Es sabido que los gatos pueden ser un poco más ariscos que otros animales de compañía. No en todos los casos es así, pero suele ocurrir, y es que, si bien son unas de las mascotas más elegidas por los humanos, todavía tienen genes salvajes. Por eso, no suele gustarles las caricias constantes.
La clave a la hora de mimarlos es dejarlos estar en control. Debe ser el felino el que debe decidir si quiere ser acariciado, en qué zona y durante cuánto tiempo.
De hecho, las interacciones pueden ser más duraderas si es el animal el que las inicia. Y ni hablar de ahorrarse frustraciones y arañazos.
¿Cómo hacerlo? Hay que dejar que se acerquen y se puede colocar la mano cerca del gato para que él mismo busque el contacto.