Tras años de espera, una familia de la provincia Santa Cruz cumplió el sueño de la casa propia y su historia fue compartida por miles de personas a través de las redes sociales. Se trata de los Narváez, una familia humilde y trabajadora de Río Gallegos: Mónica trabaja en una cooperativa y Alcides es playero en una estación de servicio desde hace 17 años. Tienen cuatro hijos: Nicolás, Florencia, Nazarena e Ian. Actualmente alquilan una vivienda en el barrio Jorge Newbery y los seis aportan, de diferentes maneras, a una economía familiar en la que nada sobra.
El pasado 5 de agosto, algo cambió: el número de Alcides salió sorteado para acceder a una de las 20 viviendas del Instituto de Desarrollo Urbano y Vivienda (IDUV).
La inscripción comenzó por la salud de Nicolás, que en aquel momento tenía problemas respiratorios. “Nosotros estábamos anotados porque mi hijo, desde chiquito, tenía problemas de salud, no podía estar en lugares húmedos. Y nosotros siempre alquilábamos casas húmedas, era lo más barato, era lo que podíamos”, cuenta Mónica.
Cuando inició el trámite le dijeron que posiblemente debería esperar cuatro o cinco años. “Yo decía: ‘Bueno, mi hijo va a estar cumpliendo los ocho años y voy a tener la casa’”. Pero la casa no llegó. Nicolás, el niño de cuatro años por quien sus padres comenzaron a buscar una vivienda digna, hoy tiene 27 y está sano.
La transmisión anuncia a los ganadores del sorteo.
La historia de los Narváez también refleja la de muchas familias trabajadoras para las que el esfuerzo cotidiano no siempre alcanza para acceder por sus propios medios a una vivienda. Allí, la presencia del Estado resulta fundamental para garantizar oportunidades y hacer efectivo el derecho a una casa digna.
Para los hijos, la carpeta del IDUV, los trámites y la esperanza de la vivienda fueron parte de la historia familiar. También hubo momentos en los que pensaron que el sueño se terminaba, uno especialmente difícil cuando, según recuerda, la familia quedó afuera del proceso porque se extravió su carpeta.
Para Nazarena, la vivienda representa mucho más que dejar de pagar un alquiler. “Es un sueño que siempre tuvimos. Cuando estemos en la casa, lo único que vamos a hacer va a ser disfrutar y, como siempre dijimos, mandarle para adelante”.
Porque en los Narváez la vida siempre se organizó colectivamente. Cuando uno necesitó algo, otro estuvo ahí. Los hijos crecieron colaborando, cuidándose y ayudando en la casa.
“Siempre tratamos, con lo justo, pero de donde sea nosotros siempre la luchamos”, dice. “Cuesta creer que comienza una nueva vida. Yo creo que es un nuevo comienzo”.
El 5 de agosto, el IDUV realizó el sorteo de 20 viviendas en el Salón de Sorteos Antonio Salvatori de Lotería para Obras de Acción Social (LOAS), como parte de un nuevo mecanismo para transparentar el acceso entre las familias que cumplían con los requisitos y habían alcanzado los puntajes establecidos.
Diez de esas viviendas correspondían a postulantes con 50 puntos. Los Narváez estaban en ese primer grupo y Florencia cuenta aquel momento. Ella era la más ansiosa. “Yo ya apenas me levanté estaba: ‘Ay, por favor, por favor’. Empecé uno por uno a levantarlos”.
Ian estaba en la escuela. Mónica trabajando. Frente a la transmisión quedaron Alcides, Florencia y Nicolás. Los números comenzaron a salir y el de ellos no aparecía.
Pero Nicolás estaba siguiendo la transmisión desde su habitación y su celular tenía algunos segundos de adelanto respecto de la pantalla que miraban los demás. Entonces se escuchó un grito. “¡Ganamos, ganamos!”. Nicolás salió corriendo de la habitación. Cuando finalmente vieron el apellido Narváez en la pantalla, “quedamos en shock porque no se podía creer”, recuerda Florencia.
Miles de familia se vieron reflejadas en la historia.
También recuerda, con emoción que durante toda su vida, prácticamente nunca lo había visto llorar a su papá, pero ese día los tres terminaron abrazados y llorando. Después llegaron las lágrimas, los llamados y una sensación que todavía hoy les cuesta transformar en realidad.
La historia trascendió la intimidad familiar después de que Florencia compartiera en redes sociales la felicidad por el resultado del sorteo. La publicación comenzó a recibir comentarios, felicitaciones y muestras de cariño hasta alcanzar una difusión que la familia no esperaba. seguramente muchos se vieron reflejados en esa historia. Florencia lo resume en una frase: “Siempre vamos todos juntos. Así somos los Narváez y la gente nos conoce así”.