalo. Porque no siempre tiene la misma postura defensiva. En la misma semana, el oficialismo hizo renunciar a Carlos Frugoni -el secretario de Coordinación Estratégica que ocultó siete departamentos en Miami- y escrachó a Demian Reidel al revelar gastos millonarios con diferentes tarjetas corporativas en el exterior durante su gestión al frente de Nucleoeléctrica Argentina SA .

Como en el caso del diputado José Luis Espert y sus vínculos narco, la constante parece estar dada por la falta de apoyo de la mujer más poderosa del gobierno, Karina Milei. Ella es la que considera qué batallas deben darse hasta el final y cuáles no. Y en el caso de Adorni se decidió que hasta el presidente debía tirarse arriba de la granada. La exposición de Adorni pasó a un segundo plano. El jefe de ministros se atuvo a un guión que negaba las acusaciones personales con chicanas y justificaba los horrores de gestión del gobierno en Discapacidad, Salud, Jubilaciones y Economía en general con la soberbia y altanería que patentó como marca propia antes del escándalo. La marca se la llevaron los exabruptos de Milei y la presencia pretoriana de su hermana. Quizá por esta defensa cerril, en estos días volvieron a aflorar críticas larvadas hacia la secretaria General de la Presidencia, completamente acalladas luego del triunfo electoral de octubre del año pasado. Es contrafáctico plantearlo hoy, pero hasta en La Libertad Avanza se preguntan si el éxito en las elecciones de medio término se debió a su pericia o a que el peronismo desdobló las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Esto último también sigue siendo motivo de controversias en una oposición repleta de internas. Cerca del gobernador Axel Kicillof aseguran que sin ese desdoblamiento no habría habido ni siquiera triunfo provincial. En La Cámpora y el massismo, que ese resultado activó el voto útil dentro del antiperonismo pero, sobre todo, la intervención del secretario del Tesoro norteamericano Scott Bessent, fundamental para ordenar un escenario preelectoral tremendamente volátil.

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El Presidente en un balcón de la Cámara de Diputados, durante la exposición de Adorni.

El Presidente en un balcón de la Cámara de Diputados, durante la exposición de Adorni.

Lo llamativo por estos días en relación con aquello es que el ministro de Economía, Luis Caputo, asegura ahora que el “riesgo Kuka” se terminó, pero el recelo del sector financiero acerca de la continuidad del gobierno más allá de 2027 no hace otra cosa que crecer. Y lo hace en varios frentes. En el económico, el carry trade parece haber agotado sus posibilidades y el fantasma del default acecha, por ahora levemente, las expectativas de los inversores especulativos. Los únicos a los que el gobierno logró seducir en masa. Pero también el frente electoral parece complicado. Las señales de deterioro en la imagen de Javier Milei empiezan a consolidarse en distintos estudios y muestran un patrón común: el impacto combinado de los escándalos de corrupción y el desgaste de la economía real. Lo segundo potencia el impacto de lo primero porque erosiona uno de los activos centrales del oficialismo: la idea de que el sacrificio económico tenía un horizonte claro y una conducción políticamente distinta. La bonanza para los sectores populares no llega nunca, pero sí para algunos funcionarios del gobierno.

En este sentido, el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella registró en abril un derrumbe del 12,1% respecto de marzo. Este dato es relevante porque el índice ha sido un mejor predictor de conductas electorales que la mayoría de las encuestas. En el rubro “honestidad”, la percepción se desplomó un 8,4%.

Pero, como decíamos, esto viene acompañado también de una caída de la percepción económica cotidiana. Allí, el Índice mostró una baja mensual del 5,68%, con un dato particularmente inquietante para el Gobierno: el mayor derrumbe se produjo en el interior del país, donde el mileísmo todavía conserva sus niveles más altos de apoyo. La caída fue del 10,57%. El golpe también fue muy fuerte en los hogares de menores ingresos, donde la confianza retrocedió un 12,6%, reflejando el impacto directo del ajuste sobre el consumo y las condiciones de vida.

imagen presidente Javier Milei abril 2026

Por eso, todas las encuestas vinculadas a la imagen del gobierno también reflejan la baja. La última encuesta de AtlasIntel muestra que la aprobación presidencial cayó al 35,5%, mientras la desaprobación escaló hasta el 63%. El dato político más alarmante para la Casa Rosada aparece en el ranking de preocupaciones sociales: la corrupción pasó a encabezar con claridad la lista de los principales problemas nacionales, con un 50,3%, después de haber marcado 43% en marzo y 44% en febrero. Detrás quedaron el desempleo (38,5%), la inflación y los altos precios (35,9%) y la situación económica general (32,6%).

El cuadro hacia adelante tampoco muestra expectativas favorables. Un 56% cree que la economía y el mercado laboral empeorarán en los próximos seis meses, mientras que casi la mitad de los consultados espera un deterioro en la situación de su propio hogar. En paralelo, la vida cotidiana empieza a reflejar con crudeza el desgaste del programa económico: un 58,4% asegura haber reducido consumos para afrontar los aumentos, un 32,8% reconoce endeudarse y un 19,6% busca ingresos extra para llegar a fin de mes. La propia agencia norteamericana Bloomberg publicó esta semana un análisis crítico sobre el presente de Javier Milei, en el que sostiene que el mandatario “está poniendo a prueba los límites de lo que los votantes están dispuestos a tolerar, en un contexto atravesado por denuncias de corrupción, presión inflacionaria y señales de malhumor social”.

Luego del miércoles furioso en el Congreso, en la Rosada creen que estos datos son viejos, aseguran que lo peor ya pasó y que los trackings diarios que hacen otras consultoras marcan una recuperación de más de un tercio de la imagen presidencial en esta última semana.

En un sector de la oposición peronista, apoyados en sus propias encuestas, creen lo mismo y por eso plantean que hay que organizar una agenda legislativa mucho más agresiva que reúna todas las preocupaciones sociales que va generando el ajuste libertario para mantener la iniciativa que produjo el escándalo Adorni junto con la crisis en la economía real. Los proyectos vinculados a intentar resolver el muy generalizado problema de la morosidad de las familias parecen estar a la cabeza de las iniciativas que podrían generar consensos en el amplio arco opositor.

CGT
La CGT movilizada contra la gestión de Javier Milei.

La CGT movilizada contra la gestión de Javier Milei.

La movilización organizada el jueves por la CGT con motivo del Día del Trabajador fue pensada de modo inorgánico por el triunvirato de conducción como una parte de esa estrategia, pero tuvo elementos que se parecen a un naufragio. Los dirigentes de la central obrera confiaban en que sus contactos con la cúpula de la Iglesia -que comparte las preocupaciones por la situación social- motivarían un acto conjunto que se asemejara al de “Pan, paz y trabajo” del 30 de marzo de 1982. Hasta llegaron a imaginar que el oficio religioso que se realizó en el acto del jueves para recordar al Papa Francisco fuera encabezado por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. Pero el episcopado nunca estuvo dispuesto a avanzar de modo tan decidido en el plan y el oficio tuvo al padre Toto de Vedia, cura en opción por los pobres, como sacerdote. Hasta se había especulado con un posible documento que reuniera a la CGT, la Iglesia y hasta al grupo Techint, alertando sobre la desindustrialización que atraviesa nuestro país y la destrucción de empleo como preocupaciones centrales. Todo quedó en la nada. El triunvirato de la CGT no las tiene todas consigo ni siquiera en el frente interno, luego del traspié en la Justicia de la cautelar que interpusieron contra la reforma electoral.

Los dirigentes gremiales más combativos les achacan haber sostenido la vía judicial como única forma de oposición. El viernes, en el camping de la UOM en Pilar, se reunieron más de 1.500 dirigentes sindicales. Allí, se debatió un programa de lucha centrado en cuatro ejes compuestos por la exigencia de un Salario Mínimo, Vital y Móvil real que cubra las necesidades básicas, la defensa de los derechos laborales frente a la precarización, la protección de la soberanía y la industria nacional, y la reivindicación del derecho a huelga y la libertad sindical. La convocatoria del Frente de Sindicatos Unidos busca algo más que una postura defensiva: empieza a delinear un posicionamiento sindical pensado para la etapa posterior al ciclo político de Javier Milei. Bajo la consigna “Unidad, lucha y rebeldía para recuperar la Patria”, el espacio reunió a más de 140 organizaciones gremiales de sectores industriales, estatales, portuarios, docentes, aeronáuticos, aceiteros y de la salud, en un intento por construir una referencia común frente al desgaste del oficialismo.

El cierre estuvo a cargo de Abel Furlán, Rodolfo Aguiar y Daniel Yofra, los dirigentes que hoy funcionan como principales articuladores del frente. En sus intervenciones insistieron en la necesidad de superar la fragmentación sindical y empezar a discutir una salida política, económica y social para el escenario que imaginan después del mileísmo. El documento consensuado durante la jornada reunió una serie de propuestas y lineamientos que el espacio buscará instalar en los próximos meses como base de un programa alternativo. Todavía no queda claro cómo eso podría convertirse en una plataforma, teniendo en cuenta que los convocantes forman parte de tradiciones políticas disímiles que muchas veces se han enfrentado. La preocupación por el internismo y la fragmentación que se produce en el sector sindical es un reflejo de todo el espectro opositor. En casi todas las tribus del peronismo bonaerense se reconoce que la unidad hoy es una quimera pero que, además, la experiencia del Frente de Todos en 2019 demuestra que no puede ser sólo una alianza electoral circunstancial sino un programa de gobierno. “Esto no es casual. Las blancas también juegan”, asegura un histórico dirigente kirchnerista para graficar que el espacio no termina de catalizar de modo productivo la última experiencia de gestión, que no mensura en toda su dimensión la prisión de Cristina Kirchner y que no logra salir de los recelos intestinos más básicos para articular una respuesta acorde a la catástrofe económica y social que se viene desarrollando. El gobierno también cuenta con esa debilidad para aminorar las propias.