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Entre aromas, sabores y alma barrial: un refugio con identidad propia en Palermo

Entre cafeteras, libros y plantas, Corto Maltés invita a tomarse un respiro en medio del ritmo porteño. Con panificados de fermentación lenta, almuerzos creativos y café de especialidad, este lugar se convirtió en uno de los lugares más queridos del barrio.

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  • En el corazón de Palermo, lejos del ruido y las prisas, hay un lugar que parece hecho para reconectar con lo simple. Se trata de Corto Maltés, un refugio urbano donde el aroma del café recién molido se mezcla con libros, plantas y el inconfundible espíritu barrial. Este rincón nació hace ocho años de la mano de Consuelo Landívar, una publicista que, después de vivir en Brasil y explorar su faceta artística, decidió transformar su pasión por la cocina en un proyecto propio.

    Hoy, su café se ha convertido en uno de los favoritos del barrio. El ambiente tiene ese encanto porteño de las cafeterías clásicas, pero con un toque hogareño que invita a quedarse: mesas bajo toldos blancos, sillas playeras en la vereda y un interior cálido con estantes llenos de libros y sillones cómodos que invitan a leer, trabajar o charlar sin mirar el reloj.

    La carta de Corto Maltés

    La propuesta gastronómica acompaña cada momento del día, desde desayunos, almuerzos sin apuro, merienda y, para quienes prefieran, una cena temprana. A primera hora, brillan los panificados artesanales de fermentación lenta (entre 24 y 48 horas), las medialunas caseras y los rolls rellenos con palta, queso Finlandia, tomates secos y queso azul. La pastelería también se hace presente con tortas frescas y generosas que combinan sabor y estética, pensadas tanto para compartir como para regalarse un mimo dulce.

    Pero si hay un momento en el que el café revela su costado más creativo, es al mediodía. Cada semana, el equipo renueva el menú con platos originales y sabrosos, inspirados en distintas cocinas del mundo. Entre los destacados aparecen la milanesa de tofu y garbanzos a la napolitana, servida con puré o ensalada, y la tapioca amarilla con cúrcuma, camarones, queso y criolla. También hay opciones frescas como ceviches y poke bowls.

    El café, claro, es la joya del lugar. Elaborado con granos seleccionados de Puerto Blest, se ofrece en una carta que va desde los clásicos —espresso, filtrado, doppio o americano— hasta combinaciones más elaboradas como el vainilla latte, el affogato con helado o el cold brew, ideal para los días cálidos.

    Con el paso del tiempo, este rincón de Palermo se transformó en mucho más que una cafetería: es un punto de encuentro donde el café de especialidad convive con una cocina artesanal y una atmósfera que combina creatividad, hospitalidad y sabor. Un espacio para detenerse, disfrutar y recordar que la pausa también puede ser un placer.

    Dónde queda Corto Maltés

    Está en Mario Bravo 1195, Palermo.

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