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De obrero a presidente: Lula, el político más influyente de la región que busca su cuarto mandato en Brasil

Nació en una de las zonas más pobres de Brasil, perdió un dedo en una fábrica, pasó 580 días preso y volvió a la presidencia. A los 80 años, y a días de cumplir 81, enfrenta en las urnas su desafío más difícil. Su primer trabajo fue el de lustrabotas, luego como obrero se convirtió en dirigente sindical y hoy vuelve a ser protagonista del futuro de Latinoamérica.

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  • Nació en la pobreza, como el séptimo de ocho hermanos. Fue lustrabotas, vendedor ambulante y tornero. Perdió el dedo meñique de su mano izquierda al quedar atrapado en una prensa mecánica de una fábrica de tornillos. Se convirtió en dirigente sindical, fundó un partido y llegó a ser diputado. Perdió tres elecciones presidenciales y ganó otras tres, hasta convertirse en el primer presidente de Brasil sin título universitario. Enviudó dos veces, estuvo preso y volvió a enamorarse. Sus políticas sacaron a millones de brasileños del hambre y la pobreza. Este domingo buscará su cuarto mandato en las urnas. Es la historia de Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los políticos más influyentes de América Latina en lo que va del siglo.

    La infancia de Lula da Silva, de Garanhuns a San Pablo

    Lula nació el 27 de octubre de 1945 en Garanhuns, en el interior de Pernambuco, en el Nordeste brasileño, una de las regiones más castigadas por la sequía y el hambre. Fue el séptimo de los ocho hijos de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Mello, doña Lindu, labradores analfabetos. Según sus biografías, su padre se fue a trabajar de estibador al puerto de Santos poco después de su nacimiento, y Lula casi no lo conoció hasta los cinco años. El apodo, "Lula", es un diminutivo de Luiz muy común en Brasil, que además significa "calamar" en portugués. Recién en 1982 lo sumó oficialmente a su nombre, para que los votantes lo encontraran en la boleta.

    En diciembre de 1952, doña Lindu cargó a sus hijos y emprendió el viaje a San Pablo, huyendo de la sequía. Fueron 13 días arriba de un "pau de arara", un camión de carga acondicionado a la fuerza para llevar pasajeros. Terminaron en Guarujá, en el litoral paulista, donde descubrieron que el padre había formado otra familia. En 1956 la madre se instaló con los chicos en la capital paulista, y vivieron en una habitación en el fondo de un bar del barrio de Ipiranga.

    Lula aprendió a leer a los diez años y a los doce ya trabajaba: fue lustrabotas, ayudante en una tintorería y vendedor ambulante de tapioca y frutas. Dejó la escuela después del quinto grado, a pesar de ser un buen alumno, porque en casa hacía falta plata. A los 14 consiguió su primera libreta de trabajo en una fábrica de tornillos, con jornadas de doce horas, y en paralelo cursó tres años en el Senai, la escuela de oficios de la industria brasileña. Se recibió de tornero mecánico en 1963. Ese diploma sería el único de su vida: décadas más tarde, en su primer discurso como presidente, dijo con la voz quebrada que acababa de recibir su primer título, el de presidente de la República.

    La tragedia que marcó su vida

    En 1964, el año en que los militares derrocaron a João Goulart, un accidente laboral le costó el meñique de la mano izquierda. Trabajaba de noche con una prensa hidráulica en una fábrica de carrocerías para automóviles. Lejos de abandonar el trabajo industrial, siguió pasando por distintas fábricas hasta que, en 1966, ingresó a Villares, una de las grandes metalúrgicas de São Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de San Pablo.

    Fue allí donde comenzó a acercarse a la política, impulsado por su hermano mayor, José, conocido como “Frei Chico”, un militante comunista que, según sus biografías, había sido detenido por los militares en 1968. Hasta entonces, Lula se consideraba un obrero ajeno a la política. Pero comenzó a repartir boletines clandestinos y a involucrarse cada vez más en la actividad sindical.

    Su vida personal también estuvo marcada por la tragedia. En mayo de 1969 se casó con Maria de Lourdes, una trabajadora textil. Dos años después, ella murió de una hepatitis aguda cuando cursaba el octavo mes de embarazo. El bebé que esperaban también murió. Años más tarde, Lula recordó ese episodio entre lágrimas y sostuvo que la historia de su esposa podría haber sido diferente si hubiera contado con una atención médica acorde a sus necesidades.

    En 1974 nació Lurian, su primera hija, fruto de su relación con Miriam Cordeiro, una enfermera. Ese mismo año se casó con Marisa Letícia. Con ella tuvo tres hijos, Fábio Luís, Sandro Luís y Luís Cláudio, y adoptó a Marcos Cláudio, hijo de Marisa.

    El líder sindical que desafió a la dictadura

    En 1969, el sindicato de los metalúrgicos de São Bernardo y Diadema lo eligió como suplente de su comisión directiva, junto con su hermano. Tres años después asumió un cargo directivo y, en 1975, llegó a la presidencia del gremio con el 92% de los votos, al frente de unos 100.000 trabajadores. En 1978 fue reelegido con el 98%, según las crónicas de la época.

    Bajo su conducción, y en plena dictadura militar, el movimiento obrero del ABC se convirtió en uno de los principales focos de resistencia al régimen. Las huelgas estaban prohibidas, pero en marzo de 1979 unos 170.000 metalúrgicos paralizaron la actividad en la región. Lula quedó así en el centro de un conflicto que excedía las demandas salariales y comenzaba a tener una dimensión política.

    La represión y la falta de representación de los trabajadores en el Congreso lo llevaron a impulsar una idea que hasta entonces parecía improbable: crear un partido propio. El 10 de febrero de 1980, en un colegio de San Pablo, Lula fundó el Partido de los Trabajadores (PT) junto con sindicalistas, intelectuales, dirigentes rurales, religiosos y representantes de movimientos sociales.

    Dos meses después encabezó una nueva huelga, que se extendió durante 41 días y movilizó a unos 300.000 obreros. La dictadura intervino el sindicato y Lula fue detenido durante 31 días bajo la Ley de Seguridad Nacional, en su primera detención política. Un tribunal militar lo condenó a tres años y medio de prisión, pero la sentencia fue anulada posteriormente en apelación.

    El camino hacia la Presidencia: las tres derrotas antes de la victoria

    El PT creció rápidamente. En 1982, Lula fue candidato a gobernador de San Pablo y terminó cuarto, con el 10,8% de los votos. Al año siguiente participó de la fundación de la CUT, la central sindical que reunió a los gremios combativos, y en 1984 fue uno de los principales rostros de “Diretas Já”, la movilización masiva que reclamaba elecciones presidenciales directas. En 1986 fue elegido diputado federal con la mayor cantidad de votos del país y participó de la Asamblea Constituyente que restableció el voto popular.

    En 1989 llegó por primera vez a una elección presidencial. Fueron los primeros comicios directos en casi tres décadas y Lula llegó al balotaje, donde perdió frente a Fernando Collor de Mello, que se impuso con el 53% de los votos. Collor renunció en diciembre de 1992, en medio de un proceso de destitución por corrupción y de las movilizaciones de los “caras pintadas”.

    Lula volvió a competir por la Presidencia en 1994 y 1998, pero perdió ambas elecciones frente a Fernando Henrique Cardoso, el ministro que había logrado contener la hiperinflación con el Plan Real. Fueron tres derrotas consecutivas que, lejos de sacarlo de la carrera política, consolidaron su figura como principal referente de la oposición.

    El obrero que llegó a la Presidencia

    El 27 de octubre de 2002, a los 57 años, Lula ganó el balotaje con el 61,3% de los votos y más de 52 millones de sufragios. Era el primer presidente obrero de la historia de Brasil y llegó al Palacio del Planalto acompañado por el empresario José Alencar como vicepresidente. En una de las primeras decisiones de su gobierno designó al frente del Banco Central a Henrique Meirelles, un exejecutivo de BankBoston, y mantuvo una política macroeconómica de disciplina fiscal y monetaria. En diciembre de 2005, Brasil canceló anticipadamente los u$s15.600 millones que todavía debía al FMI.

    Al mismo tiempo, Lula puso en el centro de su gobierno la lucha contra el hambre y la pobreza. En 2003 lanzó Hambre Cero y al año siguiente creó Bolsa Família, que unificó distintos programas de transferencia de ingresos y llegó a beneficiar a unos 12,7 millones de familias en 2010. Según el Banco Mundial, entre 2003 y 2009 unos 20 millones de brasileños salieron de la pobreza y la desigualdad también se redujo. La pobreza moderada pasó del 26% de la población en 2003 al 14% en 2009, mientras que la pobreza extrema cayó del 10% al 5%.

    El crecimiento económico también permitió una fuerte expansión del empleo y de los ingresos laborales, acompañada por aumentos del salario mínimo por encima de la inflación. Entre 2003 y 2010, Brasil atravesó un período de crecimiento impulsado en buena medida por el auge internacional de las materias primas, mientras el gobierno combinaba la expansión de las políticas sociales con el mantenimiento de un marco macroeconómico estable.

    El gobierno, sin embargo, no quedó al margen de los escándalos. En 2005 estalló el “mensalão”, una trama de pagos ilegales a legisladores que golpeó al PT y provocó la salida de varios dirigentes. Lula logró atravesar la crisis y en 2006 fue reelegido con el 60,8% de los votos en el balotaje, con más de 58 millones de sufragios.

    Durante su segundo mandato, Brasil recibió en 2008 el grado de inversión de las dos principales calificadoras de riesgo de la época y profundizó la explotación de las reservas de petróleo del presal. Ese mismo año, la crisis financiera internacional puso a prueba el modelo económico. El gobierno respondió con medidas contracíclicas, entre ellas reducciones de impuestos, expansión del crédito y estímulos a la actividad. Aunque la economía brasileña cayó en 2009, volvió a crecer con fuerza en 2010. Las cuentas externas también se habían fortalecido: el país había acumulado reservas, reducido su deuda externa y alcanzado la condición de acreedor externo neto.

    A eso se sumaron dos hitos de proyección internacional: Brasil fue elegido sede del Mundial de 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016. En 2010, el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas distinguió a Lula como “campeón mundial de la lucha contra el hambre”. El 1 de enero de 2011 dejó la Presidencia con una aprobación superior al 80% y le entregó la banda presidencial a Dilma Rousseff, su exjefa de Gabinete. La estrategia iniciada durante su gobierno contra el hambre continuaría bajo su sucesora y contribuiría, junto con otras políticas, a que Brasil saliera del Mapa del Hambre de la FAO en 2014.

    Cáncer, cárcel y un nuevo amor

    En octubre de 2011, pocos meses después de dejar la Presidencia, a Lula le diagnosticaron cáncer de laringe. Había fumado durante más de cuatro décadas y comenzó un tratamiento de quimioterapia en el Hospital Sírio-Libanês de San Pablo. En diciembre, los médicos informaron que el tumor se había reducido un 75% y, en febrero de 2012, anunciaron que no había evidencias de la enfermedad.

    La etapa más turbulenta de su vida política todavía estaba por llegar. En 2014 comenzó la Operación Lava Jato, una investigación de corrupción que alcanzó a dirigentes políticos y grandes empresas brasileñas. Lula quedó en el centro de la causa. El 4 de marzo de 2016 fue llevado a declarar y, ese mismo año, se convirtió en uno de los principales objetivos judiciales de la investigación. Él negó las acusaciones y denunció que era víctima de una persecución política.

    En 2017, el juez Sérgio Moro lo condenó a nueve años y seis meses de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero en el caso del tríplex de Guarujá. La condena fue confirmada en segunda instancia en enero de 2018 y dejó a Lula fuera de la elección presidencial de ese año, en la que encabezaba las encuestas. El 7 de abril de 2018, después de participar de una misa por su fallecida esposa, Marisa Letícia, en São Bernardo do Campo, se entregó a la Policía Federal en Curitiba.

    Pasó 580 días en prisión. Durante ese período murió su hermano Genival Inácio da Silva, conocido como Vavá, y su nieto Arthur, de siete años. Frente a la sede de la Policía Federal se instaló una vigilia permanente de simpatizantes. Por allí pasaron dirigentes políticos y personalidades internacionales, entre ellos el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, el expresidente uruguayo José Mujica, el entonces candidato a presidente Alberto Fernández y el actor estadounidense Danny Glover. Mientras estaba preso, París lo declaró ciudadano de honor.

    Durante su encarcelamiento también comenzaron a conocerse elementos que pondrían en cuestión la actuación de quienes habían llevado adelante la causa. En 2019, The Intercept Brasil publicó conversaciones privadas obtenidas tras el hackeo de los teléfonos de integrantes de la Lava Jato, entre ellos Moro y el fiscal Deltan Dallagnol. Los mensajes mostraban intercambios entre el entonces juez y miembros de la fuerza de tarea sobre distintos aspectos de las investigaciones y fueron utilizados por la defensa de Lula para cuestionar la imparcialidad del proceso. El material fue posteriormente incorporado a actuaciones judiciales y el STF garantizó a Lula el acceso a los archivos de la Operación Spoofing.

    Pero también en la cárcel comenzó una nueva etapa de su vida personal. A fines de 2017 había iniciado una relación con Rosângela da Silva, conocida como Janja, una socióloga y militante del PT. Durante el encarcelamiento mantuvieron el vínculo a través de cartas y visitas. La relación se hizo pública en 2019.

    Lula recuperó la libertad el 8 de noviembre de 2019, un día después de que el Supremo Tribunal Federal modificara su jurisprudencia sobre el momento en que puede comenzar a cumplirse una condena y estableciera que, como regla, debe esperarse el agotamiento de los recursos.

    Su situación judicial cambiaría definitivamente en 2021. El STF anuló las condenas porque consideró que la 13ª Vara Federal de Curitiba no era competente para juzgar los casos del tríplex de Guarujá y otros procesos contra Lula. Ese mismo año, la Segunda Turma del STF reconoció la parcialidad de Sérgio Moro en el caso del tríplex, decisión que posteriormente fue confirmada por el Plenario de la Corte. Con sus derechos políticos recuperados, Lula volvió a competir por la Presidencia. El 18 de mayo de 2022 se casó con Janja, cinco meses antes de las elecciones.

    El regreso al poder

    En 2022, Lula armó un frente de nueve partidos y eligió como compañero de fórmula a Geraldo Alckmin, su antiguo rival político. En el balotaje derrotó a Jair Bolsonaro por 50,9% a 49,1%, con más de 60 millones de votos, y se convirtió en el primer brasileño elegido tres veces para la Presidencia. La transición estuvo marcada por la tensión: seguidores de Bolsonaro bloquearon rutas y se negaron a reconocer el resultado electoral, mientras el presidente saliente viajó a Estados Unidos antes del traspaso de mando.

    El 1 de enero de 2023, Lula volvió a subir la rampa del Palacio del Planalto. Recibió la banda presidencial de manos de Aline Sousa, una recicladora de residuos, acompañado por representantes de distintos sectores de la sociedad brasileña. En sus primeros días revocó decretos de Bolsonaro, relanzó el Fondo Amazonía y restableció el Bolsa Família. Marina Silva volvió al Ministerio de Medio Ambiente y Sônia Guajajara asumió como la primera ministra de Pueblos Indígenas de Brasil.

    Una semana después, el 8 de enero, miles de seguidores de Bolsonaro llevaron adelante un intento de golpe de Estado: invadieron y ocuparon temporalmente el Congreso, el Palacio del Planalto y el Supremo Tribunal Federal en Brasilia, provocaron destrozos y obligaron a las fuerzas de seguridad a intervenir para recuperar los edificios. Lula decretó la intervención federal de la seguridad del Distrito Federal. En septiembre de 2025, la Primera Turma del STF condenó a Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por delitos vinculados al intento de golpe de Estado. La Corte consideró que había sido el líder de la organización que buscó impedir la asunción de Lula.

    En el frente social, Lula volvió a colocar la lucha contra el hambre en el centro de su gobierno. En 2022, 33,1 millones de brasileños se encontraban en situación de inseguridad alimentaria grave; en 2023 esa cifra cayó a 8,7 millones, según datos de la PNAD Continua del IBGE. El gobierno relanzó el Bolsa Família, que durante 2024 alcanzó a más de 20,8 millones de familias, y puso en marcha el plan Brasil Sin Fome.

    El resultado más significativo llegó en 2025: la FAO confirmó que Brasil había vuelto a salir del Mapa del Hambre, al registrar una prevalencia de subnutrición inferior al 2,5% de la población durante el período de referencia 2022-2024. En 2024, además, la pobreza había caído a su menor nivel desde 2012 y el índice de desigualdad de Gini alcanzó el valor más bajo de la serie histórica.

    La economía también mostró una expansión durante su tercer mandato. El PIB creció 3,2% en 2023 y 3,4% en 2024, mientras que la tasa de desempleo promedio cayó al 6,6% en 2024, el nivel más bajo desde que comenzó la serie de la PNAD Continua en 2012. Ese año, además, la población ocupada alcanzó un récord de 103,3 millones de personas.

    En 2024, Brasil también ejerció la presidencia del G20 y Lula impulsó la creación de la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, una iniciativa destinada a coordinar políticas de transferencia de ingresos, seguridad alimentaria y desarrollo. En el plano interno, su gobierno avanzó además con una reforma del impuesto a las Ganancias: la Ley 15.270, sancionada en noviembre de 2025, estableció que desde enero de 2026 quienes obtienen hasta 5.000 reales mensuales no pagan el impuesto y fijó una reducción progresiva para quienes ganan entre 5.000 y 7.350 reales. La norma también creó una tributación mínima para las personas de mayores ingresos.

    El tercer mandato también estuvo atravesado por la política exterior. En 2025, Donald Trump impuso nuevas tarifas sobre productos brasileños y justificó la medida, entre otros argumentos, por el proceso judicial contra Bolsonaro. La Casa Blanca estableció un arancel adicional de 40% sobre determinados productos brasileños, que se sumó a otras medidas comerciales. Lula respondió que Brasil estaba dispuesto a negociar, pero que no aceptaría condicionamientos sobre su soberanía.

    Lula ante un nuevo desafío

    Este domingo, Lula buscará su cuarto mandato en las urnas, en una elección marcada por la polarización y por una disputa cada vez más ajustada con el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La primera vuelta se celebrará el 4 de octubre y, si ningún candidato supera el 50% de los votos válidos, el balotaje será el 25 de octubre.

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