El martes 14 de septiembre de 2004 comenzó como una jornada habitual en el predio que la Asociación del Fútbol Argentino posee en Ezeiza, pero terminó convertida en una de las páginas más desconcertantes de la historia del deporte nacional. Apenas dos semanas después de haberse colgado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas y a diez días de lograr un triunfo contundente por 3-1 frente a Perú en Lima por las Eliminatorias Sudamericanas, Marcelo Alberto Bielsa, sí, "El Loco", convocaba a una conferencia de prensa de urgencia para anunciar lo impensado: su renuncia irrevocable como entrenador de la Selección argentina. A 22 años de la crisis energética del DT que llegó a dividir un país, recordamos la partida de la Albiceleste del rosarino más cuerdo de todos.
La noticia cayó como una bomba de estruendo en la opinión pública y en los pasillos de la AFA. En un ámbito caracterizado por la especulación y las disputas de poder, la postura de Bielsa, el de "la nobleza de los recursos utilizados" descolocó a propios y ajenos. Hasta ese momento y desde 1974, Argentina había tenido apenas cinco técnicos en 30 años: César Luis Menotti desde 1974 a 1982; Carlos Salvador Bilardo, 1983-1990; Alfio Basile, 1991-1994; Daniel Passarella, 1994-1998); y Bielsa, desde 1999. Don Julio Grondona, el mandamás, celebraba los contratos y los cumplía.
Frente a decenas de micrófonos y grabadores, con su habitual semblante y la mirada fija en los papeles que apoyaba sobre la mesa, el entrenador rosarino pronunció una frase que quedaría grabada a fuego en el diccionario del fútbol sudamericano: “Confirmo mi renuncia. Los motivos son simples, sencillos. La dimensión del trabajo a realizar no permite este tipo de ausencias a la energía me refiero, así que me desligué de este trabajo. Una persona para ser decente tiene que ofrecerle a la tarea la energía que reclama. El desgano presagia tempestades si uno no lo resuelve. Cuando vi que el desgano estaba instalado, tomé la decisión”. Un Bielsa auténtico.
Aquel ida y vuelta de 71 minutos con la prensa no fue una simple despedida protocolar, sino un ejercicio de honestidad intelectual que dejó atónita a la sala de prensa. Bielsa explicó: "Terminaron los Juegos y percibí las Eliminatorias encarriladas, no resuelta, pero me pareció éste el momento ideal. Quedan dos partidos de local, es un dato a tener en cuenta, y me pareció trasladar la decisión mas adelante no era adecuado. Si las Eliminatorias no eran favorables, no hubiera tomado esta decisión. Las dificultades dan energías. Se ha consolidado una variación en la constitución del plantel, se han reunido dos generaciones. Me parece que una parte de la tarea, que era producir un ensamble de generaciones, se ha completado. El camino de la selección ya está encarrilado".
El fútbol argentino, acostumbrado a los despidos violentos o a los ciclos desgastados por la falta de resultados, asistía en vivo a un hecho inédito: la renuncia de un técnico en el punto más alto de su reconstrucción. Así se inauguraba un ciclo de inestabilidad que se acentuó con la partida de Don Julio: desde entonces y hasta la llegada de Lionel Scaloni, Argentina tuvo ocho técnicos en 14 años: José Pekerman desde 2004 a 2006; Alfio Basile, 2006-08; Diego Maradona, 2008-2010; Sergio Batista, 2010-11; Alejandro Sabella, 2011-2014; Gerardo Martino, 2014-2016; Edgardo Bauza, 2016-17; y Jorge Sampaoli, 2017-18.
El Loco reunió a la prensa y estuvo más de una hora explicando su renuncia a la Selección nacional.
Del abismo de Corea-Japón al renacer olímpico
Para comprender la magnitud de aquel portazo en septiembre de 2004, es imprescindible rebobinar la cinta hacia el colapso ocurrido dos años antes en el Mundial de Corea-Japón 2002, en el fracaso más grande de una Selección argentina en una Copa del Mundo, sólo comparada con el "Desastre de Suecia" en 1958. La Albiceleste había arribado a tierras asiáticas como la máxima favorita tras arrasar en las Eliminatorias con un andar demoledor (récord nacional con 43 puntos). Sin embargo, la eliminación en primera fase significó una herida imposible de sanar para el orgullo futbolístico de un país castigado además por una profunda crisis socioeconómica.
¿Batistuta o Crespo? El dilema de Bielsa que terminó marcando su ciclo de por vida.
En lugar de ceder ante la presión popular y mediática que exigía la cabeza del entrenador, el presidente de la AFA, Julio Humberto Grondona, optó por ratificar a Bielsa en el cargo. Fue una decisión a contramano del clamor popular. Bielsa asumió la responsabilidad del fracaso, se recluyó en su Máximo Paz natal para procesar el dolor y regresó con la premisa de encarar una profunda renovación generacional que incluyera a jóvenes talentos como Carlos Tevez, Javier Mascherano, Lucho González y Andrés D'Alessandro.
El camino de la redención no estuvo exento de espinas. En julio de 2004, la Argentina de Bielsa exhibió un nivel superlativo en la Copa América disputada en Perú, pero el título se le escapó de las manos en el último minuto de la final ante Brasil en un desenlace dramático que se definió por penales. Pese al golpe, el grupo no se desmoronó y mantuvo la convicción táctica.
El Piojo López yace desconsolado en el Miyagi Stadium en Japón: Argentina empataba 1-1 con Suecia y quedaba eliminada en primera ronda.
La revancha llegó de inmediato en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Con un andar implacable -seis victorias en seis partidos, 17 goles a favor y ninguno en contra-, el seleccionado Sub-23 conducido por Bielsa obtuvo la medalla dorada el 28 de agosto, conquistando el único título oficial que le faltaba a las vitrinas del fútbol argentino. Un equipo made in Loco que salía de memoria y se repitió en todos los partidos: Germán Lux; Fabricio Coloccini, Roberto Ayala, Gabriel Heinze; “Lucho” González, Javier Mascherano, “Kily” González, Andrés D'Alessandro; Carlos Tevez, Mauro Rosales y César Delgado. La reconciliación entre el equipo y la gente parecía sellada, y el camino rumbo al Mundial de Alemania 2006 lucía despejado. Por eso mismo, el vaciamiento energético confesado pocos días después resultó tan indescifrable.
Bielsa y el campeón olímpico: una Selección que llevó su firma indeleble.
La exigencia extrema, la autocrítica permanente y las convicciones que lo llevaron a dar un paso al costado
Fidel a su estilo minucioso y transparente, Bielsa se encargó de desmontar cada una de las hipótesis conspirativas que la prensa intentó tejer durante la tarde de su renuncia. Se especuló con enfrentamientos dirigenciales, con presiones por la cesión de futbolistas que militaban en Europa -como Juan Sebastián Verón o Pablo Aimar- e incluso con desacuerdos económicos con la conducción de la AFA. El entrenador descartó categóricamente cada uno de esos rumores.
"No me voy molesto con nadie, porque siempre tuve todo al mando de este equipo. No tuve ningún problema puntual con nada ni con nadie, lo que necesité lo tuve", aseveró con contundencia. Bielsa entendía que el nivel de autoexigencia que imponía a sus colaboradores y futbolistas requería una fuerza motora impecable. "No me siento dolorido, porque es una decisión que reclama el interior personal. Siento que tenía que hacerlo, era una demanda interna y actué en función de eso. No es decente mantenerse en un sitio cuando no tiene para ofrecerle a la tarea las energías necesarias. Actué en función de eso", continuó.
Lo importante no es ganar o perder, sino la nobleza de los recursos utilizados Lo importante no es ganar o perder, sino la nobleza de los recursos utilizados
Julio Grondona, sorprendido por la determinación pero imposibilitado de torcer la voluntad del DT, debió aceptar la renuncia y salir al cruce de las versiones confirmando que la decisión obedecía estrictamente al desgaste del proceso: "Es entendible", espetó el ferretero de Sarandí. El máximo dirigente del fútbol argentino comprendió que no había margen para la negociación cuando de la convicción moral de Bielsa se trataba.
La salida del "Loco" abrió una etapa de transición urgente que derivó en la llegada de José Néstor Pekerman, el gran estructurador de los juveniles albicelestes. El experimentado entrenador heredó un plantel físicamente impecable, tácticamente maduro y con una identidad de juego consolidada, bases construidas a lo largo de seis años de trabajo ininterrumpido.
Bielsa y una marca imborrable en la Selección argentina
Las cifras finales del ciclo de Marcelo Bielsa en la Selección argentina dan cuenta de una labor tan intensa como prolífica: había ganado el 79,6% de los puntos que disputó en las eliminatorias para Corea/Japón 2002 y el 62,5% en los ocho partidos que había jugado en el proceso clasificatorio para Alemania 2006. En total, el Loco dirigió 85 cotejos, con 56 triunfos, 18 empates y 11 caídas.
Pero al margen de los números, quedó su legado, ese que no olvidan sus jugadores. “Varias veces (Bielsa) mencionaba a la persona en el interior del país, que su única alegría de la semana iba a ser eso que iba a ver en la televisión y que empezaba dentro de cinco minutos, que era el partido que jugaba la Selección. Uno, en ese momento, que tenés 22 o 23 años, sabe que ese alguien es tu tío, tu abuelo. Esas cosas hacen que uno juegue un partido con la palabra motivación, que encierra muchas cosas”, expresó Pablo Aimar, actual integrante del cuerpo técnico de Argentina, en una nota de FIFA de noviembre de 2023.
La Selección argentina Sub 23 ganó por primera vez la medalla dorada en un JJOO de la mano de Bielsa.
Las palabras de Aimar fueron reafirmadas por un concepto de Gabriel Omar Batistuta: “Me enseñó todo lo que supe después del fútbol”. Bielsa había causado una verdadera revolución en la Selección de Argentina. Su equipo, fiel a su estilo, salía a ser protagonista en todas las canchas. Con la Albiceleste ganó el Preolímpico de CONMEBOL y los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004. Además, logró el 1° puesto en las Eliminatorias CONMEBOL rumbo al Mundial de Corea-Japón 2002 (récord nacional con 43 puntos) y fue finalista de la CONMEBOL Copa América Perú 2004.
El técnico rosarino transformó la metodología de entrenamiento, profesionalizó el análisis de video y promovió una idea de juego vertiginosa, basada en la presión asfixiante, el despliegue por las bandas y el ataque incesante con su 3-3-1-3 ya legendario. Aquel modelo influyó a toda una generación de entrenadores y dejó marcas indelebles en futbolistas que luego se convertirían en referentes del fútbol mundial.
A 22 años de aquella histórica jornada de septiembre de 2004, sobre el cierre de aquella conferencia de prensa, una periodista le preguntó: “¿No es un poco pobre que mañana, por ejemplo, algunos titulares de los diarios digan que el director técnico se fue porque se quedó sin energía?”.
Y se generó un ida y vuelta al estilo del Loco Bielsa que preguntó: “¿Qué me sugiere que invente?”. Ante lo cual, la periodista le dijo: “No sé, un título”. Pero Bielsa respondió que ese era su trabajo y que tenía que maquillar el titular.
Ante la insistencia de la periodista, que repreguntó: “¿Pero usted no imagina, no desearía otro título mejor?”. El Loco respondió: “Grave enfermedad, puede ser. Eso sería más efectivo. Grave enfermedad que le resta energía yo se lo recomiendo. Si ese es el título mañana del diario, yo lo compro”.
Bielsa y momento cumbre en la Selección: la medalla dorada en Atenas 2004.
AP