Alerta máxima por la tormenta solar más poderosa en 20 años: cómo afectará a la Tierra este fin de semana

Desde la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos informaron que no se registraba un fenómeno geomagnético tan potente desde 2005, como resultado de una serie de erupciones solares.

Desde la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos emitieron una alerta por una tormenta solar que puede afectar a la Tierra: no se registra un fenómeno geomagnético tan potente desde 2005, como resultado de una serie de erupciones solares.

Durante el fin de semana la tormenta geomagnética podrá afectar las comunicaciones, sistemas de navegación y operación de radio y satélites. Desde el NOAA detallaron que al menos cinco erupciones podrían legar a partir del viernes a la noche hasta el domingo.

La última vez que la Tierra fue azotada por una tormenta de este estilo, ocurrió en 2005 y provocó apagones en Suecia y daños en transformadores en Sudáfrica. Desde la Oficina Meteorológica del Reino Unido, informaron que en Asia, Europa y Norteamérica posiblemente se pueda observar una aurora boreal en los cielos: "Pueden provocar espectaculares manifestaciones de auroras en la Tierra. Una tormenta geomagnética severa incluye la posibilidad de que se vean auroras tan al sur como Alabama y el norte de California".

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Desde NOAA explicaron también que "cuando esa radiación incide en la esfera magnética que rodea el planeta, provoca fluctuaciones en la ionosfera, una capa de la atmósfera superior. Esos cambios pueden afectar directamente a los satélites y otras naves espaciales en órbita, alterando su orientación o destruyendo sus componentes electrónicos".

"Las tormentas geomagnéticas pueden afectar la infraestructura en la órbita cercana a la Tierra y en la superficie interrumpiendo potencialmente las comunicaciones, la red eléctrica, la navegación, las operaciones de radio y satélites", explicó en un comunicado el NOAA.

De acuerdo a la NASA, las tormentas solares pueden hacer estragos en un planeta que depende de satélites, energía eléctrica y comunicaciones de radio, todos ellos posibles de ser afectados por fuerzas eléctricas y magnéticas.

Pueden ser peligrosas para los satélites dentro y fuera de los cinturones de radiación y el viento solar. Por ejemplo, una serie de fulguraciones y eyecciones de masa coronal ocurridas en marzo de 1989, produjeron una poderosa tormenta magnética. Después que las partículas y la energía bombardearon la Tierra, más de 1500 satélites disminuyeron su velocidad o perdieron varios kilómetros de altura en sus órbitas, debido a la creciente fricción con la atmósfera.

Además, los electrones de alta energía, y acelerados por una tormenta, pueden degradar los paneles solares empleados para proveer energía a los satélites, y pueden alterar y aún apagar sus computadoras.

En enero de 1997, un satélite estadounidense dejó de operar horas después que una tormenta solar atacó la magnetosfera. La pérdida de aquel satélite interrumpió las señales televisivas, las llamadas telefónicas y parte de la red de monitoreo sísmico de los Estados Unidos.

Las tormentas magnéticas también causan estragos en las señales de radio, las cuales son reflejadas por la ionósfera terrestre, es decir, la capa más externa de nuestra atmósfera, (formada en su mayor parte por plasma), como una especie de estación natural de retransmisión.

En tierra, las tormentas magnéticas pueden afectar la intensidad del campo magnético terrestre. Estos cambios en el campo magnético pueden ocasionar altas corrientes eléctricas en los gasoductos y oleoductos, que puede corroerlos y deteriorarlos más rápidamente de lo que naturalmente sucedería; en las líneas de alta tensión el exceso de electricidad puede quemar sus transformadores y producir apagones.

Debido a que mucha información moderna es transmitida por satélites y otras tecnología avanzadas - desde cajeros automáticos y señales de radiodifusión hasta el Sistema de Posicionamiento Global y sistemas de señales de emergencia- las tormentas solares plantean un riesgo natural y tecnológico para la vida en la Tierra durante horas y hasta durante días.

¿Qué dice la NASA sobre las tormentas solares?

La NASA informa que las eyecciones de masa coronal ocurren a una tasa de pocas veces por semana a varias veces por día, dependiendo de cuan activo pueda estar el Sol. Y debido al tamaño de las nubes de plasma que ellas producen, las probabilidades indican que la Tierra será alcanzada de tanto en tanto.

Afortunadamente, nuestro planeta está protegido de los dañinos efectos de la radiación y el plasma caliente por nuestra atmósfera y por un invisible escudo magnético conocido como magnetosfera. Producto del propio campo magnético terrestre, la magnestosfera nos protege del plasma solar al desviarlo hacia el espacio.

Pero algunas partículas energéticas ingresan en la magnetosfera de tanto en tanto, filtrándose por zonas cercanas a los polos geográficos Norte y Sur, donde el campo magnético está debilitado y la magnetosfera está parcialmente abierta hacia el espacio. El flujo de plasma que ingresa puede inducir tormentas magnéticas y alterar el campo magnético medido sobre la superficie.

¿Qué puede suceder en una tormenta solar?

De acuerdo a lo que informa la NASA, muchas cosas pueden suceder en la magnetosfera durante una tormenta magnética, ya que mucha energía es arrojada en el sistema. Al ser bombardeados por el plasma del espacio o aún de las zonas más lejanas de la magnetosfera, los electrones, protones y iones de oxígeno de los cinturones de Van Allen, se hacen más densos, calientes y veloces.

Debido a su movimiento, estas partículas producen 1.000.000 de amperes de corriente eléctrica, una sacudida de energía que puede disminuir la intensidad del campo magnético terrestre. Parte de esa corriente fluye a lo largo de las líneas de fuerza del campo magnético terrestre hacia la alta atmósfera.

El paso de corriente eléctrica a través de la alta atmósfera y la pérdida de electrones y protones de la magnetosfera pueden causar el calentamiento y expansión de la atmósfera, incrementando su densidad a gran altura.

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