Todo parecía real. La empresa, sus integrantes, su propuesta y su proyecto. Pero en realidad se trataba de una fachada, de una estafa. Madbird fue una agencia de diseño digital, con sede en Londres, que a lo largo de varios meses engañó y se aprovechó de decenas de personas desesperadas por trabajar en todo el mundo.
Su dueño, el influencer Ali Ayad, ofrecía el sueño de muchos: sueldos altos, en euros, buenas comisiones e incluso la posibilidad de viajar y acceder a una visa en el Reino Unido. Así contrató a más de 50 empleados. La mayoría trabajaba en ventas, algunos en diseños y otros, sencillamente, ocupaban cargos de supervisor.
Cada nuevo recluta recibía la instrucción de trabajar desde casa, enviándose mensajes a través de correo electrónico y hablando los unos a los otros a través de Zoom. Hasta que un día todo se desmoronó y se cayó la coartada.
La BBC recientemente publicó una investigación que da cuenta cómo Ali Ayad engañó a todos. Según los documentos a los que accedió, los empleados habían acordado trabajar solo a comisión durante los primeros meses. Después de ese período accederían a un salario de u$s47.300 al año y un plus, algo que nunca recibieron.
La fachada se vino abajo cuando un empleado descubrió que en la dirección en la que debían estar las oficinas de Madbird solo había un bloque residencial. De hecho, su fachada no se parecía en nada a la imagen que mostraba el sitio web de la compañía.
La investigación reveló que el trabajo que la empresa se jactaba de hacer en su sitio era robado de otras firmas a través de Internet. E incluso seis de los directivos de más alto rango de Madbird ni siquiera eran reales. Sus identidades eran una amalgama de fotos robadas de diferentes esquinas de la red y nombres inventados.
Cuando la BBC descubrió la estafa, Ayad intentó escudarse en algunas respuestas esquivas y luego la empresa y su sitio web desaparecieron de un momento para otro. Con ello también los sueños de 52 personas que soñaban tener una vida mejor.