El Gobierno puso en marcha la disolución y liquidación del IOSFA, la entidad que hasta este año concentraba la cobertura sanitaria de integrantes de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas federales de seguridad. La medida forma parte de una reestructuración que busca separar ambos sistemas y transferir sus recursos y responsabilidades a nuevas instituciones.
La reforma estableció dos organismos: la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA), bajo la órbita del Ministerio de Defensa, y la Obra Social de las Fuerzas Federales de Seguridad (OSFFESEG), dependiente del Ministerio de Seguridad Nacional.
La OSFA brinda cobertura al personal del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, además de otros beneficiarios contemplados en su normativa. En tanto, la OSFFESEG está destinada a los integrantes de la Gendarmería Nacional y la Prefectura Naval.
El objetivo es que los afiliados continúen dentro del sistema correspondiente a su fuerza, aunque la reorganización se desarrolla en un contexto de reclamos por problemas en las prestaciones médicas y dificultades para acceder a medicamentos y tratamientos.
La crisis financiera de IOSFA y el futuro de los trabajadores
La disolución del IOSFA se produjo después de que su deuda alcanzara una cifra superior a los $200.000 millones. El pasivo acumulado y los conflictos con prestadores de salud profundizaron las dificultades operativas de la entidad.
En octubre, el Gobierno anunció que afrontaría obligaciones pendientes, con el objetivo de regularizar la situación financiera y recomponer la red de atención.
La liquidación también abrió interrogantes sobre la continuidad laboral de los empleados. El proceso contempla el traspaso de personal y bienes a las nuevas estructuras, aunque la reorganización generó preocupación entre los trabajadores y sus representantes gremiales por el riesgo de despidos y la situación de quienes no sean incorporados.
De esta manera, el cierre del IOSFA no implica la desaparición de la cobertura sanitaria, sino el reemplazo de la estructura anterior por dos organismos separados. El desafío será garantizar la atención de los afiliados y resolver las deudas y los conflictos laborales que dejó la crisis del instituto.