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¿Muy caliente o tibia? Qué es mejor para la ducha en invierno

El agua templada es la mejor aliada en esta estación. Alternar temperaturas puede mejorar la circulación y proteger la piel.

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  • Durante el invierno, una de las rutinas que más reconforta es disfrutar de una ducha con agua caliente. Pese a eso, aunque puede parecer tentador subir al máximo la temperatura del agua, los especialistas remarcan que esto podría no ser lo más beneficioso para el cuerpo. Encontrar el equilibrio justo entre confort, salud y cuidado del ambiente es muy importante para aprovechar este momento manteniendo el bienestar general.

    En los meses fríos, muchas personas extienden el tiempo bajo el agua caliente, buscando alivio frente a las bajas temperaturas. Pero, según la Organización Mundial de la Salud, una ducha no debería superar los cinco minutos si se quiere evitar el desperdicio de agua y energía.

    Más allá de la duración, el impacto de la temperatura sobre la piel y el sistema circulatorio es un aspecto a considerar. Por eso, los expertos en higiene personal y sostenibilidad recomiendan ciertos parámetros ideales para que cada ducha sea placentera y saludable al mismo tiempo.

    A pesar de que muchos consideran la ducha diaria como una necesidad, es importante cuestionar si realmente es beneficioso para la piel

    Qué es mejor para ducharse en invierno: hacerlo con agua muy caliente o más fría

    Los especialistas recomiendan que la temperatura del agua no supere los 38°C ni descienda por debajo de los 10°C. El punto ideal para una ducha diaria ronda los 30°C, ya que esa temperatura permite una limpieza eficaz sin agredir la piel. El agua demasiado caliente puede resecar, irritar o incluso dañar la barrera cutánea natural, mientras que el agua muy fría puede resultar incómoda y menos efectiva en la higiene diaria.

    Una opción saludable es alternar temperaturas, aprovechando los beneficios de ambas: el agua caliente ayuda a relajar los músculos y abrir los poros, mientras que la fría tonifica la piel y mejora la circulación. Este contraste puede realizarse de forma breve durante la ducha, generando una sensación revitalizante sin perjudicar la piel.

    Además, se aconseja cuidar cada zona del cuerpo con el jabón adecuado y aplicar una crema hidratante después del baño para mantener la piel nutrida. El uso de una esponja suave o incluso de la mano permite una limpieza profunda sin provocar una exfoliación excesiva, lo cual es fundamental en invierno, cuando la piel tiende a resecarse más.

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