Un año atrás, resultaba difícil imaginar que los últimos días de diciembre fueran, en términos callejeros, tan poco calientes dado el ajuste que está realizando la gestión de Javier Milei. Se sabe, los procesos sociales tienen lógicas de acumulación y explosión que no siguen las urgencias ni los deseos de opositores ni críticos, esos que no han sabido articular una propuesta antagónica a la del oficialismo. A los que se preguntan por qué la calle no reacciona de modo más decidido a la evidente caída de las condiciones materiales se les podría preguntar por qué no lo ha hecho la política. Tanto por el acompañamiento en el Congreso como por la complicidad de buena parte de los gobernadores, el Gobierno no tuvo grandes oposiciones a la largo de 2024.
La elección de Cristina Kirchner como presidenta del Partido Justicialista, junto a la gestión en las antípodas de la de Milei que propone Axel Kicillof -y completan Ricardo Quintela, Gildo Insfrán, Sergio Ziliotto y Gustavo Melella en sus provincias- son los únicos hechos discordantes de un espectro político que se ha rendido a los pies del “león”.
¿Se producirán en 2025 otras reacciones que obstaculicen el plan del gobierno? Difícil preverlo pero está claro que el espiral descendente de calidad de vida de los argentinos y el ascendente de la financiarización de la economía producirán efectos tarde o temprano.
Mientras tanto, Milei goza de un verano tranquilo. Pero otro hecho impensado ha oscurecido con nubarrones la interna oficialista. Las secuelas de la expulsión del Senado del aliado Edgardo Kueider parecen no tener fin y amenazan con salpicar los hechos institucionales más básicos. Como ejemplo puede servir el affaire por el traspaso de mando, luego del viaje presidencial a Italia.
Se ha hablado hasta el cansancio de la legitimidad o no de la sesión que presidió la vicepresidenta Victoria Villarruel pero casi nada que, en virtud de estos cortocircuitos internos, el país estuvo acéfalo durante más de 6 horas hasta que la vicepresidenta se notificó de que quedaba a cargo. Parecen temas menores pero muestran cómo los cruces de una fuerza que muestra mucha decisión hacia afuera y poca cohesión interna pueden complicar los actos esenciales de la administración del Estado.
Villarruel protagonizó otra polémica intestina cuando aludió sin nombrarla a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, al contestar a un usuario de la red social X que la increpaba por no decir nada acerca de la situación de Nahuel Gallo, el gendarme detenido en Venezuela. “Jamás habría autorizado a un gendarme a ir a Venezuela. Lo que está ocurriendo es la consecuencia tristemente obvia, pero como no soy del área de seguridad, no opino de las sanciones y acciones que se debieran tomar” sentenció la presidenta del Senado.
Villarruel aprovechó el episodio para ajustar una cuenta pendiente. La vicepresidenta nunca había mostrado ninguna reacción ante la decisión de Milei de no otorgarle dos áreas -Defensa y Seguridad- que en campaña le había prometido. La réplica de Bullrich no se hizo esperar y, según pudo saber este cronista, estuvo absolutamente consensuada con la Casa Rosada. “Sra. Vicepresidente. Resulta vergonzoso que utilice a Nahuel Gallo para juntar likes, y además elimine el tuit cuando la repercusión no es la esperada. Los argentinos ya no toleran la cobardía ni el oportunismo político”, le reclama.
Bullrich avanza aún más y mete el dedo en la llaga: “Es claro que usted habla con total desconocimiento de los canales y mecanismos administrativos que rigen en el marco de la Gendarmería Nacional. La autorización de viajes se otorga a través de la Dirección de Personal. Por eso le solicito que antes de emitir declaraciones, la próxima vez se informe”.
En el final del posteo, se nota que la acción está sincronizada con las críticas en off que el Ejecutivo hace a Villarruel: “Por último, si quiere servir a la Patria, como argentina le pido se ocupe de frenar el descabellado e inminente aumento de sueldos en el Senado de la Nación. La ciudadanía está haciendo un esfuerzo heroico para superar la crisis heredada y no merece financiar dietas de 9.5 millones para ningún legislador”.
La estrategia de la Rosada prevé varios escenarios. Uno de ellos es la posible alianza de la vicepresidenta con un Mauricio Macri cada vez más distanciado de Milei. La polémica con Bullrich abona esa sospecha. Quizás por eso, esta semana se haya decidido el desplazamiento del Senado de varias personas que ocupan cargos designados por Villarruel y que vienen del PRO.
Lo dicho: Milei llega a las fiestas con tranquilidad en lo político, una calma coyuntural en lo social y una siembra de vientos interna que puede derivar en futuras tempestades.