Oficio e inteligencia, los nuevos atributos de la Selección para aspirar a otra Copa América

Este equipo no da exhibiciones como en Qatar, pero sí sabe cómo ganar. Leyó cómo dañar a Canadá y así lo hizo. El domingo quiere recibirse como el mejor de nuestra historia.

Argentina finalista. Otra vez. La mutación de un equipo que brilla menos pero mantiene su voracidad y gana igual, con oficio y mentalidad. Una Selección que este domingo buscará el bicampeonato continental y otra estrella que lo situé definitivamente como la mejor de la riquísima historia argentina.

Con respecto a Qatar, estamos en presencia de otro tipo de equipo. No tan lúcido, tal vez no tan preciso, con menor volumen de juego, pero con mayor oficio y inteligencia. Y con la misma jerarquía de siempre.

No da exhibiciones, es un equipo de momentos, de jugadas. Igual de brillantes, pero menores en cantidad. Pero sigue siendo un conjunto ganador, que sabe leer los partidos y cómo ganarlos.

Una mutación que, para algunos, puede ser peligrosa, pero muestra otra faceta. No siempre se puede jugar en un nivel tan alto. A veces hay que saber ganar, dónde y cómo hacer daño, cuándo acelerar y cuándo frenar, cuándo defender y cuándo atacar, cuándo jugar y cuándo frenar el ritmo.

¿Te acordás de la Selección de básquet del 2002? Tal vez no hubo otra igual a nivel juego. Sí, la de Indianápolis te asfixiaba uy volaba, era todo ímpetu, juventud, agresividad, velocidad. Apabulló a todos en el Mundial y no fue campeón porque los árbitros le robaron el título y le faltó el oficio para liquidar a una experimentada Yugoslavia. En 2004 el equipo no vapuleó rivales, tuvo irregularidades, pero logró el máximo hito de la historia: el oro olímpico. Porque aprendió a ganar de otra forma.

Esta Selección parece estar siguiendo un camino similar. Canadá fue un rival tan peligroso como ingenuo. Y Argentina supo cómo ganarle. Debía tener paciencia hasta meter ese pase filtrado, ante un rival que presionaba y jugaba con bloque alto. Cuando llegó el pase exquisito de De Paul, todo empezó a terminarse. Luego fue un monólogo ante un equipo que ya no tuvo la frescura, la verticalidad de antes.

Canadá es un equipo moderno. Con siete afroamericanos, hizo gala de su capacidad atlética, de sus transiciones rápidas, de su verticalidad. Pero Argentina tuvo acertados regresos a defensa, contuvo esos arranques y esperó su momento. Que llegó una y dos veces. Y varias más, también. Argentina, luego, puso el partido en el freezer. Jugó hasta donde quiso, luego ya no más. Puro oficio de un equipo que sabe ganar.

Con estos intangibles le alcanzó, como en el 1-0 de la fase de grupos. Canadá amenazó pero para ganarle a esta Argentina necesitás mucho más. Necesitás juego, mentalidad y oficio. El domingo, ante un rival de otro status, se vendrá el nuevo desafía de los muchachos de los Lioneles. Nada menos que en el último partido de Di María. Que haya exhibición o triunfo con oficio. Este equipo puede hacerlo de distintas formas.

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