Luciano De Cecco, una de las figuras de la Selección de vóley y medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio, se convirtió en uno de los íconos del cuidado en la salud mental después de haber admitido que sufrió estrés postraumático derivado en depresión en 2021, luego de uno de los logros más importantes del deporte argentino en la historia.
Si bien cumplir logros deportivos trae aparejadas sensaciones de alegría y satisfacción, en muchas ocasiones, y producto de la presión, pueden dispararse síntomas negativos que afectan fuertemente al rendimiento y sobre todo, a la cabeza y al cuerpo.
De Cecco, en una charla con Clank de julio del año pasado, había reconocido trastornos del sueño y falta de disfrute en el vóley en 2021, lo que generó mucha preocupación en su entrenador y también de sus compañeros de equipo en Italia. Sin embargo, él nunca había dejado de dedicarse al vóley, su trabajo, por lo que decidió blanquear su situación recién después de ganado la Champions y la Coppa Italia con Lube Cvitanova.
“He tenido pensamientos suicidas, hasta me compré unas pastillas por si acaso. Llegué a tocar el punto más bajo. Las tengo todavía en mi casa, nunca las voy a tocar, ahora me mudé y las puse en una caja pero me las llevo. Me hacen dar cuenta de cuánto valoro la vida, me hacen tratar de dar cuenta de que donde estuve no voy a volver a estar. Pero las voy a tirar", había dicho Luciano en aquel entonces. Había puesto sobre la mesa esos temas de los que nadie habla y prefieren esquivar.
Luciano De Cecco 2
De Cecco en el último Mundial, el sexto de su cuenta personal.
FEVA
Poco más de un año después de esa charla y, casi cuatro del episodio, el armador argentino dialogó con C5N y contó lo que hizo finalmente con esas pastillas: "Se perdieron en alguna mudanza, pero las hubiera tirado de igual manera. Habrán quedado en el camino".
El ahora jugador del KS Norwid Czestochowa de Polonia, equipo al que se incorporó en julio tras su paso por Ferro, reconoció que esas píldoras eran "un recuerdo viviente para no olvidarme de lo que había pasado, era una motivación para salir". A la misma vez aclaró que "después de esas veces nunca más por la cabeza querer hacer algo" y agregó: "Espero no tener que volver a comprarme eso nunca más".
En aquel entonces, el emblema de la Selección admitió haber recurrido a videos por fuera de terapias tradicionales, porque según él, "no era lo que necesitaba".
De Cecco, hoy con 37 años, fue hacia atrás recorriendo esos sinuosos capítulos de su vida y volvió a ponerse en la piel de aquel hombre que estaba desbordado, que no encontraba soluciones y solo quería estar bien: "Si te sentís mal, querés respuesta rápido y muchos profesionales te invitan a transitar un camino, con citas de autoayuda o enseñanzas para ir de a poco. Cuando estás en ese camino que ves todo negro, no te sirve en lo absoluto. Y yo necesitaba salir rápido".
Su rescate llegó a través de charlas con una jugadora de vóley, de quien aprendió tips para poder disfrutar un poco más al entorno y no pensar únicamente en el deporte, sus presiones y sus dificultades.
De Cecco Tokyo
De Cecco, partícipe necesario para el bronce de Tokyo 2020.
Y después se vino París. Allí Argentina, que llegaba como equipo medallista de bronce, quedó afuera en fase de grupos. Luciano comentó que encaró el torneo sin las presiones que lo abordaron en Tokio, sin soslayar el contexto de pandemia de Covid de por medio: "Competir en París fue normal, lo viví con naturalidad y sin presión porque la presión pasaba por otro lado. Ese Juego Olímpico lo tomé para disfrutar yo y para dejar a la Selección lo más alto posible, los objetivos de siempre".
Luego de varias temporadas en el exterior y de un paso fugaz en un semestre de 2023 en Ferro, regresó al país tras su paso por el Modena de Italia. El equipo de Caballito lo esperaba nuevamente para disputar el Torneo Metropolitano de División de Honor. Sobre los motivos que lo llevaron a tomar la decisión, uno de los mejores armadores del mundo se expresó sin rodeos y sostuvo que "es trabajo". Y en cuanto a su vuelta a la Selección, a la cual retornó luego de un año de ausencia, admitió que lo hizo porque se sintió en la necesidad "de seguir con el legado que construimos durante tanto tiempo. Representar al país y jugar acá, el estar con mi familia y amigos durante el año, me hizo matar varios pájaros de un tiro".
A su manera, a su forma, armando y desarmando (justamente), Luciano se dio otra oportunidad. Tras haber atravesado por una etapa que lo llevó a pasear por los rincones más oscuros de sí mismo, hoy decidió no volver nunca más a ellos. Hoy todos esos fantasmas se convirtieron en una oportunidad para aprender sobre la vida y dejar una poderosa enseñanza.
"Aprendí que todos somos humanos, que todos nos divertimos, pero también sufrimos. Tenemos emociones como cualquiera", comentó. Pero hoy, a la distancia, intentó desdramatizar y valorar lo vivido para mirar hacia el futuro: "Al fin y al cabo somos uno más, no es nada del otro mundo lo que nos pasa y todo tiene solución. Creo que son experiencias que te ayudan a madurar, a entender y a disfrutar de la vida más que antes".
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