Una práctica simple que suma fibra y reduce el impacto glucémico.
Freepik
Guardar las papas cocidas en la heladera genera un cambio en su estructura que mejora su valor nutricional.
Este proceso convierte parte del almidón en almidón resistente, un tipo de fibra beneficiosa para la salud intestinal.
El consumo de papa refrigerada ayuda a reducir el índice glucémico y el aporte calórico de las comidas.
Los especialistas recomiendan incorporarlas a ensaladas o legumbres para aprovechar al máximo sus propiedades.
Las papas son uno de los alimentos más consumidos del mundo por su versatilidad y su aporte energético. Aún así, un detalle poco conocido puede transformar su perfil nutricional: guardarlas en la heladera después de cocinarlas. Este sencillo paso, según los expertos, no solo mejora su digestibilidad, sino que también favorece la salud intestinal.
El nutricionista Aitor Sánchez explicó que el enfriamiento de la papa cocida produce un fenómeno llamado retrogradación del almidón, que convierte parte de su estructura en almidón resistente, una forma de fibra con efectos positivos para el sistema digestivo.
Esta transformación no altera su sabor ni su textura, pero sí modifica su composición interna, haciendo que el cuerpo la procese de forma más saludable. Además, si se guarda con un poco de aceite de oliva, sus beneficios se potencian aún más.
Cáscaras de papa, pelar papas
Freepik
Beneficios de guardar la papa cocida en la heladera
Cuando las papas se enfrían tras ser cocinadas, parte del almidón se reorganiza molecularmente y se convierte en almidón resistente, un compuesto que actúa como fibra y alimenta a las bacterias beneficiosas del intestino. Este tipo de fibra ayuda a mantener una microbiota equilibrada, mejora la digestión y contribuye al control de los niveles de azúcar en sangre.
Sánchez destaca que este método es una forma muy fácil de sumar nutrientes sin cambiar la dieta. Al enfriar las papas, también se reduce el índice glucémico del plato, lo que significa que el cuerpo absorbe los azúcares más lentamente, evitando picos de glucosa. Además, el efecto calórico es menor, ya que parte de la energía del almidón no llega a digerirse por completo.
Cáscaras de papa, pelar papas
Freepik
Aunque se puede repetir el proceso de calentado y enfriado, el experto advierte que no es recomendable hacerlo varias veces intencionadamente, ya que podría aumentar el riesgo de proliferación bacteriana si no se manipulan correctamente los alimentos.
Por eso, lo ideal es cocinar las papas, refrigerarlas y consumirlas frías en ensaladas, o templadas junto a legumbres y verduras. De esta forma, se aprovechan al máximo sus ventajas sin comprometer la seguridad alimentaria.
El nutricionista aclara, sin embargo, que este consejo no debe tomarse como una solución milagrosa: “No va a cambiar tu salud de la noche a la mañana, pero es un pequeño hábito con grandes beneficios cuando se integra en una alimentación equilibrada”.