El grupo de amigos en San Rafael, Mendoza, cuando visitaron la casa de Mauro.
Para conocer otra faceta de Emiliano Sala hay que remontarse a sus primeros años, cuando todavía era un chico que creció en Santa Fe y viajó a Progreso, Córdoba, porque soñaba con jugar al fútbol.
Alan lo recuerda como una persona tímida, reservada y muy sencilla, que no buscaba sobresalir. Sin embargo, su personalidad cambiaba cuando entraba a una cancha. "Era muy, muy, pero muy sencillo, muy humilde. La verdad que un chico que pasaba totalmente desapercibido hasta que entraba a la cancha, obviamente", recordó.
En Proyecto Crecer, los jóvenes llevaban una rutina exigente. Se levantaban temprano para entrenar, almorzaban en la pensión, asistían a la escuela y por la tarde regresaban al club para continuar con su preparación física. Los sábados eran días de competencia, mientras que los domingos algunos podían regresar a sus casas. Pero para los que vivían más lejos, las visitas familiares no eran muy frecuentes, entonces pasaban las horas jugando a las cartas y tomando mate. "Era como una familia", resumió.
Pese a las diferencias de cualquier adolescente, había algo que los unía: todos soñaban con convertirse en futbolistas profesionales y se alentaban mutuamente para conseguirlo. En ese contexto, Alan recordó una tarde en la que Emiliano habló sobre las dificultades que enfrentaba para cumplir ese sueño, porque tenía claro que el camino para convertirse en futbolista profesional no era fácil.
La cocina de la pensión. Emiliano Sala durante su estadía en la pensión de Proyecto Crecer, San Francisco, Córdoba.
Durante sus últimos años en Argentina, Emiliano comenzó a viajar al exterior para realizar distintas pruebas en clubes. Sin embargo, las oportunidades no terminaban de concretarse y la incertidumbre empezaba a afectarlo. Hubo un momento en el que Sala se cansó de intentarlo. "En medio de todo ese proceso hubo un momento en el que Emi dijo 'ya está, me cansé, no quiero ser más jugador, me quiero ir a mi casa'", contó.
"¿Cómo te vas a ir vos? ¿Cómo no vas a querer jugar más? Si sos el mejor de todos y sos el que más cerca estás", recordó Alan sobre lo que le dijeron para convencerlo de continuar. Finalmente, Emiliano decidió tomar el consejo y continuó intentándolo. Con el tiempo consiguió establecerse en Francia, donde desarrolló su carrera profesional.
"Logró dar el salto al fútbol europeo sin pasar por ningún club de AFA. Pudo cumplir el sueño de todos los chicos del interior de pasar directamente de un club del interior, de una liga regional común, a Francia. Con contrato", destacó Guillermo Di Meola, presidente del club Proyecto Crecer.
El amigo que nunca se olvidó de sus raíces
A medida que Emiliano avanzaba en su carrera, sus responsabilidades crecían: vivía solo en Francia, lejos de su familia y de sus amigos, y debía adaptarse a las exigencias de ser futbolista profesional. Sin embargo, Alan aseguró que nunca dejó de estar pendiente de las personas que lo acompañaron desde sus comienzos.
"Cada vez que teníamos un problema o nos pasaba algo y lo contábamos, él siempre ahí atento, te mandaba un mensaje todos los días. Emi para nosotros era un pilar", recordó.
"Como que nosotros no nos dábamos cuenta de quién era él. Como que él seguía siendo nuestro amigo de la pensión. Y bueno, cada vez que teníamos un problema o nos pasaba algo y lo contábamos, te mandaba un mensaje todos los días y veía como resolverlo. Jugando era un animal y en lo humano era mucho más grande todavía para nosotros", agregó.
"A Emi le gustaba porque acá, en Argentina, él pasaba desapercibido en ese momento, no tenía la fama que después tuvo años más tarde", explicó su amigo.
Entre tantos recuerdos, hay uno que todavía provoca risas entre sus amigos. Ocurrió durante uno de los últimos viaje que hizo a Córdoba, después de una salida a un boliche. Aquella noche, Emiliano decidió regresar antes que el resto al departamento donde se estaban alojando. Sin embargo, cuando bajó del taxi, un ladrón le arrebató el celular que tenía en la mano.
Lo que el delincuente no esperaba era encontrarse con un futbolista profesional y que tenía una gran capacidad física: "Cuando hizo 5 metros, él lo corrió, lo alcanzó y le metió un patadón de atrás y voló teléfono, voló chorro, voló todo", relató Alan entre risas.
Emiliano logró recuperar su teléfono y, cuando les contó lo sucedido a sus amigos, la situación terminó convirtiéndose en una de esas anécdotas que recordarían durante años. "Hasta el día de hoy con los chicos nos reímos de eso", aseguró.
Emiliano Sala junto a su grupo de amigos.
El 21 de enero de 2019, Emiliano Sala viajaba en una avioneta desde Nantes, Francia, hacia Cardiff, Gales, donde debía incorporarse a su nuevo club. Sin embargo, el avión desapareció mientras sobrevolaba el canal de la Mancha. Horas antes, el futbolista había estado conversando con sus amigos a través del grupo de WhatsApp que compartían desde hacía años. Alan recordó que el famoso audio que luego se conoció públicamente había sido enviado justamente a ese grupo. "Nosotros estábamos hablando justo y él manda ese audio y nosotros seguimos hablando", relató.
Como Emiliano viajaba constantemente y existía una diferencia horaria entre Europa y Argentina, que dejara de responder los mensajes no les llamó la atención. La noticia que nunca hubiera querido recibir llegó a la mañana siguiente. Boschero estaba por levantarse para ir a trabajar cuando el padre de su novia llamó para pedirles que encendieran la televisión. Fue entonces cuando se enteró de que el avión en el que viajaba su amigo estaba desaparecido. "La verdad que fue terrible, de los momentos más feos", recordó.
Inmediatamente se comunicó con Darío, el hermano de Emiliano, y con Mauro y Nicolás, sus amigos de la adolescencia. Los tres comenzaron a organizarse para viajar hasta Progreso y acompañar a la familia.
El viaje a Inglaterra y la desesperada búsqueda de Emiliano Sala
Cuando Alan y sus amigos llegaron a la casa donde vivía la familia de Emiliano, se encontraron con una situación que todavía recuerda con dolor. Había periodistas, vecinos y personas que se acercaban, mientras la familia atravesaba horas de incertidumbre.
La madre del futbolista estaba profundamente afectada y su hermana Romina ya había viajado a Inglaterra. Sin embargo, la situación se volvió todavía más desesperante cuando las autoridades británicas decidieron suspender la búsqueda oficial. "Y bueno, no teníamos nada, no sabíamos nada. Y no podía quedar así", recordó Alan.
Fue entonces cuando los amigos comenzaron a evaluar la posibilidad de viajar a Europa para colaborar con la búsqueda. Tras hablar con la madre de Emiliano y realizar distintas gestiones con sus representantes, finalmente emprendieron el viaje. Salieron de Progreso durante la madrugada rumbo a Buenos Aires y desde allí tomaron un avión hacia París, donde recibieron asistencia del consulado argentino. Después continuaron hacia Inglaterra y llegaron a Cardiff.
Pero uno de los momentos más difíciles ocurrió cuando viajaron a la isla de Jersey, cerca de la zona donde se había perdido el último contacto con la aeronave. "Las condiciones climáticas eran muy complicadas. Había viento, frío y llovizna", recordó Alan, y agregó que desde el aeropuerto se podía observar la inmensidad del canal de la Mancha y comenzaron a tomar verdadera dimensión de lo que había ocurrido.
"Nos miramos todos y nuestra cara como que... No sé, la ilusión de que pasara un milagro y de que lo encontráramos, de que le pudiéramos dar un abrazo y traerlo, como que desapareció en el instante que bajamos del avión", relató.
Durante los días siguientes recorrieron distintos lugares e intentaron conseguir información. Alan admitió que no recuerda cuánto tiempo permanecieron allí. Los días se mezclaban por la falta de sueño, las llamadas y la incertidumbre sobre el paradero de su amigo. "Fueron muchos días donde se durmió poco", recordó.
A casi ocho años de su muerte, Alan y sus amigos continúan en contacto. Aunque ya no organizan aquellos viajes por año con la misma frecuencia, siguen encontrando ocasiones para reunirse y recordar las experiencias que compartieron. Para ellos, Emiliano nunca dejó de ser aquel adolescente que conocieron en una pensión de Córdoba, con quien compartieron entrenamientos, sueños y buena parte de su juventud.
Su carrera lo llevó a Europa y lo convirtió en un futbolista de las grandes ligas, pero entre sus amigos siguió siendo simplemente Emi. "Por momentos nosotros no teníamos la dimensión de lo que él era realmente", expresó.
Y aunque su ausencia todavía se siente en cada encuentro o mensaje, sus amigos prefieren recordarlo por todo lo que vivieron juntos, por las anécdotas que siguen contando entre risas y, especialmente, por la persona que fue afuera de la cancha.