En medio del espíritu del Mundial 2026, los recuerdos de las estrellas que tiene la Selección argentina invitan a repasar su historia. Mientras que las conquistas de México 1986 y Qatar 2022 se celebran con orgullo, la primera Copa del Mundo, el 25 de junio de 1978 tras vencer 3-1 a Países Bajos (Holanda), en el Estadio Monumental de River, está teñida por una de las épocas más oscuras del país.
Mundial 1978 y dictadura militar: la historia detrás del primer campeonato de la Selección argentina
A pesar de la alegría deportiva, el Mundial 1978 en Argentina estuvo marcado por el horror de la dictadura, la censura y la manipulación mediática. En medio de las tareas de ocultamiento de los crímenes de lesa humanidad del terrorismo de Estado, la llegada de la prensa internacional sirvió para que las Madres de Plaza de Mayo alzaran su voz ante el mundo.
Era un domingo frío y gris, casi como una metáfora de la Argentina de entonces. A lo largo y a lo ancho del país veinticinco millones de argentinoos jugaron el Mundial. Los papelitos en la cancha fueron parte del rechazo a los militares que querían un evento prolijo, sin desmadres y donde triunfara el orden. El relator oficial de la dictadura, José María Muñoz, hizo intensas campañas en la radio y televisión pidiendo que la gente no tirara papeles a la cancha para "dar una imagen de limpieza e higiene al mundo".
El Mundial de Fútbol de Argentina 1978 se inauguró formalmente el jueves 1 de junio (con el partido entre Alemania Federal y Polonia). El viernes 2 de junio la Selección Argentina debutó contra Hungría en el Estadio Monumental. En la tira cómica Clemente, del humorista gráfico fallecido Caloi (Carlos Loiseau), el personaje remata diciendo: "Ah!... y no se olvide de yevar papelitos", frase que marcó la resistencia cultural.
"Los cantitos y los papelitos, era el decir ‘presente’ de la gente. Lo cual se convirtió en una guerra simbólica”, recordó Caloi en una de sus últimas entrevistas. La caricatura, un pájaro amarillo sin brazos, amante del fútbol y las aceitunas, aparecía en la contratapa de Clarín, como una pequeña victoria contra los intentos de censura militar y pese a que prevalecían los "no va" del jefe de redacción, Joaquín Morales Solá.
Henry Kissinger fue el invitado de honor de la dictadura militar durante el Mundial de 1978. El exsecretario de Estado estadounidense hasta 1977 dio un fuerte respaldo político internacional al dictador Jorge Rafael Videla. "Kissinger fue el autor intelectual de los golpes en América Latina (Plan Cóndor). Fue quien sugirió a los militares contratar a la consultora norteamericana Burson-Marsteller", detalla Felipe Pigna sobre los entretelones del Mundial '78. El informe de esta empresa concluyó que el Mundial era una oportunidad única para presentar al mundo una imagen positiva del país y de su gente. El historiador sostiene que los medios masivos como la revista El Gráfico de Editorial Atlántida -que vendía 500.000 ejemplares semanales- actuaron más allá de la complicidad, adelantándose a lo que quería la dictadura.
La transmisión del partido de fútbol se realizó en color a todo el mundo, pero en Argentina se vio en blanco y negro, excepto en algunas provincias, y algunos partidos de la segunda ronda, y la final, que se transmitió en color por Canal 7. Mientras en el Estadio Monumental apareció el “cartel de ¡tiren papelitos, muchachos!” en el tablero electrónico, Mario Alberto Kempes marcaba el 2 a 1. Iban 14 minutos del primer tiempo suplementario, se encaminaba la victoria.
Cuando llegó el silbatazo final, la Argentina se coronó con un 3 a 1. Los parlantes oficiales lanzaban frases como “la unión de los argentinos” y otra propaganda militar para esconder la represión, la censura y la muerte, pero la gente entonaba cantitos y tiraba papelitos, que contarían otra historia.
Mundial '78: "Los argentinos somos derechos y humanos"
El lema oficial de la Copa del Mundo Argentina 78 fue "Los argentinos somos derechos y humanos", una cortina de humo que la Junta militar integrada por Jorge Rafael Videla al mando del Ejército, quien también ejercía como presidente de facto, Emilio Eduardo Massera al frente de la Marina y Orlando Ramón Agosti en la Fuerza Aérea, utilizó para dar una imagen de paz y orden de cara al mundo. Mientras en los estadios se gritaban los goles de la Selección argentina, a pocas cuadras se consumaba el terrorismo de Estado.
El Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78), controlado por la Marina de Massera, manejó presupuestos sin control, que se estima entre 500 millones y 700 millones de dólares, el doble de lo que gastó España en 1982 con muchas más obras. En paralelo, el gobierno de facto llevaba a cabo un feroz ajuste.
Hubo seis sedes distribuidas en cuatro provincias argentinas que estuvieron rodeadas de Centros Clandestinos de Detención (CCD) donde se mantuvieron cautivas a víctimas de la dictadura militar antes, durante y después del certamen. El Ente Autárquico Mundial (EAM) reformó los estadios de River y Vélez Sarsfield en la Ciudad y el de Rosario Central, en Santa Fe, y ordenó la construcción de otros tres: el estadio José María Minella, en Mar del Plata; el Malvinas Argentinas, en la ciudad de Mendoza, y el Chateau Carreras, en Córdoba.
En Buenos Aires, a metros del Estadio Monumental, funcionó la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros clandestinos más grandes del Estado terrorista, y a pocos kilómetros del Estadio José Amalfitani del Club Atlético Vélez Sarsfield operaban el Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea (GADA E101) en Tres de Febrero, Automotores Orletti y El Olimpo. Además, el Estadio José María Minella de Mar del Plata, estaba a unas 20 cuadras de al menos cuatro centros clandestinos: el Cuartel de Bomberos, la sede de la Prefectura Naval, la Brigada de Investigaciones y la Comisaría IV.
En Mendoza, el Estadio Malvinas Argentinas estaba a solo cuatro kilómetros del D2 (Dirección de Investigaciones de la Policía local), el principal centro clandestino de detención y exterminio de la provincia.
En Córdoba, El Estadio Mario Alberto Kempes estaba cercano a la ex Dirección de Investigaciones de la Policía provincial y de un lugar conocido como "la casita", ubicada cerca de la autopista construida para el Mundial, en la provincia donde funcionó el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) "La Perla".
En Santa Fe, el Estadio Gigante de Arroyito tenía al CCDTyE "La Calamita". Este centro funcionó en una casa quinta denominada "La Buena Vista", que fue entregada por la dirigencia del club Rosario Central a la dictadura a cambio de que su estadio fuera elegido como sede, según detalla Ailín Bullentini en la web Papelitos.com.ar sobre historias del Mundial en dictadura.
La primera Copa Mundial del '78 epresenta una de las páginas más contradictorias de la historia argentina: una jornada de genuina alegría y desahogo colectivo por la gesta deportiva, pero atravesada por la tragedia política de la época.
El "lado B" desde el cautiverio: La voz de las víctimas
La cara más oscura de ese Mundial se vivió en la ESMA, ubicada a solo metros del Monumental de River Plate. La periodista Miriam Lewin, recuerda la "profunda angustia" de escuchar los gritos de gol que el viento traía desde la cancha mientras sus compañeros eran torturados o asesinados.
"El día que se ganó la final, subieron a varios a diferentes autos (obviamente, todos los oficiales de la marina estaban armados) y salimos y nos integramos a esa marea celeste y blanca. La gente estaba parada arriba de los techos de los autos, llorando, abrazándose. Nos fuimos hacia Avenida del Libertador y creo que nos llevaron a una pizzería en una esquina de la Avenida Maipú... Yo pensaba: si no se dan cuenta de que nosotros estamos secuestrados, si no se dan cuenta de que mataron a todos nuestros compañeros, los militares se van a quedar 40 años más en el poder", recuerda la militante de la JUP (Juventud Universitaria Peronista) y posteriormente de Montoneros.
Lewin resaltó en el sitio Memoria Abierta la marca que dejó la dictadura: "Era una sensación de profunda desolación, de profunda angustia. No puedo evitar, 40 años después, que la proximidad de cada mundial me angustie. Ya sea en Moscú, en París o en Estados Unidos, siempre la Copa del Mundo me da una tremenda sensación de tristeza y revive toda la angustia que sentí en ese momento". La sobreviviente de la ESMA fue una de las cientos de víctimas que declararon en el histórico juicio a la Junta Militar, en democracia, durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
El fútbol bajo sospecha
En lo deportivo, el Mundial '78 estuvo teñido de sospechas políticas: la mayor sombra se concentró en la noche del 21 de junio en Rosario cuando el equipo dirigido por César Luis Menotti enfrentó a Perú. Para clasificar a la final, la Albiceleste no solo necesitaba ganar, sino hacerlo por una diferencia de cuatro goles o más, una tarea casi imposible según los analistas deportivos por el nivel de las selecciones en esa instancia. El resultado final fue un contundente e histórico 6-0 que despertó sospechas a nivel global.
El resultado fue objeto de investigaciones sobre presuntos sobornos, incluyendo la entrega de 35.000 toneladas de granos y créditos millonarios al país vecino. Aunque sin pruebas definitivas de la "compra" del partido, se sabe que la Junta Militar ejerció una fuerte presión política, llegando a visitar el vestuario peruano.
La voz de las Madres de Plaza de Mayo ante la prensa extranjera
La cobertura del Mundial de Fútbol de 1978 atrajo una llegada masiva de medios internacionales que se convirtió en una oportunidad clave para romper el cerco informativo impuesto por la dictadura militar. Las Madres de Plaza de Mayo se acercaron a los corresponsales extranjeros para denunciar la desaparición forzada de sus hijos, logrando burlar la censura del régimen cívico-militar y visibilizar su drama ante el mundo.
Los cronistas europeos y la televisión holandesa fueron aliados importantes para registrar y contar la lucha por los derechos humanos en medio del campeonato deportivo; muchos de ellos fueron amenazados de muerte por los agentes de inteligencia que operaban a pocas cuadras de la ESMA.
Jan van der Putten es el periodista neerlandés que realizó la histórica primera entrevista audiovisual a las Madres en la plaza. Al ser el único del equipo de televisión que hablaba español, sirvió de nexo para darles la voz que necesitaban en una situación que calificó como "de vida o muerte".
Frits Barend es el corresponsal de Holanda que documentó las rondas de los jueves. En una entrevista exclusiva con Página/12 en 2023, recordó la emoción de aquellos primeros cinco minutos en los que las Madres se acercaron preguntando: "¿Dónde está mi hijo, dónde está mi marido? Están desaparecidos".
También llegaron a Argentina corresponsales de cadenas francesas, británicas y de otros países europeos que estuvieron en la Plaza para documentar las marchas y cuestionar a los genocidas.
El cruce con Videla
Durante la cena de clausura del Mundial '78, el periodista Frits Barend logró infiltrarse en el evento oficial junto a su fotógrafo, haciéndose pasar por un jugador de la Selección de los Países Bajos. Enfrentó a Videla después de felicitarlo por el triunfo deportivo, y le preguntó sobre el paradero de las personas desaparecidas. Ante la contundente respuesta del genocida, que aseguró que se trataba de "mentiras", el periodista lo confrontó y sostuvo: "No son mentiras. El primer día del Mundial fui a Plaza de Mayo, hablé con mujeres, con Madres. He visto sus ojos, es la verdad". El diálogo tenso se extendió por más de cinco minutos hasta que el personal de seguridad expulsó al cronista del lugar por orden del dictador.
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