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Tuvo un choque y perdió una pierna pero se sobrepuso a un diagnóstico difícil: qué le dijeron

¿Qué hacés cuando el diagnóstico médico es más desalentador que el accidente mismo? Más allá del dolor físico, esta historia se centra en el "después".

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  • La vida puede cambiar en un parpadeo, transformando una rutina cotidiana en un desafío de supervivencia extremo. Esta vez, la historia de un joven que sufrió un grave accidente vial ha conmovido a la opinión pública, no solo por la magnitud del siniestro, sino por la entereza con la que enfrentó la pérdida de una de sus extremidades.

    El choque, que lo dejó al borde de la muerte, fue apenas el comienzo de una batalla mucho más silenciosa y compleja: la de la recuperación física y emocional. Tras despertar de la cirugía de amputación, el protagonista de este relato se encontró con una realidad que parecía sentenciar su futuro. Pero este no fue el caso de Pablo Giesenow.

    Este fue el diagnóstico que recibió el hombre que perdió una pierna y se sobrepuso

    -Pablo Giesenow

    Pablo, un abogado cordobés y apasionado deportista de 37 años, vio su realidad transformada drásticamente durante un viaje solidario. En enero de 2015, mientras conducía hacia Santa Cruz para sorprender a su padre por su cumpleaños, fue víctima del fenómeno de aquaplaning bajo una lluvia torrencial. El accidente fue devastador: el guardarraíl penetró el vehículo, provocando la amputación inmediata de sus dos piernas.

    A pesar de la gravedad y de estar consciente durante el rescate, fue al despertar en terapia intensiva cuando Pablo aceptó con una entereza asombrosa que su situación era irreversible, decidiendo en ese mismo instante no victimizarse.

    El camino de regreso a la autonomía fue su mayor batalla. Tras meses de dependencia total en silla de ruedas y una profunda frustración por la pérdida de independencia, Pablo se aferró a la esperanza al conocer a otras personas que caminaban con prótesis. Lo que los médicos y kinesiólogos pronosticaron como un proceso lento y dependiente de andadores, Pablo lo transformó gracias a su pasado deportivo y a un entrenamiento autogestionado con pesas durante su rehabilitación.

    El día que recibió sus primeras prótesis, desafió todos los diagnósticos: soltó el apoyo técnico y salió caminando por el pasillo ante la mirada incrédula de los especialistas. Su ambición no se detuvo allí; gracias a la ayuda de un ortopedista local que le facilitó prótesis de alta tecnología (similares a las de competición), Pablo volvió a correr, participando hoy en maratones de 10 kilómetros y demostrando que su voluntad fue más fuerte que cualquier limitación física.

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