Minutos después del mediodía, el economista libertario Javier Milei se convertirá en 54° presidente de la Argentina, y luego de una jornada signada por el traspaso de mando, el saludo a delegaciones extranjeras y la jura de los ministros, el nuevo mandatorio comenzará a desplegar su manual de medidas para “dejar de hacer los mismo para obtener resultados diferentes”.
Dueño de un fuerte dogmatismo libertario, desde que fue electo presidente en el balotaje del 19 de noviembre, como en un oxímoron ha sido absolutamente pragmático lo que pone a los argentinos en un sendero de incertidumbre por lo que vendrá.
En el armado de su equipo, Milei apeló a alianzas con la casta –algo obvio y entendible, aunque se quiera no es posible comenzar de cero con dirigentes surgidos por generación espontánea–, con el lógico objetivo de darle volumen político a su gobierno y por ende dotar de gobernabilidad a su administración.
Javier Milei saliendo del Hotel Libertador
Javier Milei saliendo del Hotel Libertador.
Siendo el primer presidente que no llega con partido político con presencia territorial nacional, el líder de la Libertad Avanza sueña con transformar la Argentina. Entonces, las medidas económicas son parte de algo mayor.
La batalla cultural que viene en la Argentina
En Instagram, ayer por la tarde Javier Milei publicó un dibujo de Nik con un agradecimiento: “Muchas gracias @gaturro ...!!! VIVA LA LIBERTAD CARAJO”. Esta reivindicación del dibujante Cristian Dzwonik, casi un enemigo del kirchenrismo, es un claro mensaje del nuevo presidente: la batalla que viene en la Argentina también es cultural. Para colmo como mostró el periodista Gabriel Michi, el dibujo de Nik es una copia de uno realizado en 2016 por Andrew Fyfe, dibujante y caricaturista, en ese caso con Donald Trump y el Capitolio como protagonistas.
Desde su aparición a la palestra pública allá por 2019, Javier Milei siempre se mostró como un outsider, autodefinido como un libertario anarcocapitalista que defiende la libertad del individuo, el derecho a la propiedad privada y el orden espontáneo como una forma de encauzar el caos.
Con un discurso por momentos violento y soez, Milei asfaltó su camino al sillón de Rivadavia sin piel de cordero; siempre expresó sin medias tintas su pensamiento, casi vomitando sus palabras sin medir las consecuencias.
Si el orden espontáneo es aplicado a rajatabla, el rol del Estado pasa a ser casi de reparto. Entonces, seguramente que sobrevendrá una nueva forma de cosmovisión política a la que los argentinos no estamos acostumbrados. Ya no habrá un Estado que interceda ante las fuerzas del orden natural o del mercado.
Sin plataforma que lo sostenga, Mieli buscará masa crítica en los distintos actores sociales; apoyos de respaldo a su revolución libertaria. Buscará propaladores de su orden espontáneo. Tiene en los jóvenes libertarios de diferentes estratos sociales a aliados ignotos, pero buscará a figuras que lo acompañen para edificar su propio relato.
El relato y la construcción de una épica, no son malos en sí mismos, todo depende de cómo se usen y qué objetivos se persigan en el ejercicio del poder. El relato puede ser el caudal intelectual en el que abreven los convencidos, pero también aquellos que acompañen las primeras medidas de Milei.
Las primeras líneas de ese relato libertario empezaran a ser escritas cuando Milei dirija su primer discurso con la banda presidencial en el Congreso.
Claro que eso vendrá acompañado de las primeras medidas económicas. Los funcionarios entrantes ya se encargaron de advertir que reciben “la peor herencia de la democracia”, sembrando la semilla de la herencia como el justificativo de los sacrificios por venir.
Las medidas que se vienen y un Congreso atomizado
A priori, con el sostenimiento de las partidas presupuestarias de este año 2023 y el sinceramiento de los precios relativos, será la inflación la que haga el ajuste que tanto pregona Mieli. Un ajuste necesario para conseguir el equilibrio fiscal que siente las bases de un futuro próspero. Otra parte del relato: sacrificarse hoy para un mejor mañana, que habrá que ver si tiene correlato en la realidad del futuro.
Con un Congreso de la Nación que tendrá una atomización inédita en estos 40 años de democracia, la “rosca” política tendrá un rol central.
Con reformas por delante de primera, segunda y tercera generación, fue el propio Milei quien se puso alta la vara y generó mucha expectativa entre los más de 14,5 millones de argentinos que le dieron su voto.
Por ejemplo, eliminar el Banco Central, dolarizar o cambiar la coparticipación federal son medidas que resultan inconstitucionales. Eliminar las elecciones de medio término también requieren un cambio en la Constitución y modificar las PASO una mayoría especial en el Congreso.
Las privatizaciones de las empresas públicas tal como hizo el presidente Carlos Menem –el más admirado por Milei– en la década neoliberal de los noventa, también necesita de leyes en el Congreso.
Entonces, los acuerdos parlamentarios serán necesarios para avanzar con las reformas libertarias. Habrá que ver si como sucedió en 2015, cuando asumió Mauricio Macri, si la oposición se convierte en una escribanía por temor a los “carpetazos” o si por el contrario la oposición –peronismo, radicales y PRO– equilibran la balanza para no darle un cheque en blanco al nuevo presidente.
Quizás, si Milei logra su objetivo de ganar la batalla cultural, será la sociedad argentina la que vaya marcando el ritmo de las reformas y la que le de sustento el sueño de “una Argentina liberal”.