En el este de Uruguay, un extenso sistema de humedales, bosques nativos y espejos de agua dulce se conserva bajo estricta protección ambiental. Este entorno singular, que se comunica de forma estacional con el océano Atlántico, es hogar de una gran diversidad de fauna y flora autóctonas. Además de su valor ecológico, el sitio atrae por su tranquilidad y por la posibilidad de conectar con la naturaleza lejos del turismo masivo.
Desde 2015, la zona integra el listado internacional de humedales destacados por la Convención Ramsar, y ya había sido reconocida décadas atrás por la UNESCO como reserva de biosfera. Su importancia trasciende fronteras: es un refugio clave para especies amenazadas y un punto estratégico en las rutas migratorias de aves que viajan entre los hemisferios. El área también mantiene una rica tradición pesquera artesanal y una ganadería que convive en equilibrio con el ecosistema.
Recién en el extremo sudeste del país se encuentra la Laguna de Rocha, una joya natural que abarca unas 22.000 hectáreas, con 7.200 ocupadas por su cuerpo de agua. En invierno, cuando la actividad turística desciende, se vuelve un destino ideal para quienes buscan paisajes solitarios y biodiversidad en estado puro.
Dónde queda la laguna de Rocha
Ubicada en el departamento de Rocha, esta laguna se extiende próxima al litoral atlántico uruguayo. Su acceso principal se encuentra en el kilómetro 8 de la intersección entre las rutas nacionales 10 y 15. Desde allí, un camino de tierra conduce hasta la barra, una estrecha franja de arena que separa la laguna del océano.
Otra vía posible es por La Riviera, a la altura del kilómetro 204 de la ruta 9. Desde ese punto, se recorren 6 kilómetros hacia el sur hasta llegar al Puerto de los Botes. Las vías de acceso no están pavimentadas, por lo que se recomienda circular con precaución durante días lluviosos.
Qué puedo hacer en la laguna de Rocha
Además de recorrer el área en caminatas, la laguna permite actividades de bajo impacto como observación de aves y fotografía de naturaleza. Es uno de los pocos sitios del país donde se puede avistar flamencos en estado silvestre, así como una gran población de cisnes de cuello negro. También es común encontrar especies migratorias provenientes de lugares lejanos como Alaska o las islas Malvinas.
Durante los meses más fríos, la presencia de aves alcanza su punto más alto, convirtiendo al sitio en un paraíso para ornitólogos y aficionados. En los alrededores, los bañados y campos albergan mamíferos como carpinchos, lobitos de río, zorros y gatos monteses. El sapito de Darwin, especie amenazada a nivel global, también tiene aquí uno de sus últimos refugios.
La comunidad de pescadores artesanales que habita en la zona desde hace más de 70 años vive de la captura de camarones, cangrejos y peces estacionales, como corvina negra y pejerrey. Esta forma de pesca, realizada con métodos tradicionales, se adapta a los ciclos naturales de la laguna, especialmente cuando su boca se abre hacia el mar.
En los campos vecinos se mantiene una ganadería extensiva de bajo impacto, lo que favorece la conservación del paisaje. La zona no cuenta con grandes instalaciones turísticas, pero sí con una infraestructura básica para visitantes interesados en el ecoturismo y el contacto con entornos poco intervenidos.
Cómo llegar a la laguna de Rocha
El acceso más directo se da en la intersección de las rutas 10 y 15. A la altura del kilómetro 8, un desvío hacia el este conduce por camino de tierra hasta la zona de la barra. En este punto, el visitante puede observar de cerca el estrecho cordón arenoso que separa la laguna del océano Atlántico.
Otra posibilidad es ingresar desde la ruta 9, en el kilómetro 204, por el acceso a La Riviera. Allí, un camino secundario de unos 6 kilómetros en dirección al sur lleva hasta el Puerto de los Botes, otra entrada habitual al área protegida.