Después de casi 40 años, recuperan del fondo del océano el primer cable transatlántico de fibra óptica

El TAT-8, instalado en 1988, marcó el inicio de la era digital. Será retirado por motivos técnicos y ambientales.

Tras casi 40 años en el fondo del océano, el cable submarino TAT-8 —el primer enlace transatlántico de fibra óptica— se inició su proceso de extracción en el marco de una operación internacional destinada a retirar infraestructura en desuso.

Instalado el 14 de diciembre de 1988 por un consorcio conformado por AT&T, British Telecom y France Telecom, el sistema marcó un antes y un después en la historia de las telecomunicaciones al conectar por primera vez América del Norte y Europa mediante transmisión óptica. Aquella innovación inauguró una nueva era en las comunicaciones globales.

Según informó la revista Wired, la recuperación responde a tres razones centrales: liberar espacio en el lecho marino para futuras instalaciones, gestionar infraestructura obsoleta y recuperar materiales valiosos a través de procesos de reciclaje industrial. En la actualidad, alrededor de 600 cables submarinos de fibra óptica cruzan los océanos y transportan la mayor parte del tráfico digital del planeta.

Aunque hoy se los vincula de manera casi automática con internet, estos cables comenzaron como soporte para llamadas telefónicas internacionales. Con el crecimiento exponencial de la red digital, se transformaron en la columna vertebral de la conectividad intercontinental.

El TAT-8 fue testigo silencioso de profundas transformaciones globales desde fines de la década de 1980: la caída del Muro de Berlín, la expansión de la World Wide Web y el auge del comercio electrónico. Sin embargo, lo que inicialmente se proyectaba como una capacidad suficiente para varios años quedó superado en apenas 18 meses debido al rápido aumento de la demanda. En 2002, un fallo técnico cuyo costo de reparación resultaba elevado puso fin definitivo a su funcionamiento.

La tarea de recuperación está a cargo de Subsea Environmental Services, empresa especializada en el reciclaje de cables submarinos. El buque Maasvliet, equipado con tecnología diésel-eléctrica, se encarga de localizar y extraer los tramos del cable mediante una combinación de técnicas tradicionales y herramientas modernas.

Los equipos trabajan con registros históricos que contienen coordenadas precisas para identificar segmentos, empalmes y repetidores. Para enganchar el cable utilizan un dispositivo conocido como “pez plano”, que desciende hasta el fondo siguiendo la ruta original documentada. Una vez que el anzuelo toma contacto, la tripulación ejecuta la llamada “carrera de corte”, navegando a baja velocidad para asegurar el cable sin dañarlo.

El procedimiento puede prolongarse durante varias horas o incluso un día completo. Cuando finalmente emerge a la superficie, el cable es cortado, enrollado manualmente y almacenado en los tanques del barco. Los repetidores —equipos encargados de amplificar la señal óptica a lo largo de miles de kilómetros— se retiran por separado debido a su considerable peso, que puede superar los 400 kilogramos.