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Este lugar oculto de Buenos Aires guarda años de historia y ahora ofrece un café para acompañar la experiencia: dónde está

En el corazón del microcentro, permite vivir una buena experiencia entre sus paredes coloniales y su tranquilo patio.

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  • Buenos Aires es una ciudad que esconde tesoros arquitectónicos e históricos en cada rincón. Algunos pasan inadvertidos por el ritmo acelerado del centro porteño, pero conservan una atmósfera única que transporta a otra época. Entre estos se encuentra un lugar que mezcla historia, espiritualidad y un toque moderno: el Monasterio de Santa Catalina.

    Ubicado a pocas cuadras del Obelisco, este espacio es mucho más que un edificio religioso, ya que es un pedazo vivo del pasado colonial argentino. Inaugurado en 1745, fue el primer convento de monjas de la Ciudad y, con el paso de los siglos, resistió guerras, invasiones y transformaciones urbanas. Hoy, entre patios de ladrillo y árboles centenarios, ofrece un refugio de tranquilidad a metros del ruidoso centro porteño.

    Su encanto histórico se complementa con una propuesta gastronómica: un bar abierto al público que permite almorzar, merendar o simplemente tomar un café mientras se contempla la arquitectura barroca rioplatense del lugar.

    Dónde se encuentra el monasterio oculto de Buenos Aires con mucha historia

    El Monasterio de Santa Catalina de Siena se encuentra en la manzana comprendida entre las calles San Martín, Viamonte, Reconquista y Avenida Córdoba, en la Ciudad de Buenos Aires. Fue construido por los jesuitas en estilo barroco rioplatense, utilizando ladrillos de adobe y rodeando un patio central con dos niveles de claustros. Aunque solo se conserva una parte del terreno original, su belleza arquitectónica se mantiene intacta.

    A lo largo de su historia, el monasterio fue testigo de momentos clave. Durante las Invasiones Inglesas de 1807, fue ocupado por soldados británicos que mantuvieron encerradas a las monjas sin luz ni alimentos, dejando importantes daños en la estructura. Pese a eso, el edificio sobrevivió y años más tarde sirvió como hospital improvisado para heridos de guerra. En 1942 su iglesia fue declarada Monumento Histórico Nacional, y el conjunto completo obtuvo la misma distinción en 1975.

    Hoy, el convento mezcla su valor patrimonial con una propuesta que atrae a curiosos y amantes de los espacios con historia. En su interior funciona un café con opciones para desayunar, almorzar o disfrutar una merienda entre muros que datan del siglo XVIII. El entorno, con árboles frondosos y mesas dispuestas en un patio interno, crea una atmósfera apacible y casi fuera del tiempo.

    El espacio abre de lunes a viernes de 9 a 18 horas, con extensión hasta las 21 los jueves y también ofrece visitas guiadas que pueden coordinarse a través de la cuenta de Instagram “@monasterio.santacatalina”.

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