Una importante movilización en Plaza de Mayo reunió a sindicatos y organizaciones sociales que buscan visibilizar un drama que ya afecta a 21 millones de argentinos: el endeudamiento familiar. La morosidad bancaria pasó del 2,5% en 2024 al 12,3% en 2026, y detrás de esos números aparecen historias de jubilados, trabajadores del ámbito formal e informal y de jóvenes que no logran cubrir lo básico.
“Soy jubilado y estoy endeudado. Estoy viviendo con lo que me queda. Cobro la jubilación que es mi único ingreso y tengo que administrarlo. Le debo a tres bancos y las cuotas son de 600 lucas”, relató un hombre al móvil de C5N que, aun sin cobrar la mínima, no logra llegar a fin de mes. Su testimonio refleja cómo incluso quienes tienen ingresos algo mayores quedan atrapados en la espiral de deuda.
La crisis golpea a familias enteras que han realizado todo tipo de rebusque para generar ingresos, desde comercios hasta changas informales. La falta de empleo estable y el cierre de pequeños negocios empuja a miles a recurrir a créditos con tasas imposibles, mientras los gastos cotidianos siguen creciendo.
El endeudamiento con billeteras virtuales se convirtió en otro frente crítico. “Yo tengo mucha deuda con billeteras virtuales, son más usureros. Todo se me va para pagar eso, solo me endeudo para comprar comida, estoy entre fideos y arroz, soy diabética y tengo que comer eso porque no puedo comprar otra cosa”, explicó una mujer a C5N. La mora en estas plataformas ya alcanza al 30% de los usuarios.
La situación de los jubilados es aún más dramática. “La jubilación mínima no me alcanza ni para alquilar. Mis familiares me pagan el alquiler”, confesó. La pérdida del poder adquisitivo y el aumento de tarifas obligan a comprometer ingresos futuros con tasas de entre el 400% y el 700% anual, según relevamientos de entidades sociales.
El problema no se limita a los adultos mayores. “No llego a fin de mes ni con dos trabajos”, señaló una joven que, pese al pluriempleo, no logra cubrir los gastos básicos. El 54% de los argentinos se endeudó para sobrevivir y el 23% lo hizo por el aumento de los servicios. La marcha en Plaza de Mayo puso rostro a una crisis que ya es estructural y que atraviesa a todas las generaciones.
La crisis del endeudamiento también se escuchó en la voz de una mujer jubilada de San Telmo que le contó a C5N que no pudo pagar las expensas y que por ese motivo le van a embargar la casa. Su historia refleja cómo la deuda ya no es un problema abstracto, sino una amenaza concreta sobre el techo y la vida cotidiana de miles de argentinos.
El drama de 21 millones de argentinos: la morosidad
Desde Río Negro, una docente en proceso de jubilación se sumó a la movilización con un reclamo desesperado. “Me presenté a la marcha por mi hija que atraviesa una enfermedad poco frecuente y la obra social solo le cubre una parte del tratamiento. Me dejaron sin sueldo y hace diez meses que estoy tramitando la jubilación y no tengo para comer”, relató. Su testimonio expone la vulnerabilidad de quienes, tras décadas de trabajo, quedan sin ingresos ni respaldo.
A su vez, la situación se agrava por la falta de vivienda. “Soy sostén de familia y me están por echar donde estoy alquilando. Me van a derivar a un parador porque no tengo dónde vivir. Estoy desesperada, trabajé toda mi vida. El 31 de diciembre me echaron, me dejaron sin trabajo sin motivo. No tengo ningún ingreso”, agregó la mujer. La amenaza de perder el hogar se suma al peso de las deudas bancarias.
El drama se extiende a la salud de su hija. “Mi hija tiene el CUD (Certificado Único de Discapacidad) y una enfermedad poco frecuente. No tengo a quién pedir, debo a todos los bancos, no puedo pedir plata a nadie ni a nada. No tengo familia”, confesó y dejó ver que la falta de apoyo estatal y la presión financiera convierten cada día en una carrera de supervivencia.
La docente también denunció la falta de cumplimiento de la normativa vigente. “Mi hija tiene un problema y la obra social no tiene en cuenta la Ley 22689 y paga un alojamiento con precios de 2024”, explicó. La desactualización de los montos y la ausencia de cobertura integral profundizan la angustia de quienes dependen de tratamientos costosos.