La industria de los videojuegos crece cada día más y es cada vez más frecuente que estén basados en hechos históricos. Sin embargo, a pesar de la cantidad de títulos populares que han surgido en los últimos años, las licencias artísticas y las posturas políticas hacen que no puedan ser tomados en serio.
Los wargames de la década del '80 fueron los precursores del género: eran juegos de estrategia militar basados, principalmente, en la Segunda Guerra Mundial. Esto dio paso a que el interés por los conflictos bélicos crezca y que siga siendo el principal foco en este tipo de productos.
El desarrollo de Expansive, un simulador de tanques y aviones realizado por el ejército estadounidense, y el Battle Zone, en los '70, fueron los primeros FPS (First Person Shooter), que, más tarde, evolucionaron a varias de las sagas más comercializadas en el mundo, como Battlefield o Call of Duty.
Pero al momento de analizar las representaciones históricas, se deben tener en cuenta factores como la locación o la ideología política. Por ejemplo, la mayoría de los juegos tienen el foco puesto en Estados Unidos o en Europa y los problemas más comunes que se encuentran son la eliminación de la sociedad civil, la exaltación de los valores militares y usos propagandísticos.
Los videojuegos no sirven para aprender historia, ya que no son fieles a los hechos, pero sí pueden ser un buen primer acercamiento para generar interés.