Sam Suriakumar es un ejemplo de que no debemos subestimar las señales que nos envía el cuerpo
En este caso, el primer síntoma fue la aparición de un olor químico (lavandina) que duraba unos 30 segundos.
Luego, sufrió una convulsión tónico-clónica en el metro, dislocándose el hombro al caer. Los médicos identificaron este olor como un aviso previo a una convulsión.
La resonancia confirmó un tumor cerebral grande con forma de telaraña. Incluyeron rigidez muscular (fase tónica) y sacudidas (fase clónica).
Sam realizó 30 sesiones de radioterapia seguidas de un año de quimioterapia. Concluyó su ciclo de quimioterapia en septiembre de 2024.
Recientemente, un caso clínico se ha vuelto viral tras poner el foco en un síntoma que muchos suelen ignorar. La historia, que comenzó con un paciente sintiendo un persistente olor a quemado donde no había nada, terminó en un consultorio médico con un diagnóstico que lo dejó sin palabras.
Desde la perspectiva médica, sentir olores que no están presentes en el entorno (alucinaciones olfativas) suele ser un indicador de que algo está interfiriendo con las vías de procesamiento del nervio olfativo o con el propio lóbulo temporal. La viralización de este relato ha servido como una advertencia para la población: el olfato es uno de los sentidos más conectados con el sistema nervioso.
Qué le sucedía al hombre que sentía un olor extraño de forma repentina
-Sam Suriakumar - diagnóstico
La historia de Sam Suriakumar, un hombre joven y deportista, comenzó con una señal que inicialmente decidió ignorar: un extraño olor a lavandina que aparecía y desaparecía en cuestión de segundos.
En febrero de 2020, lo que Sam asumió como una simple distracción de su mente era, en realidad, un síntoma neurológico crítico conocido como "aura". Este fenómeno sensorial actuaba como un aviso biológico de una actividad eléctrica anormal en su cerebro, que días más tarde culminaría en una convulsión tónico-clónica generalizada mientras viajaba en el metro de Londres, un episodio tan violento que le provocó la dislocación de un hombro y requirió su traslado urgente en ambulancia.
Tras una serie de estudios, los médicos de Johns Hopkins Medicine explicaron que esas alucinaciones olfativas eran el preludio de las fases de rigidez (tónica) y espasmos (clónica) propios de su condición. Sin embargo, la noticia más impactante llegó tras una resonancia magnética: Sam no solo tenía un tumor cerebral, sino que este presentaba una forma atípica de "telaraña", lo que dificultaba su delimitación.
El diagnóstico, comunicado personalmente por un neurólogo que resultó ser familiar suyo, marcó el inicio de un arduo camino médico que incluyó biopsias, 30 sesiones de radioterapia y un año intenso de quimioterapia, finalizado recién en septiembre de 2024.
El proceso de recuperación fue extremadamente desafiante, con efectos secundarios que le provocaron la pérdida de 20 kilos y un constante malestar físico. A pesar de haber recibido noticias desesperanzadoras sobre el crecimiento del tumor en 2023, Sam logró completar su tratamiento con una mezcla de euforia por el cierre de esa etapa y la lógica ansiedad por el futuro.
Su caso se ha convertido en un testimonio fundamental sobre la importancia de no subestimar los cambios sensoriales repentinos, ya que un simple olor extraño puede ser la clave para detectar a tiempo una patología grave.