El otoño y el invierno son época de mandarinas, uno de los cítricos más dulces y populares en Argentina. Aunque suelen consumirse por su rico sabor, su precio económico y su alto contenido de vitamina C, ideal para combatir gripes y resfríos, pocas personas saben que también se puede aprovechar su cáscara.
La clave es no utilizarlas justo después de consumir la fruta, sino secarlas al sol. Este proceso natural es muy sencillo y permite conservar tanto sus propiedades como su aroma. En general demora solo unos días, aunque depende bastante del clima y la humedad que haya en el ambiente.
Antes de secarlas, es importante lavar bien las cáscaras para quitarles todos los residuos y, si es necesario, cortarlas en trozos más pequeños para acelerar el proceso. Hay que colocarlas sobre una superficie limpia o ventilada, como un trapo o bandeja, y dejarlas al sol.
Una vez que estén secas, las cáscaras de mandarina pueden guardarse en un recipiente hermético, preferiblemente en un lugar fresco y oscuro. Son un recurso muy útil para utilizar en la cocina y en otros ambientes del hogar.
Para qué se puede reutilizar la cáscara de mandarina
Después de que se hayan secado al sol, las cáscaras de mandarina pueden reutilizarse de varias maneras.